Corbyn espera a los «brexiters»

Confía en que el rechazo al «brexit» de May la aboque a las urnas


liverpool / colpisa

A seis meses de la marcha de la UE la extraordinaria evolución de la política británica ha dejado al país en peligro, según el propio Gobierno, de que no haya acuerdo y ante la posibilidad de que los euroescépticos irredentos se sumen a los laboristas en votar contra un acuerdo con Bruselas basado en las ideas de Theresa May.

Aún más extraordinario, los laboristas creen que en esas circunstancias podrán forzar la convocatoria de elecciones y ganarlas con la promesa de ser «el gobierno más progresista de la historia británica», según la descripción de Dawn Butler, responsable de Mujeres e Igualdades en la primera fila de la oposición. Probablemente no lo sería, pero el programa es un cambio radical.

El Gobierno británico más socializante fue el presidido por Clement Attlee. Creó el servicio público de sanidad y la seguridad social, nacionalizó el Banco de Inglaterra, las minas, el ferrocarril, la electricidad, el gas, el acero. La expansión económica y demográfica habían creado masas proletarias, decepcionadas tras el incumplimiento de promesas al fin de la Primera Guerra Mundial.

El contexto de aquel Gobierno de Attlee, en 1945, era el gran esfuerzo nacional de la Segunda Guerra Mundial. Y el consenso sobre las estructuras creadas entonces se extendió hasta el tiempo de Thatcher. La atrofia económica que llevó al Gobierno laborista a buscar ayuda del FMI, en 1976, sería el gran trauma que favoreció el cambio. Las circunstancias actuales afectan a los servicios públicos y a las expectativas de millones de habitantes en países dañados por la crisis financiera. Los laboristas añaden a los estragos de aquel colapso los causados por la austeridad. Corbyn afirmó ayer, en su discurso de clausura de la conferencia laborista, que ahora «nosotros representamos el nuevo sentido común de nuestro tiempo».

Su programa prevé renacionalizaciones, subidas de impuestos y de salarios, forzar la representación accionarial de los empleados. Añadió ayer una gran extensión del servicio público de guardería y notables inversiones y creación de empleo (400.000), acelerando los plazos de la descarbonización en la generación de energía...

Es el momento que he esperado toda mi vida», dijo el martes Dave Prentis, secretario general del sindicato Unison. Más allá de esa faceta mesiánica, Jeremy Corbyn es un orador con chistes sosos y acuña expresiones infantiles. «Movimientos por el cambio social como Momentum y The World Transformed (que le apoyan) son mucho más fuertes que el sistema económico actual», escribe en Twitter. La firmeza, que sus seguidores asocian a honestidad, son notables. Tras sufrir el verano una acusación persistente de antisemitismo, él y sus aliados se han expresado estos días con nitidez contra el racismo. Y han insistido en incluir un debate sobre Palestina. Corbyn anunció que un Gobierno suyo reconocería al Estado palestino.

Fue elegido por casualidad pero ha conectado con el rechazo al sistema que también explica el brexit. Cree Corbyn que algunos conservadores «lo ven como una oportunidad para imponer un shock doctrinario de libre mercado». A esos brexiters no les parece mal que no haya acuerdo y Corbyn dice que sería un «desastre nacional». Pero los necesita en las próximas semanas para derribar a May. Tendría luego que forzar elecciones, derrotarles a ellos y llegar al Gobierno.

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