¿Desde cuándo tomamos el sol?

Ya iniciado el siglo XX, gracias a los avances de la ciencia, los médicos descubrieron los beneficios terapéuticos que tenían los rayos solares


redacción / la voz

Broncearse en la playa. Un fenómeno hoy de masas más reciente de lo que podríamos imaginar. Y es que tener la tez blanquecina era un símbolo de distinción entre las clases altas. La aristocracia y la realeza huían de los rayos del sol cubriéndose con sombrillas. Eran las clases bajas las encargadas de lucir una piel morena a causa de las largas jornadas de trabajo en el campo bajo el sol. Ya iniciado el siglo XX, gracias a los avances de la ciencia, los médicos descubrieron los beneficios terapéuticos que tenía el sol. Comenzaron a recomendar a sus pacientes tomar baños al sol para hacer frente a numerosas enfermedades, como la anemia, o para el fortalecimiento óseo. Pese a estas indicaciones, la alta sociedad hizo caso omiso y prosiguió resistiéndose a que su piel adquiriera el color ya característico de las clases bajas, a quienes, junto a los enfermos, dejaban reservada esta práctica.

No sería hasta la década de los años 20 cuando la mentalidad cambiase y tomar el sol se convirtiese en una nueva moda. Mucho tuvieron que ver en ese cambio dos mujeres: Coco Chanel y Josephine Baker. La diseñadora ya marcaba tendencia por aquel entonces, y cualquier cosa que hacía o diseñaba se ponía de moda entre la población. La historia cuenta que, tras regresar a París de unas vacaciones en yate por el Mediterráneo, lucía un bronceado que poco tardó en querer ser imitado por su gran número de seguidores. En cuanto a la artista, su apodo habla por sí solo: «La mujer de la piel de caramelo». Baker, que ya había roto todas las barreras convirtiéndose en la primera actriz afroamericana en protagonizar una película, siguió trazando su camino como precursora. En este caso, emulando a la parisina, hizo que muchas mujeres tratasen de imitar su tono natural de piel bronceándose. La piel morena pasó de ser algo repudiado por las clases altas a convertirse en la última moda. Tantos seguidores tuvo esta nueva práctica que, en el año 1927, el diseñador francés Jean Patou lanzó al mercado un complemento ahora indispensable en los días de playa: la primera crema bronceadora.

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