Este es el hombre que decidió cerrar Alcoa

Su nombre es Roy C. Harvey y a sus 43 años preside la multinacional norteamericana


Roy C. Harvey, presidente de Alcoa Corporation, es el hombre que ha decidido que las plantas de Alcoa en A Coruña y Avilés se cierren ya. Esta vez va en serio. No dio ningún aviso, solo envió una carta anunciando su decisión. Harvey está casado, tiene hijos y vive en Pensilvania. Con 43 años, solo conoce el éxito. Su compensación anual por su dedicación a la compañía, según Bloomberg, alcanza los 10,72 millones de euros, en la que se integra un goloso paquete de stocks options. Así que cuanto más suban en bolsa los títulos de la empresa más dinero ganará. Se lo merece, sin duda, porque tiene bajo su cargo el futuro de 14.000 familias que viven en 10 países. Dice su biografía que se graduó con honores en la Wharton School of Business de la Universidad de Pensilvania, al tiempo que obtuvo un máster en negocios internacionales y finanzas. Uno de sus primeros empleos fue en la empresa Greenstone Resources, una compañía minera de oro. Después ingresó en Alcoa. ¿En dónde comenzó a trabajar? Fue, según su biografía, en la gerencia de la planta de la fundición de San Cibrao, por lo que se deduce que conoce a más de un trabajador gallego de la factoría. A partir de ese momento, escaló puestos hasta llegar a la cúspide.

Cuando Harvey comunicó el cierre de las plantas de A Coruña y Avilés porque tenían pérdidas, no recordó los antecedentes históricos de la empresa, pese a su importancia. Alcoa se llamaba Inespal cuando el presidente José María Aznar decidió desprenderse de ella. España iba a entrar en el euro y le hacía falta poner bonitas las cuentas del país. Así comenzó un período de grandes privatizaciones. Inespal se vendió el 6 de febrero de 1998 -fecha de intercambio de acciones- por 61.500 millones de pesetas (ojo, pesetas), según recogen las crónicas de entonces. Que también contaban que la norteamericana, que nunca presentó su plan industrial, se comprometió a invertir otros 65.000 millones de pesetas, y que el Estado se haría cargo del 35 % de la deuda, es decir abonaría 23.000 sobre un total de 61.000 millones de pesetas. Además, Alcoa recibiría una cantidad fija a modo de incentivo por el servicio de interrumpibilidad. ¿Quién lo pagaría? Los españoles en su factura de la luz. Y lo siguen pagando, lo que ocurre es que ahora hay una subasta y no recibe una cantidad fija.

En el momento de su venta, Inespal contaba con ocho centros de trabajo repartidos por España, que poco a poco fue vendiendo hasta quedarse con los tres de Galicia (dos) y Asturias, además de las oficinas de Madrid (no se entiende muy bien por qué están en la capital, quizá porque quedan más cerca los ministerios donde siempre hay reuniones cuyo contenido nunca trasciende). Por lo tanto, lo que la historia nos cuenta es que la multinacional compró Inespal por 390 millones de euros, hizo caja con la venta de cinco plantas, al tiempo que estiró la mano para recibir solo en diez años entre 1.000 y 1.100 millones por el servicio de interrumpibilidad. Esos 1.100 millones representan 2,8 veces el importe de compra. ¿Cómo se llama esto? ¿Pelotazo?

Por cierto, el año pasado por motivos técnicos no utilizó el servicio de interrumpibilidad ni una vez.

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