Nadia Calviño: «Ningún trabajador de la minería se quedará sin protección, se hará un plan social y habrá ayudas a la reconversión»

La ministra de Economía señala que, aunque el detalle de las inversiones no se concretará hasta las próximas semanas, «sí está claro es el compromiso del Gobierno con la sociedad asturiana»


Arrancó la semana Nadia Calviño en A Coruña, la ciudad que la vio nacer hace justo 50 años (los acaba de cumplir este mes), y la acaba en un despacho de Madrid perfilando los primeros presupuestos del Gobierno de Sánchez, unas cuentas que, con el trazo grueso, remitirá y defenderá a partir del lunes en la Comisión Europea, institución que conoce al detalle. Esta entrevista se inició precisamente en A Coruña, y se terminó en los últimos días, tras el acuerdo del Ejecutivo con Podemos.  

-¿Agotarán la legislatura?

-Es la intención del presidente.

-¿Aunque no logren sumar más apoyos que el de Podemos  para los Presupuestos?

-Estamos trabajando con toda nuestra determinación para sacarlos adelante. Desde el primer día este Gobierno se ha planteado que lo importante  es proponer, dialogar y actuar, y no dejarse amilanar por los obstáculos. No podemos renunciar simplemente porque algo sea difícil.

-En el documento que se remitirá a Bruselas, ¿se cuantificará el coste de todas las subidas pactadas con sus socios?

-El borrador de plan presupuestario tiene que cuantificar, dentro de lo posible, las distintas medidas de ingresos y gastos.

-¿Se ha contado con el Ministerio de Economía para este acuerdo con Podemos?

-Una característica de este Gobierno es la excelente relación que tenemos las ministras de Economía y de Hacienda. No sé si esto ha sido así en el pasado, pero ahora nuestros equipos trabajan de forma muy integrada, y nosotras estamos en contacto permanentemente para estar perfectamente coordinadas, ya sea en negociaciones en España o en el ámbito internacional.

-¿De cuánto será el ajuste presupuestario que se enviará a Bruselas? ¿El recorte será mayor en el 2019 o en el 2020?

-Tal y como hemos venido señalando desde julio, estamos comprometidos con una reducción del peso de la deuda pública sobre el PIB. Para ello, no podemos seguir confiando únicamente en el crecimiento económico, como se ha hecho en los últimos años. Hay que hacer ajustes estructurales, que permitan tener una base de ingresos más sólida, lograr un superávit primario y poner la deuda en una senda de reducción más ambiciosa. El objetivo de déficit para 2019 del 1,8 % nos parece el adecuado. Es una senda de reducción ambiciosa, pero realista, y sin que ponga en riesgo el crecimiento económico. Hasta el Fondo Monetario Internacional ha señalado que se trata de un objetivo crucial y apropiado.    

-¿Qué ajustes se harán para llegar a esa cifra de déficit?

-Lo que uno constata cuando ve el sector público es que tenemos unos ingresos sobre PIB del 38 %, siete puntos por debajo de la media de la UE. Es un elemento relevante para tener un nivel básico de ingresos. Pero es que en los últimos años se han tomado medidas que han reducido las fuentes de ingresos, como la reforma del 2015, que ha costado más de 12.000 millones de euros en dos años. Sin esa reforma, nuestro déficit y deuda podrían ser menores. Hay que adaptar el sistema fiscal al siglo XXI, para que sea más justo y sólido.

-¿Pero la mejora de ingresos no es más efectiva cambiando todo el IRPF, en lugar de subidas puntuales, o a determinados colectivos?

-El hecho de que pudiera ser deseable hacer una reforma en profundidad no debe impedirnos tomar determinadas medidas inmediatas para que se produzca ese ajuste estructural, y tengamos una base más sólida de ingresos públicos. A corto plazo ya podemos tomar determinadas medidas para que las grandes empresas paguen más que las pequeñas, que los grandes receptores de renta paguen más que los pequeños, que se graven determinadas fuentes de renta que hasta ahora el sistema impositivo no recogía como son los ingresos de las grandes plataformas digitales...

-Esos cambios impositivos, como el del diésel, o a los impuestos la banca, no son neutros: el primero afecta a todas las rentas, y el segundo puede suponer que suban las comisiones. Es decir, no solo van a pagar más los que más tienen.

-El ámbito de la imposición energética es un terreno en el que la mayoría de los países está tomando medidas, sin un afán recaudatorio, sino medioambiental. Lo que cabe cuestionarse es que ahora haya incentivos al diésel en comparación con la gasolina. No se trata de una cuestión principalmente recaudatoria ni una idea exclusiva de este gobierno. La reforma impositiva no tendrá efecto sobre las clases trabajadoras. Buscamos aquellos elementos que menos impacto tengan desde ese punto de vista.

-Con el diésel se castiga a gente que no puede cambiar de coche. Y lo mismo con la banca, puede afectar a todos los ciudadanos.

-En el caso de la banca, es un sector que tendrá una aportación mayor a los ingresos públicos por el impuesto de sociedades. También se va a establecer un impuesto a las transacciones financieras. Hay que ser muy claros con esto, el impuesto no gravará las operaciones habituales de los ciudadanos: no gravará sacar dinero del cajero o hacer una domiciliación... Hablamos de operaciones de compraventa de acciones, con un ámbito de aplicación muy bien definido; un impuesto que ya existe en países como Francia, con buen resultado de  recaudación y sin impacto negativo en la gran mayoría de la población.

-La intención es lograr más ingresos a partir de 130.000 euros en el IRPF, pero no parece que se vaya a lograr tanto... Y las grandes fortunas tienen herramientas para tributar menos.

-Lo que estamos haciendo es tratar de hacer un sistema fiscal más progresivo, que paguen más quienes más tienen. Ese elemento se había perdido, y estamos articulando que el sistema impositivo en el futuro sea así; que sirva para ajustar las cuentas públicas pero también en términos de justicia social.

-¿Fue mala idea bajar los impuestos por parte del PP?

-Es muy cuestionable tomar esa decisión en un momento de déficit público por encima del 5 %  y una deuda pública próxima al 100 %.

-¿En el documento para Bruselas,  ¿va ir detallada la subida de las pensiones vinculada al IPC, que usted al principio no dejó claro?

-Es un anuncio claro por parte del Gobierno: se subirán este año y el año que viene con arreglo al IPC.

-¿Y a partir del 2020?

-Lo deseable es que las pensiones públicas siempre se actualicen con arreglo  al IPC para que no haya pérdida de poder adquisitivo por parte de los pensionistas. En esto estamos trabajando.

-Es lo deseable. Pero, ¿lo realista, teniendo en cuenta cómo está la Seguridad Social?

-Como he dicho muchas veces, no se puede llegar a conclusiones apresuradas en este ámbito tan complejo. A corto plazo, actualizar al IPC no es cuestionable, los pensionistas pueden estar tranquilos. Pero es que, además, lo deseable es que las pensiones sean dignas dentro de 20, 30 ó 40 años, a largo plazo. Y para eso hay que mirar más elementos: cómo evoluciona el empleo, las cotizaciones, la demografía... para garantizar un sistema sostenible a largo plazo. Para nuestros hijos y nietos.

-¿Qué respuesta espera de Bruselas cuando le llegue esa subida de impuestos, volver a vincular las pensiones al IPC, la subida del salario mínimo...?

-Un mensaje de confianza en que el Gobierno español quiere avanzar en responsabilidad fiscal, introducir ajustes estructurales para reducir el déficit público, y en nuestra determinación para que esto se conjugue con una política social que lleve a un crecimiento inclusivo, que llegue a todos. Las reacciones de nuestros socios e instituciones comunitarias son muy positivas, porque esa agenda de crecimiento inclusivo es coincidente con la que se apoya desde Bruselas y desde otros organismos internacionales.

-¿No teme tirón de orejas desde la UE, porque vea algunas políticas contrarias a lo que espera, sobre todo por el incremento de gasto?

-Todo dependerá de cómo sea el marco conjunto de los Presupuestos, cómo se ajuste el déficit, cómo se articulen los gastos e ingresos... La normativa comunitaria da margen a los Estados para definir sus prioridades políticas.

-La inversión de los presupuestos del Estado en Asturias se desplomó un 80% durante el Gobierno de Rajoy. Se pasó de 1.019 millones en el 2009 a 232 en el 2018. ¿Cuál es su previsión para los presupuestos que está elaborando?

-De momento, los Presupuestos no están cerrados. El detalle de las inversiones tendrá que ser concretado en las próximas semanas. Pero lo que sí está claro es el compromiso del Gobierno con la sociedad asturiana.  

-Siguiendo con Asturias: el cierre de la minería y de las centrales térmicas va suponer la pérdida de miles de empleos y de riqueza regional. ¿Cómo puede Asturias afrontar esta nueva reconversión?

-La cuestión fundamental es que la transición no deje a nadie atrás. Se trata de un compromiso que este Gobierno adquirió desde el primer día y que se materializará en una Estrategia de Transición Justa dirigida a los colectivos y las comarcas que se vean más afectadas. El Ministerio para la Transición Ecológica trabaja en ella y, en paralelo, está atendiendo las situaciones que requieren de acción urgente. Entre ellas, las de los trabajadores que se vean afectados por los posibles de cierres de minas a final de año como consecuencia de la aplicación de la normativa comunitaria. Hay una mesa de negociación abierta, con contactos muy fluidos y esperamos poder llegar a un acuerdo lo antes posible. El objetivo siempre será este: que ningún trabajador se quede sin protección. Asimismo, se hará un plan social y se prevén ayudas a la reconversión.

«Las bases de nuestro crecimiento son ahora más sólidas que en el pasado»

Llega la ministra Calviño a la cartera de Economía en un momento en el que España deja atrás el crecimiento al 3 %, y con varios organismos avisando de una desaceleración (ella habla de moderación de crecimiento) global.

-¿Es más fuerte de lo esperado? ¿Cuánto le preocupa?

-Cuando a una le dan la cartera del Ministerio de Economía y Empresa parece que se la dan llena de preocupaciones. Y yo por definición tengo que estar atenta a cualquier riesgo alrededor, a cualquier signo preocupante. En este momento, la coyuntura es positiva. La economía española presenta un crecimiento robusto, hay un consenso nacional e internacional con respecto a que se va a mantener ese crecimiento,  a tasas notables, por encima de los países de nuestro entorno. Hay riesgos a la baja, claro, en el ámbito internacional, relacionados con mercados emergentes, la normalización de la política monetaria, el brexit, las tensiones comerciales... Pero la moderación del crecimiento es algo previsto, y acorde con el ciclo económico.

-¿Y cuál es el riesgo que más le desvela, por orden? La guerra comercial, el brexit...

-Todos son preocupantes, porque todos pueden generar incertidumbre. Y cuando hay incertidumbre, se retraen decisiones de inversión. Dependiendo del momento puede preocupar más uno u otro. Seguimos con atención todos, desde la situación de los mercados financieros hasta el brexit, el petróleo y su impacto en los precios de la energía... Todo interactúa, no se puede aislar.

-¿Imagina un brexit sin acuerdo?

-De momento, esperamos que haya  un buen acuerdo. Es lo mejor para todos, empezando por el Reino Unido.

-¿En qué dato hay que poner más el foco? Que bajen las exportaciones, que no lleguen más turistas...?

-La evolución de las exportaciones es clave, porque nuestra economía ha tenido un tirón muy relevante por el sector exterior. A medida que se recupera la demanda interna es normal que aumenten las importaciones. Por eso es importante que siga creciendo el comercio exterior. Esto es particularmente relevante cuando vemos una desaceleración del comercio mundial. La evolución de las exportaciones la seguimos muy de cerca. Sobre el turismo, seguimos teniendo  unas cifras muy importantes de visitantes, al mismo nivel que el año pasado -que fue récord- en los primeros ocho meses del año. Y lo que observamos es un aumento del 10 % del gasto por turista. Hay que avanzar en turismo de más calidad, con más ingresos, y no solo por número de visitas.

-¿Crecimiento robusto es seguir dependiendo de turismo, de las exportaciones y de la construcción? No hay cambio de modelo...

-El modelo que está teniendo España es más equilibrado que en otros momentos de la historia. Precisamente porque el crecimiento está siendo impulsado tanto por la demanda interna como por la externa. Ahora mismo no estamos presentando los déficits de cuenta corriente que hemos tenido en otros momentos. Y en la demanda interna, el crecimiento está siendo sustentado tanto por el consumo como por la inversión, que muestra un importante dinamismo. La foto fija muestra que las bases son más equilibradas y sólidas.

-El consumo interno se puede retraer si hay desaceleración...

-Lo que vemos es una moderación de crecimiento, pero tanto ,el consumo como la inversión siguen creciendo a tasas importantes en lo que va de año. No vemos una ralentización preocupante de esos indicadores. Se mantiene la confianza de las empresas, se ha moderado algo la de los consumidores, pero no hay un cambio de tendencia. Tras tantos años de crisis, ha habido un efecto rebote del consumo y  la inversión, que se irá agotando, pero que de momento sigue creciendo: en el segundo trimestre, la inversión en bienes de equipo creció un 10,8 %.

-Sigue habiendo gente que se queda atrás, cuando la economía crece al 3 %. ¿Qué pasará cuando crezca al 2,2%? Puede ser peor...

-Esa es una de nuestras grandes preocupaciones: a pesar del fuerte crecimiento de estos años, no se han solventado algunos importantes desequilibrios. El paro sigue siendo muy elevado, al igual que la deuda pública, y el nivel de desigualdad no se ha reducido lo deseable. El objetivo es reducir esas brechas, de género, salariales, incluso geográficas... Hay que abordarlas ahora con un crecimiento robusto. Porque si llega una nueva crisis en el futuro hay que tener una sociedad más cohesionada y resistente.

-¿La futura crisis vendrá por elevado nivel de deuda pública? Con el cambio de política del BCE puede ser un problema, empezando por España.

-Por partes: un cambio de política monetaria, volviendo a la normalidad, es lo deseable. Tener tipos de interés negativo no es positivo para la sostenibilidad de la economía, ni incentiva el ahorro. Que se vaya paulatinamente normalizando la política monetaria es bueno, positivo y deseable. Desde la perspectiva española, lo importante es tener una base sólida para esa transición. Otra cosa es decir de dónde vendrá la próxima crisis. Y es difícil saberlo. Por eso es importante ver todos los desequilibrios, y no dejar ninguno de lado, incluso los que puedan parecer menos relevantes, como las desigualdades sociales. Es muy importante esa visión de conjunto para poder anticipar riesgos

-¿La deuda es uno de esos riesgos?

-La alta deuda pública es uno de los desequilibrios más importantes de la economía española. El Gobierno está decidido a reducirla y para ello hay que reducir el déficit público y, sobre todo, hacer ajustes estructurales en el sector público. Algo que no se ha  hecho estos últimos años, porque solo se ha fiado la reducción del déficit al ciclo económico, al crecimiento, y eso no es sostenible a medio plazo.

-¿Cuánta preocupación le llega desde Bruselas por la situación en Cataluña y su impacto en la economía de ese territorio, y de toda España?

-El grado de preocupación es hoy muy inferior al de hace un año.

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