Tsipras ve en los incendios de Mati «el momento más difícil de la legislatura»

Los afectados por el fuego hace dos semanas denuncian la falta de ayudas


lesbos / e. la voz

Las calas ennegrecidas vuelven a poblarse, poco a poco, de sombrillas. Tímidamente, unos pocos vecinos bajan a bañarse y a tomar el sol, en las costas que hace tan solo dos semanas vivieron el peor incendio forestal que ha visto Europa en lo que va de siglo. Ante las cámaras de televisión que apenas han abandonado el lugar desde entonces, los bañistas reconocen que tienen mala conciencia. Pero que la vida debe seguir, aunque no sea posible olvidar.

Un total de 90 muertos han sido contabilizados tras el baile de cifras inicial -dos de ellos sin identificar-, más un desaparecido. Siete personas continúan ingresadas en cuidados intensivos. Las víctimas quedaron atrapadas cuando las llamas, impulsadas por vientos de 120 kilómetros por hora, acorralaron las urbanizaciones que cubren esta zona del litoral, unos 30 kilómetros al noreste de Atenas.

Elia Kalía pertenece a los supervivientes que ahora tratan de rehacer su vida a partir de cero. «Solemos dar por hecho lo que tenemos, pero en realidad podemos perderlo todo en un momento», reflexiona por teléfono esta relaciones públicas de 45 años, vecina de Mati, la localidad más afectada por el incendio.

Aquel día fatídico vio una nube de humo al salir de la oficina. Pasó por casa de sus padres y de su hermano, que aún no se habían dado cuenta del peligro. «Les dije ‘Nos vamos ahora mismo’. Salimos a las 18.15 y a las 18.20 las casas se quemaron», rememora. «Salvé a todo mi barrio. De no ser por mí, se hubieran quemado todos». Sus coches pronto se vieron cercados por las llamas y tuvieron que huir a pie; durante seis horas aguardaron el rescate sumergidos en el agua.

Tras la conmoción y la solidaridad iniciales, durante la última semana el país ha caído en una vorágine de acusaciones cruzadas. Los alcaldes de los municipios afectados culpan a las autoridades regionales. La policía, a los bomberos, y viceversa. El Gobierno del populista Alexis Tsipras intenta esquivar sus responsabilidades y señala a los Ejecutivos anteriores por permitir la proliferación de urbanizaciones ilegales, potenciales ratoneras en caso de incendio. Los supervivientes, por su parte, les achacan a todos ellos de que no llegara a producirse evacuación.

Primeras dimisiones

El primer ministro Alexis Tsipras, curtido en más de una crisis política, ya ha admitido que el desastre marca quizá «el momento más difícil de toda la legislatura». El viernes aceptó la dimisión del ministro de protección civil Nikos Toskas, al que le habían llovido toda clase de críticas por negar que se hubieran cometido errores durante la gestión de la catástrofe. Las familias de dos víctimas mortales han presentado una primera demanda particular contra las autoridades implicadas, acusándolas de homicidio imprudente. Tras los incendios que asolaron Grecia en el año 2007, varios cargos públicos fueron condenados a un total de 70 años de cárcel, aunque no llegaron a entrar en prisión.

Elia y su familia se sienten afortunados por seguir con vida, pero todas sus posesiones, excepto la ropa que llevaban puesta ese día, ardieron en el incendio. No saben por cuánto tiempo se verán abocados a vivir de la hospitalidad de parientes y amigos. La ayuda de 5.000 euros por familia aprobada por el Parlamento, que de momento han solicitado ya más de 2.000 personas, les parece «una auténtica broma», teniendo en cuenta lo que cuesta reconstruir una vivienda.

«Ahora mismo no tenemos futuro», se lamenta. Aun así, mantiene que no se trata de resarcir a los supervivientes, sino de que, incluso después del circo mediático, los gobernantes recuerden la lección para que un crimen así, como lo definen, no se vuelva a repetir. «Que no se olviden de Mati en septiembre, cuando termine el verano», insiste. «Que no olviden a los muertos».

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