Veinte años de antivacunas, una corriente que crece al calor de Internet

El 80 % de las familias que deciden no inmunizar a sus hijos encuentra la información a través de la Red


redacción / la voz

Son 37 muertes y más de 40.000 casos de sarampión en Europa en el primer semestre. Casi ocho veces más que en el 2016. Detrás de esta cifra alarmante los expertos colocan a la corriente antivacunas que se extiende por el continente bajando la tasa de vacunación en algunos países por debajo del 95 % recomendado.

¿Pero de dónde viene esta imparable tendencia en contra de la inmunización? Pues el germen fue el artículo un médico inglés, el doctor Andrew Wakefield, publicó hace ahora veinte años, en 1998, en el prestigioso The Lancet. En aquel texto se vinculaba la vacuna triple vírica con un aumento de tasas de autismo entre los niños. «Ya era curioso -explica Amos José García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología- que el número de niños participantes en el estudio era inferior al número de firmantes». Una investigación periodística independiente constató que el artículo había sido falseado, que era un fraude. «En primer lugar -explica García Rojas- porque varios de los niños que participaban en el estudio habían sido suministrados amablemente por familias que habían presentado demandas contra las farmacéuticas para asociar el autismo con la triple vírica». Después de esto, el doctor Wakefield fue expulsado del Colegio de Médicos de Reino Unido, y la revista se retractó por haber publicado el artículo. El médico se fue a Estados Unidos, pero su sombra se extendió por las redes dando lugar a una corriente que en algunos países europeos, como Italia, ha llegado incluso al Gobierno e influido en la toma de decisiones sobre la vacunación.

Información dudosa

En la era de Internet, un 80 % de las familias que deciden no vacunar encuentran la información por la Red, donde todo un ejército de famosos se ha apuntado a la causa. Nombres como el de Donald Trump, Robert de Niro, Jim Carrey, Chuck Norris, e incluso el nobel Luc Montagnier salen a defender el supuesto vínculo entre vacunas, autismo y otras enfermedades. «Internet, además de los virus informáticos, tiene en ocasiones otros muchos virus que hay que tener en cuenta a la hora de tratar de informarte», asegura el vacunólogo. «En un medio como este puedes encontrar de todo: desde los que dicen que la tierra es plana hasta los que aseguran que las vacunas las carga el diablo». Pero esta afirmación, dice el experto, no debe llevarnos a engaño. «La mayoría de la población reticente a la vacunación es de clase media y alta. Aunque tampoco podemos pensar que todos son iguales». El 5 % de niños que no se vacunan en España lo hacen por diferentes motivos: «Por un lado tenemos niños con alguna contraindicación permanente o temporal; y por otro niños que forman parte de bolsas de exclusión social o marginación y que tienen dificultades de acceso a la vacuna. Aunque ahora que se ha vuelto a universalizar la sanidad este sector podría tenerlo más fácil».

La cifra se completa con los hijos de padres y madres que deciden voluntariamente no vacunar porque tienen dudas, «y no entienden mucho por qué tienen que ponerle un producto biológico a su hijo frente a una enfermedad que ya no ven». «Tienen dudas razonables -afirma Amos-, porque no saben si puede ser más perjudicial la vacuna que no vacunarles. Esto hay que entenderlo, comprenderlo y escucharlo: hay que hacerles ver que nosotros nos podemos olvidar de las enfermedades transmisibles, pero ellas no se olvidan de nosotros».

Por último, hay un colectivo de padres que no vacunan a sus hijos «porque entienden que no es moderno ni alternativo, porque es un abuso de lo químico». «Yo les plantearía la siguiente reflexión -concluye el experto-; lo realmente progre es hacer uso del conocimiento, de la ciencia, de la evidencia, que es lo único que puede modificar la amenazas de la naturaleza. Dejarlo todo a la protección natural es un gran riesgo».

Razones para no vacunar que se caen por su propio peso

Los expertos aconsejan pedir información a los padres que duden sobre la vacunación, porque, aseguran, los argumentos en contra de la inmunización se desmontan por sí solos.

los aditivos

«Las vacunas llevan sustancias tóxicas». Ante esta afirmación, el experto es tajante. «Esto está muy asociado a la presencia de productos derivados del mercurio en las vacunas. Ya no los hay en ninguna de las vacunas que se ponen en España, pero aunque los hubiera, la cantidad que tendría que tener una vacuna para producir un efecto perjudicial sería lo mismo que si el niño se estuviese poniendo vacunas muchas veces al día durante muchos días». También es polémica la presencia de aluminio en las vacunas. «La leche materna también tiene aluminio -afirma García Rojas-. Un niño después de realizar la lactancia natural recibe más cantidad de aluminio que las vacunas. Salir a la calle y respirar en una ciudad donde hay una contaminación importante tiene muchísimo más riesgo que vacunar a un crío».

las enfermedades

«Las vacunas son culpables de alergias, asma y enfermedades autoinmunes». «La única culpa que tienen las vacunas documentada científicamente es que evitan daños y muertes. No hay una línea científica argumental potente que legitime este tipo de afirmaciones. Está afirmación puede quedar muy bien en una web pero no en el campo del conocimiento científico». Hasta el momento la Liga para la Libertad de Vacunación, según explica en su web, ha recibido 15 notificaciones de efectos secundarios postvacunales en toda España.

inmunización natural

«Las vacunas sobrecargan el sistema inmunitario». «Esta información -concluye el vacunólogo- refiere un cierto miedo a que los niños sean capaces de asumir todos los antígenos que llevan las vacunas. Pero lo cierto es que un niño recién nacido que comienza a respirar recibe muchos antígenos con el aire, la comida... Y el número que recibe es considerablemente superior al que viene representado en la vacuna».

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