El PP europeo debate si ir más a la derecha o dar un giro liberal

Cristina Porteiro
cristina porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

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El candidato de Merkel, Manfred Weber, a la derecha, junto a Alex Stubb
El candidato de Merkel, Manfred Weber, a la derecha, junto a Alex Stubb Heikki Saukkomaa

Escoge hoy a su candidato para presidir la Comisión Europea

08 nov 2018 . Actualizado a las 08:02 h.

Volantazo a la derecha o giro liberal. Entre esas dos opciones se debate el Partido Popular Europeo (PPE). Con el aliento de los extremistas y los eurófobos en la nuca, sus miembros eligen hoy al que será su candidato a suceder a Jean Claude Juncker al frente de la Comisión Europea. Los dos aspirantes en contienda libraron ayer en Helsinki su primera y última batalla en un debate frío y previsible.

El PPE libra su particular lucha ideológica a siete meses de las elecciones europeas. La familia democristiana tendrá que elegir entre el conservadurismo del candidato de Merkel, el alemán Manfred Weber, y la alternativa liberal, encarnada por el ex primer ministro finlandés, Alex Stubb.

La primera opción vence en las encuestas. Y lo hace porque sus miembros están dispuestos a endurecer sus posiciones para frenar la sangría de votos hacia la extrema derecha. Consciente de la urgencia de demostrar a su electorado que el PPE aún tiene espacio para escorarse más a la derecha, Weber centró su programa en el endurecimiento de las políticas migratorias, en garantizar una mayor seguridad, reforzar la identidad «cristiana» e incluso tender la mano a formaciones extremistas como el FPÖ austríaco o la Liga Norte italiana.

Como buen táctico, el alemán siempre ha sabido mantener una posición ambigua hacia los continuos ataques acometidos por el líder magiar, Viktor Orban, contra la democracia húngara. Aunque Weber apoyó iniciar el procedimiento para la suspensión del voto de Hungría en el Consejo, se negó a expulsar al controvertido dirigente de la familia política. Los cálculos políticos primaron sobre otras consideraciones. Él se defendió ayer alegando que «no podemos hablar en términos de blanco o negro» y que los compromisos puntuales con otras fuerzas «no son una señal de debilidad».

Stubb representa a una minoría de democristianos más escorados hacia el liberalismo. El «ironman» (completó esta modalidad deportiva) del PPE sabe lo que es gobernar y hacerlo además con ultranacionalistas euroescépticos. No le han quedado ganas de repetir. Quizá por eso se aferra ahora a la defensa a ultranza de los valores europeos. No quiere dejar espacio a los peligrosos vacíos de poder: «Debemos defender nuestros valores a toda costa. Si se pierden, es muy difícil volver atrás», sostuvo.

Su elección facilitaría el consenso con otras fuerzas más centristas como los socialdemócratas o los liberales. Teniendo en cuenta el desplome del conservadurismo en la UE (controlan siete de las 28 cancillerías europeas), la de Stubb podría ser la mejor opción para tejer alianzas en el Consejo y lograr así colocar a otro conservador al timón del Ejecutivo comunitario.