La UE no dará más tiempo a May si no presenta propuestas sobre el «brexit»

Pesimismo en Bruselas sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo dentro del plazo

rita á. Tudela
bruselas / londres

«No habrá acuerdo de salida sin una solución de emergencia (para Irlanda). Es jurídicamente vinculante. Eso no va a cambiar de cara al acuerdo». Es el mensaje tajante que el Consejo Europeo ha hecho llegar a la primera ministra británica, Theresa May, en las horas previas al arranque de la cumbre europea que se celebra hoy en Bruselas. La cita en la capital comunitaria pretendía ser la última oportunidad de los británicos para desbloquear las negociaciones del brexit. Una oportunidad que ya se puede dar por desperdiciada por las batallas internas en el Ejecutivo de May. «No hay terreno para el optimismo», aseguran fuentes comunitarias.

La líder británica ha tenido que dar marcha atrás en los compromisos adquiridos con la UE por la presión del ala dura de su partido. Este quiebro ha dejado en un limbo el «gran fleco» del brexit: la solución para evitar una frontera dura entre las dos Irlandas. «En ausencia de soluciones acordadas, Reino Unido mantendrá pleno alineamiento con las normas del mercado interior (de la UE) y la Unión Aduanera», pactaron el pasado diciembre los Veintiocho. Una promesa que May ha roto para indignación del negociador europeo, Michel Barnier, quien ayer insistió en la necesidad de presionar a Londres para «encontrar un acuerdo global en las próximas semanas».

El plazo concedido por la UE expira hoy. Los 27 líderes se sentarán esta noche alrededor de la mesa de negociaciones frente a un documento en blanco. Y de ellos dependerá conceder tiempo extra a May para poder desenredar el entuerto. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, fue muy claro ayer. «Si May no da muestras renovadas de querer resolver el problema, no habrá cumbre en noviembre. «Necesitamos nuevos hechos. Pediré a la primera ministra británica que presente una propuesta para salir del impasse», señaló. El polaco quiere un plan claro. Ha llegado el momento de la verdad. Se acabaron los juegos de palabras, las «soluciones creativas» y el estrujar los compromisos hasta desvirtuarlos. Las trampas británicas ya no tienen espacio en Bruselas. «El problema está claro: Se trata de la cuestión irlandesa y el problema fronterizo. El reloj sigue corriendo y necesitamos prepararnos para un escenario negro. Espero que May presente algo lo suficientemente creativo para solucionar el bloqueo», sostuvo.

La UE demanda a Londres que cumpla con las normativas fitosanitarias, medioambientales y laborales que rigen en el bloque. La razón es simple: Si el Reino Unido impone sus propias normas, los Veintisiete se verán obligados a levantar controles y barreras físicas a la entrada de bienes y servicios procedentes de territorio británico. Esa situación podría desencadenar disturbios y violencia en la frontera entre Irlanda e Irlanda del Norte, un escenario que Londres y Bruselas quieren evitar a toda costa.

Pero el secretario de Estado británico para el brexit, Martin John Callanan, sigue en sus trece. Aseguró ayer en Luxemburgo que su país solo puede aceptar «acuerdos aduaneros temporales». Los Veintisiete le han recordado al unísono que, a falta de una idea mejor, los británicos deberán seguir alineados de forma ilimitada con las normas de la UE para garantizar la ausencia de una frontera dura en Irlanda. La alternativa es el caos, la salida desordenada, lo que Bruselas ha bautizado como «brexit duro».

«Estamos extremadamente preocupados por la falta de progresos en la negociación», aseguró ayer el presidente de Business Europe. El secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos, Luca Visentini, arremetió contra la actitud irresponsable del Gobierno británico al que instó a «arreglar» la situación para salvaguardar los empleos a ambos lados del Canal.

«Necesitamos prepararnos para un escenario negro», alerta Donald Tusk

La «premier» evita de momento las deserciones de ministros

Según los medios británicos ascienden a ocho los ministros euroescépticos que se reunieron la noche del lunes en torno a una pizza para pactar la forma de hacer frente a la jefa del Gobierno en el consejo que convocó de urgencia para preparar la cumbre de hoy en Bruselas. Pero los rumores de que algunos o todos ellos podrían dimitir haciendo caso del llamamiento a la rebelión del influyente ex ministro para el brexit, David Davis, no llegaron a concretarse a lo largo de la jornada.

Un portavoz oficial precisó que ningún ministro expresó la intención de abandonar el cargo durante el encuentro. Añadió que en la reunión hubo, además, un fuerte apoyo de los ministros a las intenciones de May de que cualquier acuerdo preserve la integridad territorial del Reino Unido y no deje al país «indefinidamente» en un convenio aduanero con los otros 27 países comunitarios. Pero ahí se acaba la claridad.

No trascendió si el apaciguamiento de los ministros díscolos se debió a que, para ganar tiempo, la premier mantuvo la escurridiza ambigüedad que la caracteriza y evitó concretar con qué propuesta piensa llegar hoy a Bruselas para eliminar el atasco sobre la frontera entre las dos Irlandas. En cualquier caso, parece evidente que May ha salvado el primer asalto del combate que libra con parte de su partido. Evitar lo que habría resultado un bochorno de Estado inédito en la diplomacia británica, esto es, presentarse ante los 27 desautorizada por la marcha de una parte de su Gobierno, es para ella todo un éxito.

Durante el consejo May reiteró que el acuerdo con los 27 sigue siendo posible si el Ejecutivo es capaz de superar sus disensiones. «Estoy convencida de que, si somos solidarios y firmes como Gobierno, podemos lograrlo», afirmó sin llegar a dar pistas de la fórmula que piensa emplear para conseguir dicho objetivo sin ceder a los planteamientos que defendió el negociador europeo, Michel Barnier, en la reunión del domingo con el responsable británico para el brexit, Dominic Raab.

Cualquier acuerdo al que llegue May con Bruselas, si es que llega a alguno, deberá ser votado con posterioridad por el Parlamento, donde la actual correlación de fuerzas no le es precisamente favorable. Pero antes de eso, tendrá que sortear el acoso a que la someten sus correligionarios. Según publicó ayer The Telegraph, un grupo de diputados tories podría presionar al partido para someter a la mandataria a una moción de confianza en el caso de que el compromiso al que llegue con Bruselas no sea de su agrado. Este sector sigue creyendo que es preferible irse de la UE por las bravas, sin acuerdo, a hacerlo con un acuerdo que no les satisfaga.

El presidente de los Comunes dimitirá el verano que viene tras varios escándalos

 

El presidente de la Cámara de los Comunes británica, John Bercow, salpicado por un informe que le implica en una serie de acosos en Westminster, anunció que dejaría su puesto el próximo verano y pidió a los parlamentarios que las quejas sobre mala conducta sean investigadas por un grupo externo, negando las acusaciones publicadas que le señalan por haber abusado de sus exsecretarias Angus Sinclair y Kate Emms.

Bercow respondió así a una pregunta urgente del diputado John Mann y comentó a sus amigos que siempre tuvo intención de renunciar el próximo verano, tras más de nueve años de mandato. A sus 55 años, quiere esperar a que Londres salga de la UE y a que hallen un reemplazo para él.

La presidenta del de Mujeres e Igualdad, Maria Miller, fue una de las dos directoras de comisiones que pidieron su dimisión. Miller cree que no fue correcto que aquellos a quienes se denunciaba pudieran decidir sobre la investigación de Dame Laura Cox, que puso al descubierto la magnitud del acoso sexual, la intimidación y el bulín en Westminster, la gran mayoría dirigida contra mujeres cuyas carreras se vieron afectadas por una falta de acción sobre el tema.

Ofensas casi diarias

En concreto, fueron blanco de las bromas de pandillas de parlamentarios con comentarios lascivos y gestos sexuales y que les hicieron responder preguntas «ofensivas y humillantes» sobre su vida sexual. El personal describió ejemplos casi diarios de algunos parlamentarios que les insultaban cara a cara o por teléfono o eran «rutinariamente desagradables, dominantes o conflictivos» hacia ellas.

La líder de los Comunes, Andrea Leadsom, explicó que haría todo lo que esté a su alcance para «eliminar todas las formas de acoso y hostigamiento», reprochando la actitud de todos los miembros de la Cámara que hayan hecho la vista gorda o permitido cualquier tipo de acoso o intimidación en Westminster.

Desde filas laboristas no respaldarán ningún tipo de propuesta para destituir a Bercow. De hecho, la responsable de Asuntos Exteriores del partido, Emily Thornberry, dijo que no era el momento para un cambio de presidente en los Comunes.

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