China expande su influencia en África con una inversión de 60.000 millones

Xi Jinping anuncia que condonará la deuda a los países más pobres del continente


Redacción / La Voz

Pekín pisa el acelerador en África, continente en el que ya tenía una importante presencia comercial y diplomática que a partir de ahora será más visible. Aprovechando el vacío dejado por el aislacionismo de Donald Trump, que ha ido recortando poco a poco la influencia de EE.UU. en la región, el presidente chino, Xi Jinping, anunció ayer una ambiciosa operación con un claro componente estratégico. Consiste en la entrega de 60.000 millones de dólares en ayuda, inversiones y financiación a los países africanos, así como en el perdón de una parte de su deuda a los más pobres.

«Con los brazos abiertos, damos la bienvenida a los países africanos a bordo del tren exprés del desarrollo chino», proclamó un triunfalista Xi ante numerosos jefes de Estado africanos en una ceremonia en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín. En los próximos tres años, China les ofrecerá 15.000 millones de dólares en préstamos sin intereses, 20.000 en líneas de crédito, 10.000 en fondos para el desarrollo y 5.000 para financiar importaciones. Además, Pekín animará a las compañías chinas para que realicen inversiones de al menos 10.000 millones en el mismo período.

Es un eslabón más en un proceso paciente de penetración en África. No en vano Pekín lleva muchos años invirtiendo en el continente, donde encontró una fuente de materias primas que necesitaba con urgencia. La clase media africana en expansión se ha convertido también en un importante mercado para sus productos. El interés se vio espoleado desde que el gigante asiático lanzó hace cinco años una Nueva Ruta de la Seda, el corredor económico desde China al sudeste de Asia, Europa y África. Ahora, con un volumen de negocios de 170.000 millones de dólares, China ya desplazó como principal socio comercial a EE.UU. y a Francia, la antigua potencia colonial en la zona.

Xi puso una condición a la ayuda: «Los recursos para nuestra cooperación no son para gastarse en cualquier proyecto de vanidad, sino en lugares donde cuentan mucho», en alusión a la falta de infraestructuras que, a su juicio, son «el mayor cuello de botella al desarrollo de África». Consciente de las críticas de neocolonialismo que se le dirigen, el líder chino defendió que las inversiones no conllevan ataduras políticas. «Prometemos que no habrá ninguna interferencia en los asuntos internos de los países africanos, ninguna imposición, ningún compromiso político, ninguna búsqueda de beneficios políticos egoístas», prometió.

Los críticos de China no están tan seguros y alertan de que los proyectos pueden convertirse en una trampa de endeudamiento para los países que los acometan, que después serían de ese modo más dependientes de Pekín. «Muchos dirigentes africanos saludaron el compromiso de Xi como una alternativa a lo que consideran la falta de entusiasmo de EE.UU. y Europa», escribe Sabine Mokry, del Instituto Merics para China en un análisis. Mientras que en EE.UU. «no existe ninguna política coherente hacia África», tampoco los europeos parecen tener proyectos, sobre todo comunes, señala.

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