Sánchez ya busca excusas para convocar

El plan de formar un Gobierno capaz para convertir la legislatura en una campaña electoral hasta el 2020 falló desde la base

Pedro Sánchez durante su intervención en la Asamblea General de la ONU
Pedro Sánchez durante su intervención en la Asamblea General de la ONU

Madrid / La Voz

La moción de censura contra Mariano Rajoy presentada por Pedro Sánchez fue una de las operaciones más audaces de la democracia. De la noche a la mañana, un político lastrado por el hecho de tener que liderar la oposición desde fuera del Parlamento, al no ser diputado, pasaba a ser presidente del Gobierno. Consciente de que con 84 diputados es imposible cumplir un programa electoral para el que no dispone de mayoría, el objetivo, diseñado por el estratega político Iván Redondo, gurú de Sánchez como antes lo había sido del popular Monago y de quien pagara sus servicios, era convertir los dos años que restan de legislatura en la campaña electoral más larga de la historia. En resumen, se trataba de formar un Gobierno de personas supuestamente capaces que no asustaran a los mercados ni a los sectores moderados del socialismo; implementar una fuerte campaña de imagen para otorgar a Sánchez una pátina presidencial; plantear cuestiones de gran calado social que Podemos no pudiera rechazar y un discurso dialogante con el independentismo catalán que impidiera que este se echara al monte. Un cóctel con el que Sánchez daba por hecha la aprobación de los Presupuestos, lo que le permitía presentarse en las urnas en el 2020 como un hombre de Estado, y no solo como un político astuto capaz de renacer una y otra vez de sus cenizas.

Ese plan, o si se prefiere ese cuento de la lechera, ha fallado con estrépito porque el primer ladrillo, el de formar un Gobierno que demostrara estar preparado para asumir el timón del país, estaba mal puesto. Redondo ha visto demasiados capítulos de El ala oeste de la Casa Blanca. Su audacia fue excesiva, con torpezas como nombrar ministro al farandulero Màxim Huerta, que solo duró una semana, u ofrecer la cartera de Ciencia y Universidad a un astronauta que, más allá de sus problemas con Hacienda, tenía nula experiencia de gestión y aún menor capacidad de expresión oral. Ello, unido a decisiones temerarias como entregar Justicia a la fiscala Dolores Delgado, mano derecha del maniobrero juez Baltasar Garzón, sediento de vengar su inhabilitación, y enemiga además de la titular de Defensa, Margarita Robles, ha dado como resultado lo contrario de lo que se proponía Sánchez, demostrando que su Gobierno es un grupo heterogéneo, improvisado y sin fiabilidad.

De ahí que la estrategia haya virado por completo y que el plan de Sánchez ya no sea resistir a toda costa hasta el 2020, a pesar de lo que digan él y sus acólitos, sino buscar excusas para disolver las Cortes y presentarse como una víctima a la que no dejaron gobernar. Sánchez sabe ya que no va a aprobar los Presupuestos para el 2019. Podemos también lo sabe y prepara su propio golpe de efecto para marcar distancias. Y amenazar al independentismo catalán con llamar a las urnas si no aprueba las cuentas públicas es ya una forma de empezar a preparar el terreno para el adelanto. A Torra y los suyos poco les afectan ese tipo de amenazas, porque para ellos la norma es cuanto peor, mejor. De ahí que el clima de diálogo y buenismo que puso en práctica Sánchez vaya a dar un giro radical en muy poco tiempo, antes de convocar culpando a otros de su fracaso. 

El último CIS es uno de los más criticados de la historia

El CIS ha sido siempre en España un arma en manos del Gobierno de turno, que controla de una u otra manera sus sondeos. Algo que, desgraciadamente, ha servido tradicionalmente para que se pongan en cuestión los resultados de una encuesta que es sin duda la más seria de cuantas se realizan en España por la amplitud de la muestra. Gobiernos ha habido a los que se ha acusado de otorgar a su partido un resultado más bajo del que corresponde para de movilizar así a sus bases. Otros han hecho lo contrario, cargar la mano en sus expectativas. Pero no se recuerda una encuesta del CIS que haya logrado un escepticismo generalizado como la que otorga diez puntos de ventaja al PSOE sobre el PP.

Feijoo desconcierta con una crisis sin un objetivo claro

La esperada remodelación del Gobierno de la Xunta llevada a cabo por Alberto Núñez Feijoo ha sembrado el desconcierto, no solo entre sus rivales políticos directos, por las dificultades para interpretar el sentido de la misma. No se trata de cambios de gran calado que permitan hablar de una revolución con un objetivo concreto o tapar graves fugas de agua. Pero es evidente que algún objetivo hay detrás de ese movimiento, cuyas claves pueden permanecer ocultas por ahora incluso para los más cercanos colaboradores del líder del PPdeG. Una vez más, Feijoo ha movido ficha sin que nadie pueda decir que está preparando su retirada o si esta asegurando su continuidad. Eso lo da la experiencia.

El PNV teme volver a ser clave para la estabilidad en Madrid

Una vez más, el PNV aparece como un actor principal de la política española, a pesar de contar solo con cinco escaños y de que el especial régimen fiscal del que disfruta la comunidad autónoma vasca permita al Gobierno de Vitoria mantener una política bilateral de hecho con el Gobierno, sin que le influya demasiado el interés de otros partidos o de otras comunidades. Si los nacionalistas vascos acabaron sumándose a la moción de censura contra Rajoy, una vez que arrancaron compromisos en los Presupuestos, por el miedo a quedar como los únicos que sustentaban el Gobierno del ex líder popular, ahora marcan distancias con Sánchez porque temen también ser decisivos para su continuidad.

El PNV exige a Sánchez que cumpla lo pactado porque su paciencia se agota

Gonzalo BAreño

Teme que un adelanto electoral deje al País Vasco sin las inversiones prometidas

Las cosas se le siguen complicando al presidente del Gobierno, Pero Sánchez. A la crisis provocada por la dimisión de la ministra de Sanidad, Carmen Montón, la difusión de las grabación de una conversación de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, con el comisario de policía jubilado José Manuel Villarejo y las dudas sobre el comportamiento fiscal del ministro de Ciencia y Universidades, Pedro Duque, se sumó ayer la presión del PNV, uno de los socios imprescindibles para formar una mayoría en el Congreso, que exigió al jefe del Ejecutivo el cumplimiento de los compromisos adquiridos a cambio de su voto a favor en la moción de censura, bajo amenaza de dejarlo caer. Unos compromisos cuya existencia, por otra parte siempre ha negado el líder socialista.

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