La dudas que todavía quedan por aclarar sobre la polémica tesis de Pedro Sánchez

El tribunal que le evaluó estaba formado por personas relacionadas entre sí y cercanas al presidente

Portada de la tesis doctoral de Pedro Sánchez
Portada de la tesis doctoral de Pedro Sánchez

MAdrid / LA Voz

La publicación de la tesis doctoral realizada por el presidente del Gobierno y el análisis previo realizado en la Moncloa que, según el Ejecutivo, acredita que no hubo plagio, no acaba con el debate político en torno al trabajo de doctorado de Pedro Sánchez. Además de las dudas sobre el porcentaje de textos ajenos que han sido trasladados directamente a la tesis, persisten aún varias incógnitas no aclaradas sobre la forma en la que se realizó el trabajo y el rigor con el que fue evaluado por un tribunal examinador con escasa experiencia y muy cercano al ahora jefe del Ejecutivo en aquella época. Tanto el PP como Ciudadanos exigen que el presidente aclare esas dudas en una comparecencia parlamentaria.

La elaboración

Una tesis demasiado rápida. Una tesis doctoral es un trabajo arduo que requiere una fuerte dedicación y un esfuerzo investigador profundo. Para hacerse una idea, en el 2011 la media era de seis años para completar una tesis. La reforma del plan Bolonia estableció que, si el alumno le dedica todo su tiempo a la tesis, tendrá tres años para acabarla y dos años más de prórroga. En el caso de que compatibilice los estudios con trabajo, tendrá un máximo de cinco años, más tres de prórroga. Sánchez hizo la suya en tiempo récord. Aunque matriculó su tesis el 10 de febrero del 2010, ejerció como diputado hasta el 15 de septiembre del 2011. Dos días antes de abandonar el Congreso, el 13 de septiembre del 2011, publicó un mensaje en Twitter, que aún se puede consultar, con este texto. «Tengo que escribir unas notas sobre diplomacia económica, alguien puede aconsejarme literatura económica para leer? Gracias!». Apenas un año después, el 26 de noviembre del 2012, leía su tesis en la Universidad Camilo José Cela y obtenía un cum laude.

Autoría

Artículos con la directora y un miembro del tribunal. Uno de los doctores que evaluó la tesis de Sánchez es Juan Padilla Fernández-Vega, que había escrito un artículo firmado conjuntamente con el ahora líder socialista en septiembre del 2012, antes de que se leyera la tesis. Parte de ese artículo se incluye en el trabajo de doctorado. Además, en un libro publicado en julio del 2012 que compila obras de varios autores Sánchez también firmó un artículo conjuntamente con Padilla y con la propia directora de su doctorado, María Isabel Cepeda González, que a su vez había dirigido la tesis de Padilla un año antes y que fue quien le escogió para formar parte del tribunal evaluador de Sánchez. Partes de ese artículo se incluyen en las conclusiones de la tesis (página 256), a pesar de que Padilla y Cepeda no aparecen en la bibliografía ni están citados en la obra. En toda su carrera académica, Cepeda, que es profesora de Historia Económica en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), solo ha dirigido cuatro tesis doctorales, entre ellas la de Sánchez, la de Juan Padilla y la de otro de los miembros del tribunal que evaluó al ahora presidente, Alejandro Blanco Fernández.

Control del plagio

Un programa informático no es suficiente. Aunque el Gobierno anunció antes de hacer pública la tesis que dos programas informáticos especializados, Turnitin y Plagscan, demostraban que no había plagio, lo cierto es que ningún programa puede llegar por sí mismo a esa conclusión. El responsable en España de Turnitin, Lluis Val, explicó ayer que «tras los datos numéricos tiene que haber un análisis humano que interprete el alcance del posible plagio» y precisó que un programa «no puede tener el alcance de una valoración humana para saber qué ocurre realmente en un texto». Como ejemplo, detalló que un 20 % de plagio en un trabajo podría implicar menos apropiación de ideas que un 14 % detectado en las conclusiones de un trabajo, que se podría considerar «mucho más grave».

El tribunal

Mediocre y endogámico. La composición del tribunal que juzgó la tesis doctoral de Sánchez es legal a la luz de la normativa vigente, pero la cualificación de sus miembros es muy pobre desde el punto de vista académico. Tres de los miembros de ese tribunal formado por cinco personas se habían doctorado en fechas muy recientes y tenían escasa experiencia en investigación, algo que es requisito indispensable para formar parte de un tribunal evaluador. No había un solo catedrático entre los evaluadores y ni siquiera un profesor titular. La más veterana, y por ello presidenta, era Cristina Ruza y Paz-Curbera, que tampoco era titular, pero era la única que contaba con más de cinco años de experiencia como doctora. Alejandro Blanco, otro de los miembros del tribunal evaluador, había leído su propia tesis solo un año antes. Y más reciente aún era el doctorado de Santiago Pérez-Camarero, otro de los que examinaron al hoy presidente del Gobierno, que lo había obtenido en septiembre de ese mismo año, dos meses antes de evaluar a Sánchez, y que era en ese momento profesor asociado de la Universidad de Castilla-La Mancha. Pérez Camarero ha reconocido en declaraciones a El Independiente que formó parte de ese tribunal porque se lo pidió Cepeda, a la que conocía previamente, y que esa es la única tesis que ha evaluado en toda su carrera. Ricardo José Rejas Muslera, el otro profesor que dio un cum laude a Sánchez, participó también en el tribunal que evaluó un año antes a Juan Padilla, al que concedió la misma calificación.

Publicación

Escondida mucho tiempo. El propio hecho de que la tesis doctoral supere, según el Gobierno, todas las pruebas de plagio deja como única explicación razonable para que Sánchez decidiera impedir que se digitalizara para ser consultada por cualquier persona que el propio presidente albergaba dudas sobre la calidad de su trabajo.

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El currículo universitario se ha convertido en un quebradero de cabeza para numerosos dirigentes políticos. Primero fue Pablo Casado y su máster, después Pedro Sánchez y su tesis doctoral, y ahora es Albert Rivera. La Universitat Autónoma de Barcelona (UAB) negó ayer que el presidente de Ciudadanos esté realizando el doctorado en ese centro, como figura en el currículo que tiene colgado en la web del partido. La vicerrectora de Comunicación de la UAB, Virginia Luzón, reconoció que se trata más bien de una «confusión lingüística», porque es cierto que el líder de Ciudadanos inició los cursos del doctorado, pero no lo continuó ni inició el proceso de elaboración de la tesis, por lo que desde la universidad barcelonesa se han dirigido al partido para que corrijan el dato en la web.

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