Los másteres matan más que la corrupción

El fuego cruzado PSOE-PP revive a Ciudadanos y provoca dimisiones más fulminantes que Gürtel o los ERE

Casado se estrenaba ayer como líder del PP en el Congreso
Casado se estrenaba ayer como líder del PP en el Congreso

MAdrid / LA Voz

Hace apenas unos meses, con Cataluña en pleno incendio y con escándalos de corrupción tan graves como el caso Gürtel o el de los ERE en pleno apogeo judicial, pocos podían imaginar que el debate político en España iba a estar centrado a estas alturas en el pasado académico de los políticos. Pero así es. Dirigentes de uno u otro partido involucrados y hasta imputados en casos de prevaricación o corrupción se han negado sistemáticamente a presentar la renuncia. Pero en apenas cuatro meses tenemos ya a una presidenta de comunidad, Cristina Cifuentes, y a una ministra de Sanidad, Carmen Montón, forzadas a dimitir por irregularidades en su máster; a un líder de la oposición, Pablo Casado, a expensas de que el Tribunal Supremo decida si lo imputa o no por el mismo motivo, y hasta a un presidente del Gobierno bajo sospecha por las dudas sobre la autenticidad de su tesis doctoral.

Fuego cruzado entre PSOE y PP

La renuncia de Cifuentes, forzada en abril por el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, abrió una espita que ha dado lugar a un auténtico zafarrancho de combate en torno a los títulos académicos de los políticos. Inmediatamente después de que cayera la presidenta madrileña, en Génova se anunciaba ya que aparecerían pronto casos similares de relevantes políticos socialistas. Pero antes de ello, el escándalo afectó de lleno al entonces vicesecretario de comunicación del PP, Pablo Casado, que, pese a que su caso estaba ya judicializado, acabó haciéndose con la presidencia del partido tras la moción de censura de Sánchez que derribó a Rajoy.

El PSOE se frotaba las manos con la decisión de los populares, convencido de que el liderazgo de Casado nacía muerto por su máster, cuyas presuntas irregularidades pensaban recordarle con cada ataque que hiciera al Gobierno. Pero la ruleta giró en sentido contrario. Y las sospechas de un nuevo caso de máster fraudulento cayeron sobre la ministra de Sanidad, Carmen Montón, una de las estrellas más fulgurantes del Ejecutivo de Sánchez y la única que le había dado algo tangible de lo que presumir en sus primeros cien días, la universalización de la sanidad pública.

El escándalo, y más aún el respaldo que el PSOE y el propio presidente del Gobierno dieron a la ministra en un principio, supusieron un alivio en las filas de la nueva dirigencia popular, convencida de que podrían poner en práctica lo del chiste del paciente que, agarrando al dentista de sus partes, le espeta: «No nos vamos a hacer daño. ¿Verdad, doctor?».

La significativa renuncia de Casado a pedir explicaciones a Sánchez por el caso de Montón y el intento del presidente de mantener a la ministra en su cargo pese al escándalo parecían apuntar en esa dirección. Pero la constatación de que Montón no solo había mentido sobre su máster, sino que había plagiado, forzó su dimisión. Una situación que de nuevo deshacía el empate, elevaba la presión sobre el líder del PP y, a pesar del daño que ha causado al Gobierno el caso Montón, permitía al PSOE exigir a Casado que asumiera la misma responsabilidad que Cifuentes y que la ministra por un máster que los tres obtuvieron en la misma universidad.

Ciudadanos y Podemos

La reacción lógica en el PP era tirar por elevación y exigir a Sánchez que hiciera púbica su tesis doctoral, sobre cuya autoría apócrifa siempre han existido dudas. Pero, con Casado en silencio para no remover el avispero, ha sido el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, quien ha salido en su ayuda, llevando por sorpresa al pleno del Congreso el polémico trabajo de Sánchez. «Haga pública su tesis doctoral para disipar las dudas», le espetó ayer Rivera. Sánchez acusó el golpe, en la bancada popular respiraron aliviados y en la de Ciudadanos sonrieron, convencidos de tener en la lona al presidente del Gobierno y al líder de la oposición a pocos meses de las elecciones.

¿Y Podemos? Por una vez, parece fuera del juego. Pablo Iglesias no puede presionar a Casado para que presente su tesis sin hacer lo mismo con Sánchez. Y cuestionar al presidente sería incongruente con prestarle el apoyo que le ha prometido. De momento, ayer Iglesias obvió mencionar a Sánchez, a Montón y a Casado en la sesión de control.

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