Filipinas: la esperanza como parte meteorológico

El asturiano Bernaldo Barrena relata su vivencia de la llegada del tifón Ompong desde la capital filipina de Manila


Noche cerrada; las palmeras se agitan con furia. Viento y lluvia golpean contra el asfalto mientras, en medio de la calle, un vendedor de alimentos intenta seguir haciendo su trabajo. Si esto fuese una película, aterrizarían varios helicópteros. Pero esta no es una película ni hay helicópteros: es un tifón. Trabajo en Manila, cerca de la costa. Hago una llamada que recorre miles de kilómetros hacia España. Hablo con mi madre y le digo que todo está bien, que no estoy preocupado. Mentirle a tus padres siempre resulta tranquilizador.

Cuenta una leyenda filipina que, en el principio de los tiempos, el gran dios Bathala decidió dar forma al universo porque quería crear algo hermoso. Filipinas es tan hermosa como una buena canción. Difícil de describir, fácil de cantar.

Porque todos los filipinos cantan. Cantan cuando trabajan, cuando tienen tiempo libre. Incluso cantan al hablar. En su idioma, la musicalidad de la palabra es casi tan importante como la palabra misma. Como dice mi mujer, todos los filipinos aman la música, aunque la música no siempre ame a todos los filipinos por igual.

El tifón es como una mala canción, muy violenta. Pero los filipinos saben como defenderse, tienen las armas del que se ha enfrentado a la naturaleza una y otra vez. Además de los planes de prevención, contingencia y evacuación, está la Administración de Servicios Atmosféricos, Geofísicos y Astronómicos: PAGASA. En tagalo significa «esperanza». Pocas cosas pueden derrotar el optimismo de una nación que dice esperanza cuando quiere decir parte meteorológico.

Otra palabra mágica: Bayanihan. El Bayanihan es el espíritu de una comunidad. Una norma social, una obligación. Quien más sufra será socorrido por el que menos lo haga. Vecinos que ayudarán a otros vecinos, familias que protegerán a sus miembros. En Filipinas, los lazos fuertes son la red de seguridad que, en ocasiones, el Estado no llega a tejer.

Tras el paso de Ompong, la perla de Oriente comienza con las curas. Un episodio más en una historia de resistencia. La historia de un pueblo capaz de cantar ante la adversidad, de ayudar a quien sufre, de acoger a quien necesita resguardo. Recuerdo que un grupo musical de los ochenta bendecía las lluvias en Africa. Yo no tengo el suficiente aplomo como para bendecir la lluvia en Filipinas, pero sí bendigo a los filipinos que, ahora y siempre, cantarán sin importar el tiempo que haga.

Comentarios

Filipinas: la esperanza como parte meteorológico