El choque con Trump amenaza con llevar a Erdogan y a Turquía a la ruina

El castigo económico de EE.UU. se produce en medio de las tensiones bilaterales


eSTAMBUL / e. lA vOZ

La economía turca vive una situación extrema a causa del aumento de las tensiones entre dos viejos aliados. Donald Trump parece dispuesto a arruinar las pretensiones de poder absoluto de Recep Tayyip Erdogan y, de paso, la economía de Turquía. En respuesta a las virulentas declaraciones de su par otomano denunciando la «guerra económica» contra su país por Washington, al presidente de EE.UU. no le tembló el pulso al lanzar un inusitado castigo a las importaciones de acero y aluminio turco.

La divisa turca sufre pérdidas desde hace años, pero la caída en picado de la lira comenzó la semana pasada tras las sanciones impuestas por Washington a Ankara por su negativa a excarcelar al pastor estadounidense Andrew Craig Brunson, que permanece en una prisión turca desde hace año y medio. Trump ha llegado a calificar de «vergüenza total» la negativa a liberarlo. «Lleva demasiado tiempo como rehén», dijo.

El objetivo de las sanciones fueron los ministros de Justicia e Interior por su papel en el arresto del religioso. La reunión entre altos diplomáticos estadounidenses y turcos el miércoles pasado para reducir las tensiones fracasó estrepitosamente.

Andrew Brunson fue encarcelado en octubre del 2016 por sus vínculos con la red del predicador islamista Fethullah Gülen, al que Ankara achaca el fallido golpe de Estado del 2016, y con la proscrita guerrilla secesionista kurda del PKK. La Fiscalía pide para él hasta 35 años de cárcel.

Este caso ha elevado la tensión de una relación que ya estaba marcada por las discrepancias sobre el apoyo de Washington a las milicias kurdas en Siria en la lucha contra el Estado Islámico y la negativa de EE.UU. a extraditar a Gülen, exiliado en Pensilvania.

Con la lira turca desplomándose un 13 % frente al dólar estadounidense en la apertura de los mercados, Erdogan intentaba tranquilizar a sus ciudadanos. «Ellos tendrán sus dólares, pero nosotros tenemos a nuestra gente y a Alá», dijo en un discurso televisado desde la ciudad de Bayburt. Como en otras ocasiones, instó a los turcos a vender las divisas extranjeras y el oro que tengan «bajo el colchón» para apoyar la moneda local. «Es una lucha nacional. Esta será la respuesta de mi nación a quienes han declarado la guerra económica», añadió.

Apenas una hora después, Trump anunciaba en Twitter que había dado la orden de subir los aranceles al acero turco un 50 % y un 20 % al aluminio. Decisión que provocó la caída de la lira hasta el 19 % , que se hizo sentir en Asia y Europa. Casi al mismo tiempo, el ministro de Finanzas y yerno de Erdogan, Beart Albayrak, anunciaba ante la prensa un «nuevo modelo económico para el país».

Sentimiento antioccidental

La medidas de Trump no han hecho más que empeorar una situación ya de por sí inestable a causa de la deriva autoritaria de Erdogan y su arriesgada política económica, que ha despertado el miedo entre inversores extranjeros. Ankara ha respondido explotando el discurso antioccidental que tan bien funciona en Turquía. Erdogan aseguró que, a pesar del «ataque» contra su moneda, la economía turca continuaría creciendo en el segundo cuatrimestre del año. «No seremos abatidos», dijo. El partido ultranacionalista MHP también declaró que se trata de una conspiración internacional.

Por ahora el discurso ha caído bien entre sus seguidores, quienes ven a Estados Unidos como principal causa de sus miserias, pero no así entre los inversores. Es precisamente esta actitud combativa la que continúa devaluando la lira y haciendo crecer la inflación en el país, que ya roza el 16 %. La popularidad de Erdogan se arriesga a caer en picado por la carestía de la vida (el precio de la electricidad ha aumentado un 50 %) y la amenaza de colapso económico.

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Los agostos de tranquilidad en los mercados parecen haber pasado a la historia. Este año es el miedo al estallido de la crisis económica en Turquía, con una guerra comercial abierta con Estados Unidos y la divisa del país en descenso directo a los infiernos, el que ha desatado el pánico entre los inversores, noqueando ayer las bolsas europeas.

La depreciación de la lira turca no es una novedad; lleva tiempo acusando la guerra comercial abierta por Trump. Pero ayer pulverizó su récord, situándose en su mínimo histórico después de ceder casi un 40 % de su valor en lo que va de año. A esto se suma una inflación desbocada, que en julio frisó el 16 % sin que el presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, tenga intención alguna de subir los tipos. Para cerrar este círculo en absoluto virtuoso están las dudas sobre la independencia del banco central del país, después de que Erdogan nombrase en junio a su yerno ministro del Tesoro y Finanzas y aprobase un decreto que le permite elegir al gobernador del citado banco central.

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