Las divergencias en los bloques abren nuevos escenarios en Cataluña

Dirigentes de ERC y PDECat se han desmarcado de la férrea estrategia dictada por Puigdemont


Las declaraciones del portavoz de ERC en el Congreso, Joan Tardá, quien aseguró que no se puede imponer la independencia al 50 % de catalanes que no son independentistas, o la iniciativa de su homólogo del PDECat, Carles Campuzano, de pactar con los socialistas una iniciativa para abrir un diálogo entre Gobiernos en el marco de la ley, que luego tuvo que retirar desautorizado por su propio partido, evidencian las diferencias en el campo independentista. En el constitucionalista, el PP se ha desmarcado de la estrategia de retirar lazos amarillos de Ciudadanos, mientras el Gobierno apuesta por el diálogo. Los expertos consultados por La Voz analizan estas divergencias que podrían abrir nuevos escenarios en Cataluña.

¿Hay diferencias políticas entre los independentistas?

Roberto L. Blanco Valdés considera que «hay diferencias tácticas, aunque la posición de fondo es la misma, romper con España mediante una política de presión basada en el engaño y la manipulación masiva de la opinión pública catalana». Dicho esto, admite que esas diferencias tácticas entre ERC, el PDECat y la gente de Puigdemont «pueden ofrecer una oportunidad para romper su frente común en Cataluña, pero confiar en su explotación, bajo el principio divide y vencerás, es ingenuo», porque «esas fuerzas han demostrado que en los momentos claves están unidas contra la legalidad del Estado democrático». Sostiene que lo que existe es una competencia constante sobre «a ver quién es más nacionalista y odia más a España, lo que dificulta las posibilidades de moderación de cualquiera de las dos». Xavier Arbós estima que «los líderes de ERC están abandonando las posiciones rupturistas, mientras que el PDECat está eclipsado por la estrategia de Puigdemont». Según Elena García-Guereta, «el PDECat parece un partido en liquidación». En cuanto a ERC, «parece haber muchas Esquerras, la maximalista, la radical o la dialogante». Astrid Barrio considera que las diferencias son entre «el puigdemontismo, que busca poner en evidencia a España denunciando su pretendida escasa calidad democrática y la vulneración de derechos para legitimar la secesión, y ERC y una parte del PDECat, partidarios de una vía negociada y a largo plazo». Argelia Queralt destaca que los independentistas «mantienen posiciones diferentes, que, aunque de matiz, son muy importantes». Por un lado, el grupo de Puigdemont «pretende mantener el protagonismo del que para ellos es el presidente en el exilio, y sabe que para lograrlo tiene que tensionar al máximo y en todo momento la situación, aunque sea con mentiras como que existe un mandato para la república o que Cataluña tiene derecho a la autodeterminación». Torra «está en la misma estela, sin Puigdemont no pinta nada». En ERC, algunos de sus líderes han entendido que «o se ensancha la mayoría social o no se va a ninguna parte y piensan que no se dan las condiciones para buscar la independencia».

¿Qué estrategias siguen PP y Ciudadanos?

García-Guereta afirma que las diferencias son evidentes. «Ciudadanos nace de la orfandad política de quienes se sentían españoles y catalanes, que se rebelaron frente a una situación social que percibían como de nacionalismo obligatorio, y por tanto su postura en este conflicto está condicionada y limitada». Por su parte, «el PP es un partido de Estado y está en una encrucijada, porque tiene que competir con Ciudadanos en Cataluña, donde claramente ha perdido la partida, pero también en el resto de España». Barrio destaca que «cada vez hay menos diferencias». Explica que «el PP parece querer competir con Ciudadanos en dureza y al igual que este partido ya reclama un nuevo 155 más riguroso». Arbós ve «pocas diferencias, aparte de que Ciudadanos parece más dispuesto a la movilización en Cataluña, con la retirada de los lazos amarillos».

Blanco Valdés estima que «en el tema catalán la posición del PP ha sido más coherente que la de Ciudadanos, aunque su objetivo sea común, evitar la fractura territorial de España». Queralt señala que «C’s ha optado por una estrategia muy frentista y de mucha polarización, de tensionar la situación, lo que le dio grandes réditos electorales, pero a nivel social es un error». Considera que la posición del PP respeto al conflicto catalán «se ha demostrado un fracaso, porque Rajoy, al igual que Puigdemont, no ha usado la política para resolver los problemas, no hacer nada y judicializarlo todo no ha llevado a ninguna parte y complica más la situación».

Blanco Valdés considera desleal a Sánchez y Queralt aplaude el diálogo

Blanco Valdés asegura que «las diferencias fundamentales entre los partidos constitucionalistas son las que existen entre el PP y Ciudadanos, de un lado, y el PSOE, del otro». Para este catedrático, «los socialistas han cometido dos deslealtades imperdonables desde el punto de vista democrático: primero, culpar del problema catalán tanto a los rebeldes como al Gobierno que los combatió con todas las armas legales disponibles; segundo, haber aceptado ir a una moción de censura con los votos de dos partidos golpistas, ERC y PDECat, cuyos principales dirigentes están en prisión provisional pendientes de un juicio por gravísimos delitos; y estar hoy, de hecho, gobernando con el apoyo de ambos partidos». Esto, en su opinión, constituye «una demostración de deslealtad constitucional, que no soy capaz de entender cómo puede ser aceptada por una gran parte del PSOE, la misma que forzó la salida de Sánchez para evitar que pudiera hacer exactamente lo que está haciendo: gobernar con los separatistas».

La profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona y directora editorial de Agenda Pública Argelia Queralt señala que «la posición del PSOE no tiene nada que ver con la del PP» y considera acertada y necesaria la apuesta por el diálogo de Pedro Sánchez, porque «lo que hay que hacer es calmar los ánimos, pero el Gobierno de Torra da poco juego al respecto». Y recuerda que en las pasadas elecciones «la posición dialogante del PSC y de los comunes, de tratar de tender puentes e intentar romper la polarización que existía entre los independentistas y Ciudadanos, no surtió efecto».

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