Detectan un trastorno en jóvenes que quieren ser como sus fotos retocadas

La falta de autoestima está detrás de lo que los psicólogos llaman dismorfia snapchat

m.c.
redacción / la voz

«Las fotografías yo siempre las subo con filtro. Me veo mucho más guapa y la gente le da más me gustas». Ese tipo de comentarios son habituales entre jóvenes usuarios de redes sociales como Instagram o Tic-Toc (una aplicación similar a Snapchat que cuenta con más filtros para retocar las fotos). Detrás de comentarios de ese tipo puede existir un trastorno cuando las personas que lo realizan se obsesionan en parecerse a sus imágenes retocadas e incluso acuden a profesionales estéticos para cambiar su apariencia. Investigadores del Boston Medical Center lo han bautizado como dismorfia snapchat. Afirman que afecta a alrededor del 2 % de la población, clasificándolo como trastorno disfórmico corporal, con un claro componente obsesivo-compulsivo. El problema empieza a detectarse también en Galicia.

Bajo esta patología residen dificultades emocionales, falta de autoestima y empatía o problemas de asertividad. «Estas aplicaciones nos dan esa solución mágica al desasosiego que sufre esta gente cuando no se acepta tal y como es», afirma la psicóloga sanitaria Fátima Sobrino. Dice que mediante estas herramientas eliminan esos defectos que le crean ansiedad y reciben más likes que cuando ponen la foto al natural. Obtienen un refuerzo inmediato y luego se les hace imposible subir sus imágenes sin retocar. «Antes veías modelos con cuerpos perfectos en las revistas. Ahora parece que con estas aplicaciones puedes acceder a ese cuerpo perfecto y no es real. Tenemos que aprender a aceptarnos como somos», resalta la psicóloga.

En la misma línea incide Antonio Rial Boubeta, profesor de Psicología de la Universidade de Santiago de Compostela y experto en menores. «El uso intensivo de las redes sociales cosifica a las personas. La imagen de uno mismo gira en torno a un físico y no a los valores como persona», cuenta. Los problemas de salud mental en jóvenes van en aumento y cada vez más las personalidades se construyen a través de ese «que pensarán de mí». Y a partir de esta creencia, pueden desencadenar otros trastornos. «A estas edades la alimentación que juega un papel clave y este trastorno genera un riesgo muy grande», dice el psicólogo.

Estas personas obsesionadas en encontrar la perfección acuden repetidamente a dermatólogos o cirujanos plásticos. Ángel Álvarez Jorge, cirujano plástico en A Coruña, ratifica que están al tanto de esta nueva conducta pero todavía no han visto ningún caso en consulta. «Pasa que algún paciente te trae la foto de este o aquel diciendo que se quiere parecer», cuenta. Y a veces, el remedio es peor que la enfermedad. La imagen de uno mismo no mejora y el trastorno dismórfico corporal puede generar un pozo sin fondo del que resulta difícil salir.

Por ello, los expertos recomiendan establecer límites en el uso de las redes sociales y no educar en un modelo de éxito, sino aceptar las diferencias y poner en valor las cualidades personales. Y si surge el trastorno, acudir a terapia profesional pero siempre incidiendo en recuperar la autoestima. Como resalta Fátima Sobrino: «El tratamiento empieza por asumir que la perfección es inalcanzable. Nuestra felicidad no puede depender del número de me gustas».

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