Italia sube la presión para dinamitar la política migratoria de la Unión Europea

Roma insiste en rotar los puertos de desembarco y Viena, en militarizar la frontera


REdacción / la voz

La animadversión entre Emmanuel Macron y Matteo Salvini es pública y notoria desde hace tiempo. El presidente francés se definió como el «principal oponente» de los xenófobos, después de que el ministro italiano le considerara el gran enemigo a batir por el eje antiinmigración. Son las caras visibles del duelo que se libra en la UE, con Italia elevando la presión cada día para dinamitar la actual política migratoria europea. Así quedó constatado en el encuentro de ministros de Exteriores y de Defensa que se celebra estos días en Viena.

Italia propuso ayer de nuevo «rotar» en distintos países de la Unión Europea los desembarcos de los rescatados en el Mediterráneo o de lo contrario cerrará sus puertos. Una medida que pone en peligro la operación naval europea Sofía, creada en el 2015 para combatir el tráfico de personas frente a las costas de Libia y cuyo mandato termina a finales de año. En aquel momento se acordó que todos los migrantes serían desembarcados en Italia.

La jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, llamó a los socios a asumir una «mayor responsabilidad» y aseguró que hay «total» respaldo de los Estados miembros a la operación Sofía. Además, aclaró al Gobierno populista italiano que la gestión de los flujos migratorios es un asunto común europeo y no de un solo país. Mogherini también descartó la propuesta de Austria de desplegar militares para controlar las fronteras de la Unión.

Una día más, Salvini volvió a cargar contra Macron. Esta vez para asegurar que Francia ha rechazado desde el 2017 a 48.000 inmigrantes en la frontera italo-francesa, una cifra que demostraría lo «hipócrita» que es el «valiente» presidente galo. «¿Esta es la Europa ‘acogedora y solidaria’ de la que hablan Macron y los buenistas?», se preguntó el líder de la Liga en Facebook, desde donde ha vuelto a recriminar a Francia los controles impuestos en Ventimiglia, también «contra mujeres y niños». «En lugar de dar lecciones a otros, invitaría al hipócrita presidente francés a abrir las fronteras y acoger a los miles de refugiados de los que ha prometido hacerse cargo. Italia ya no es el campo de refugiados de Europa, la ayuda a contrabandistas y buenistas ha terminado», sentenció.

Línea de fractura

El ministro de Interior italiano cerró el martes con el jefe del Gobierno húngaro, Víktor Orbán, un frente antiinmigración para presentarse a las elecciones europeas del 2019. Eje al que se sumó un día después la ultraderechista francesa Marine Le Pen.

Macron insistió ayer en que Orbán y Salvini provocan una «línea de fractura» en la Unión Europea. «Los problemas migratorios son un poderoso disolvente de la UE», reflexionó por su parte el ministro Josep Borrell, a su llegada al encuentro de Viena. Esos dos bloques son por un lado Italia, Austria y Hungría, junto con el resto de países del de Visegrado (Polonia, la República Checa y Eslovaquia) que quieren frenar la llegada de migrantes y crear centros de acogida fuera de la Unión. Por otro, Francia, Alemania, España y Portugal, que defiende un reparto de la carga migratoria basado en los valores de los tratados de la Unión.

Nuevo enfado en Francia con su presidente

Emmanuel Macron estaba ayer en el ojo del huracán después de haber calificado a sus compatriotas de «galos reacios al cambio», durante un discurso ante los franceses residentes en Dinamarca. El presidente se defendió de las críticas afirmando que solo fue un «toque de humor» y que estaba sacada de contexto.

«Este pueblo luterano, que ha vivido transformaciones en los últimos años, no es exactamente el galo reacio al cambio», dijo el miércoles en un acto oficial ante la reina Margarita al elogiar el modelo danés de la «flexiseguridad» y añadir que las diferencias culturales entre franceses y daneses impedían imitarlo tal cual.

La oposición francesa no tardó en reaccionar, acusando al presidente de caricaturizar a los franceses desde el extranjero. «En Grecia trató a los franceses de vagos y ahora ante la reina de Dinamarca nos caricatura como galos reacios» al cambio, criticó Laurent Wauquiez, líder del partido opositor de derecha Los Republicanos. «Es inadmisible escuchar a un presidente de la república criticar, caricaturizar a los franceses cuando está en el extranjero», agregó.

«Hay una cosa que caracteriza a Francia, al pueblo francés, es su gusto de la inteligencia, de la ironía, de reírse de sí mismos», se defendió ayer el jefe del Elíseo. Y añadió que es un «país que, en los momento graves de la historia, sabe transformarse en profundidad», pero «no somos un país cuya cultura es el consenso, los ajustes graduales, como otros, en particular los países bálticos y escandinavos». Se trata de una polémica alejada del «espíritu francés», agregó, llamando a la gente a «tomar distancia de las polémicas (...) fuera de contexto».

La izquierda radical Francia Insumisa de Jean-Luc Mélechon estimó que el comentario era «muy desdeñoso contra su propio pueblo». La ultraderechista Marine Le Pen reaccionó en un tuit. «¡Como de costumbre, [Macron] desprecia a los franceses desde el extranjero!». «Los ‘galos’ van a darse el placer de responder a su arrogancia y su desprecio», agregó.

Los sindicatos, en plena batalla contra las reformas que ha emprendido Macron en varios sectores, afirmaron que los franceses eran «reacios» a los cambios cuando son «impuestos». «Si hay un diálogo, si nos escuchan, si respetan nuestras líneas rojas, los cambios son posibles», aseguró Philippe Louis, de la CFTC.

La polémica no podía caer en peor momento para el Gobierno. El primer ministro Edouard Philippe arrancó ayer encuentros con los sindicatos para abordar varias reformas delicadas previstas para los próximos meses, como la de las pensiones y la de la función pública.

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