El ascenso del jefe de los servicios secretos desata una borrasca sobre el SPD

Los socialdemócratas piden a su líder que paralice la patada hacia arriba de Maassen


Berlín / corresponsal

14.157 euros. Ese será el sueldo mensual que recibirá en calidad de secretario de Estado Hans-Georg Maassen, que hasta ahora cobraba 11.577 como director de la Oficina federal para la Protección de la Constitución, el nombre que reciben en Alemana los servicios secretos de Interior. Un ascenso bien retribuido para el polémico jefe de la inteligencia, que minimizó la ola de protestas xenófobas que tienen lugar en Chemnitz y otras ciudades del este del país desde finales de agosto, a raíz del apuñalamiento de un alemán presuntamente a manos de extranjeros.

Maassen llegó a cuestionar la autenticidad de un vídeo que reflejaba las persecuciones de demandantes de asilo por parte de ultraderechistas violentos e incluso contradijo a la propia Angela Merkel, al rechazar que se hubieran producido cacerías de inmigrantes. Por ello, la jefa de la gran coalición se vio obligada a destituirle, tras consensuarlo en una reunión a tres bandas el martes con los líderes del SPD, Andrea Nahles, y de la CSU, Horst Seehofer. A cambio, y contra todo pronóstico, le han nombrado secretario de Estado en el ministerio de Interior.

Maassen, que seguirá en funciones posiblemente unas semanas más hasta que encuentren a un sustituto, pasará a responsabilizarse de la policía federal, la ciberseguridad y la seguridad pública. Así lo explicó ayer en rueda de prensa Seehofer, el titular de Interior y el único que siguió defendiendo hasta el final al deslenguado jefe del espionaje alemán, pese a su evidente connivencia con la ultraderecha.

Eso sí, Maassen no se encargará de supervisar los servicios secretos internos, un organismo cuya reputación ha quedado seriamente dañada y para el que aún no se barajan candidatos. «Nadie puso nombres sobre la mesa», declaró el también líder de la CSU bávara y considerado el socio más crítico de Merkel. Asimismo, Seehofer dejó claro que él no buscaba la dimisión del ya exjefe de inteligencia. Fueron los socialdemócratas «los que impulsaron esa vía», subrayó.

Gato por liebre

Sin embargo la promoción de Maassen, que se presentaba para la canciller como una solución de compromiso para mantener contentos a sus dos socios, ha abierto una nueva brecha en el SPD que amenaza una vez más a la alianza de Gobierno. «No vendáis a la gente gato por liebre. No cuela», denuncio el líder de las juventudes socialistas. Kevin Kühnert, que representa al ala más izquierdista del partido, tachó la maniobra de «bofetada en la cara de los que día a día asumen con todas sus consecuencias la responsabilidad de sí mismos y de sus actos».

El espía cobrará ahora 14.157 euros al mes, 2.580 más que en su anterior cargo También se expresaron en la misma línea el secretario general y el vicepresidente de la formación. En Twitter, Ralf Stegner escribió que la paciencia con esta gran coalición se ha vuelto «extremadamente pequeña». La presión se cierne sobre la líder socialdemócrata, quien dio el visto bueno al ascenso de Maassen, consciente de que romper la coalición debilitaría en primera instancia a su propio partido en las elecciones regionales de octubre en Baviera. «El SPD no puede sacrificar el Ejecutivo solo porque Seehofer contrate a un funcionario al que consideramos incapacitado», razonó Nahles en un escrito dirigido a sus correligionarios. Estos exigen paralizar la promoción del antiguo jefe de espionaje, que además requiere la prejubilación del secretario de Estado, el socialista Gunther Adler, para cederle su puesto.

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