«Buenos días, ¿el último para consultar la tesis de Pedro Sánchez, por favor?»

Los periodistas aguardaron durante horas en la Universidad Camilo José Cela

Cola de periodistas para consultar la tesis doctoral de Sánchez
Cola de periodistas para consultar la tesis doctoral de Sánchez

madrid / la voz

«Buenos días. ¿El último, por favor?». Suena a saludo dominical en la cola de una panadería, pero es jueves y el turno no da acceso a comprar baguetes ni cruasanes, sino a la consulta de la tesis doctoral de Pedro Sánchez, que ayer se convirtió en uno de los objetos más deseados de la política española. El sol luce espléndido en el campus central de la Universidad Camilo José Cela, ubicado en Villanueva de la Cañada, a unos 35 kilómetros de Madrid. Y aunque hasta el próximo lunes no darán comienzo las clases del nuevo curso, el día está siendo ajetreado. Así lo reconocen varios trabajadores del centro. El primero, el guarda de seguridad de la garita de entrada, que antes de acabar de bajar la luna del coche para solicitar permiso para acceder al recinto ya intuye el motivo de la visita. «Periodista, ¿verdad? Al fondo de la recta está la biblioteca, y allí mismo tiene sitio para aparcar el coche», dice mientras pulsa el botón que levanta la barrera.

Cámaras y periodistas

Alrededor de una treintena de cámaras y periodistas aguardan en la puerta. Muchos llevan horas apostados esperando a que las televisiones o las radios para las que trabajan les den paso en directo. Los otros aguardan a que llegue su turno para examinar con lupa Innovaciones de la diplomacia económica española. Análisis del sector público (2000-2012), el largo título escogido por el presidente del Gobierno para su tesis. Las encargadas de regular la cola son tres amables y resolutivas bibliotecarias del centro, que al igual que el guarda de la entrada, intuyen a la perfección los motivos de nuestra visita. «Hay que rellenar esta ficha y ya te llamamos nosotras cuando te toque», dice una de ellas. La hora, coincidiendo con la de la comida, ayuda a que no haya mucha gente por delante, pero eso no quita que toque esperar.

Entre patatas fritas y avispas

El calor de Madrid aprieta, pero ya no ahoga, como hace un par de semanas. Ayuda a combatirlo una de las personas que ha puesto la universidad para atender a la prensa, que acude con botellines de agua fresca y unas bolsas de patatas fritas, para que no caiga mal en el estómago. Ajenos a la tesis de Sánchez, un grupo de operarios trabaja con mimo puliendo los últimos detalles del campus antes de la inauguración del curso. El césped parece en mejor estado que el de muchos estadios de Primera División, pero los jardineros pasan la máquina para que luzca todavía más. Las instalaciones son espectaculares. Destacan media docena de pistas de tenis de última generación que ya les gustaría a muchos clubes deportivos. La Camilo José Cela es un centro privado por el que cada año pasan unos 3.500 alumnos. El precio varía en función del grado, pero el curso puede sobrepasar los 10.000 euros.

«Me ha picado una avispa», lamenta una periodista mientras enseña su brazo inflamado. «Hay muchísimas», detalla. «¿No será velutina? Yo soy alérgico», advierte un cámara. «Pues aléjate, que este año vienen rabiosas», le aconseja otro compañero. «No puedo, que entro en directo». Entre picaduras y patatas al fin llega el momento de pasar. La encargada recuerda que no se puede fotografiar nada más que la portada, y que no hay ninguna prisa hasta las 8 de la tarde, hora de cierre. Justo en ese instante, Sánchez comunica que accede a colgarla en Internet, y las bibliotecarias respiran aliviadas.

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