Cardiología salva la honra de la sanidad

España baja en el ránking mundial al puesto 19.º, diez menos que en la lista anterior, aunque la atención a las enfermedades cardiovasculares se mantiene en cabeza


redacción / la voz

La sanidad pública española es de las mejores del mundo. Es el mensaje que de forma reiterada lanzan las autoridades. Y los datos objetivos, que la mantenían de forma consecutiva en el top ten mundial, han avalado hasta ahora esta afirmación. Pero el último estudio realizado por la revista médica The Lancet ha rebajado la euforia. El sistema público retrocedió diez puestos de golpe en el 2016, el último año evaluado, con respecto al 2015. La investigación ha medido la calidad de los 195 estados del mundo mediante la comparación de datos de 32 causas de muerte curables con una atención médica adecuada y la accesibilidad de la población a los tratamientos. España obtiene 92 puntos sobre 100, por debajo de los 97 que logran Islandia y Noruega, que se sitúan en el primer puesto, aunque se coloca por delante de Francia, el Reino Unido, Estados Unidos o Portugal.

Si se tienen en cuenta las especialidades médicas, la cardiología es de las que sale mejor parada, ya que con una nota media de 93,4 puntos ocupa un honroso décimo puesto a nivel mundial, por delante de Suecia, Japón o Canadá en un ránking que encabeza Holanda con 96,8 puntos. A juicio de José Ramón González Juanatey, responsable del servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) y miembro del Consejo Asesor de Sanidad del ministerio, la clave hay que encontrarla en la responsabilidad de los profesionales y, sobre todo, en la auditación de los resultados obtenidos en un intento continuo por obtener la excelencia. «Medir los resultados de salud -indica- es lo que nos permite identificar oportunidades de mejora y utilizar mejor y optimizar los recursos disponibles». Esta continua evaluación es lo que ha llevado, por ejemplo, a desarrollar programas pioneros como el Código de Atención al Infarto o los programas de atención a la insuficiencia cardíaca o de rehabilitación. En el caso concreto de Galicia considera que también ha sido clave la historia clínica electrónica, que en el área de Santiago ha permitido evitar un 40 % de consultas innecesarias y centrarse en el acto único de atención al paciente, que unifica en una misma sesión la atención al enfermo, las pruebas médicas y el diagnóstico.

En el contexto global entiende que para mejorar los resultados de la sanidad española hace falta, entre otras medidas, extender el programa de evaluación de calidad de los resultados, generalizar la historia clínica electrónica y desarrollar una estrategia para los enfermos crónicos. E insiste: «Hay que medir los resultados de la asistencia que ofrecemos para ver dónde podemos mejorar».

En el juicio global, Felipe Casanueva, responsable del servicio de Endocrinología y Nutrición del CHUS, no encuentra una explicación objetiva al descenso tan importante de la sanidad española en la clasificación mundial. Salvo una: la crisis. «En Galicia -dice- aún nos ha ido bastante bien, pero en Madrid, y sobre todo en Cataluña, la situación fue horrorosa, con el cierre de plantas de hospitales y la reducción de plantillas. Y este efecto se pudo notar a nivel global».

La soga de los recortes

En otro artículo reciente, la revista médica, una de las más prestigiosas, denunció los recortes producidos en la sanidad pública española. «Ahora es el momento de liberar al país de las cadenas monetarias», recogía un duro editorial en el que se pedía al Gobierno que aflojase la «soga de los recortes» en este ámbito.

En el nuevo estudio que ahora acaba de publicar sobre la atención médica en el mundo destaca, entre los aspectos positivos de España que enfermedades como el tétanos, la apendicitis, las hernias o la diabetes se resuelven de la mejor manera posible en el Sistema Nacional de Salud, ya que se valoran con cien puntos. En su calidad de endocrino, Casanueva da fe de la espectacular evolución en el tratamiento de la diabetes. «Cuando empecé a trabajar en Santiago -relata- teníamos cuatro admisiones hospitalarias a la semana de pacientes con descompensación aguda. Ahora, como mucho, hay cuatro cada seis meses».

Cáncer de piel, ¿déficit de atención o falta de prevención?

En el análisis realizado por la revista científica The Lancet, la peor atención en el sistema de salud de España la obtiene el parámetro que mide la atención al cáncer de piel, con 57 puntos sobre 100; seguido del tumor de cérvix, con 60, y el testicular, con 79. Es una valoración con la que, en el caso del cáncer de piel, no está muy de acuerdo Eduardo Fonseca, jefe del servicio de Dermatología del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac). «No creo -dice- que se refieran al tratamiento, sino a la prevención». A su juicio, el verdadero problema radica en que los españoles no están lo suficientemente concienciados sobre la relación existente entre una exposición abusiva al sol con los tumores de piel, fundamentalmente el melanoma. «Tenemos la costumbre -explica- de achicharrarnos al sol sin una protección adecuada, y eso se paga, además de una población muy envejecida». Y lamenta también que España no sea estricta en el cumplimiento de la ley sobre bronceado artificial. «En lo que se refiere a la asistencia por los tumores -destaca- no hay ningún tipo de diferencia con respecto a los países más avanzados, salvo que aquí es casi todo gratis para el paciente, lo que no ocurre en ningún otro lugar del mundo».

En el cómputo global, la drástica bajada de España en la clasificación de la sanidad mundial podría deberse a que en su nuevo estudio The Lancet se basa en más variables para realizar el ránking. Otro dato relevante es que la media global ha aumentado considerablemente, lo que se debe, sobre todo, a que las zonas del África subsahariana y del sudeste asiático han mejorado sus medidas sanitarias.

Islandia, Noruega y Holanda encabezan el baremo, mientras República Centroafricana, Somalia y Guinea-Bissau lo cierran.

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