La ola ultra impregna a Holanda de odio

Los expertos alertan del aumento de la violencia asociada a los movimientos identitarios

Manifestación contra el ultra Wilders en Ámsterdam
Manifestación contra el ultra Wilders en Ámsterdam

Bruselas / corresponsal

El nacionalismo «es relativista, dado que la única verdad es el resentimiento que sentimos cuando contemplamos a los demás», asegura Timothy Snyder en su libro Sobre la tiranía. Envuelto en la bandera de la superioridad identitaria, el miedo y el odio por el extranjero, el ultranacionalismo ha vuelto a inflamar los corazones de los europeos. Los ataques xenófobos se multiplican, alimentados por discursos políticos que estigmatizan, intimidan o mienten abiertamente.

La inteligencia holandesa (AIVD) alertó en un informe reciente del aumento del extremismo de derecha en el país. El repunte comenzó en el 2014 y el 2015, coincidiendo con el peor momento de la crisis migratoria en Europa y la emergencia de una nueva derecha en EE.UU. (alt-right). «Detectamos un declive del movimiento neonazi (skinheads)», admiten sus expertos, quienes creen que los extremistas están amoldándose a nuevos cambios ideológicos y de organización. Ahora beben de la ideas importadas de EE.UU. y ya no funcionan como grupos enfrentados. Se ha configurado en una coalición para dotar de más cohesión al movimiento. Como resultado, «el extremismo de derecha se ha hecho más impredecible de lo que era», aseguran.

Orígenes

A semejanza de la «alt-right». En el 2016 nació la organización ultra Erkenbrand Study Association, a imagen y semejanza de sus pares americanos, las mismas que apoyan a Donald Trump. «Su objetivo es propagar y normalizar las ideas de extrema derecha presentándolas con un molde intelectual», aseguran los expertos. Sus miembros no acuden a las conferencias con cabezas rapadas, tirantes y bates. Comparten lecturas, estudios y organizan conferencias envueltos en sus disfraces de eruditos.

El «ETNOESTADO»

En pos de la raza pura. Proclaman su odio al islam y defienden la creación de un Estado racialmente homogéneo, sin parejas mixtas. Llaman al hombre blanco a luchar por no perder su posición de poder, «en peligro». Su estrategia se fundamenta en atraer a una masa crítica amplia para instigar la transición hacia lo que la AIVD define como «etnoEstado». Para lograrlo, no dudan en tirar del manual del buen tirano: atacar a las instituciones que promueven la diversidad, al Gobierno holandés, la Unión Europea, las escuelas, medios de comunicación, industria del cine o las oenegés. «Las mujeres occidentales pertenecen a los hombres occidentales, así de simple (...) ¿Crees que como hombre occidental no puedes apropiarte de una mujer o no quieres dejarla embarazada? Entonces recuerda que hay hordas infinitas de hombres del Tercer Mundo listos para hacerlo por ti», reza uno de los textos en su web.

Erkenbrand no está sola. Grupos como Unión del Pueblo Holandés (NVU), Resistencia Identitaria o Rechts in Verzet se sostienen gracias al activismo de las docenas de miembros y miles de seguidores. A pesar de su crecimiento, AIVD pone la nota sobre un aspecto positivo: «Hasta ahora, esto no ha derivado en ningún suceso preocupante». La nueva ultraderecha sigue atrincherada a la espera de ganar más músculo.

Difusión

El papel de las redes sociales. Para organizarse, reclutar fieles y extender sus discursos de odio, las redes sociales han jugando un papel esencial. En los últimos años se han multiplicado los portales web y cuentas con contenidos extremistas en los que se pone la diana sobre colectivos vulnerables. Así, han proliferado acciones para publicar en línea las direcciones de los lugares donde viven refugiados en acogida.

Los grupos de chat de conocidas aplicaciones son usados por los ultras para concertar encuentros, intercambiar información o preparar actividades y acciones. A raíz del endurecimiento de las normas de plataformas como Facebook, los ultras han emigrado a redes rivales, como la rusa VK.

RADICALIZACIÓN

Violencia. «La violencia motivada por el extremismo de derecha es relativamente rara en Holanda, si se compara con Alemania», explican los expertos. Mientras en el país germano se notificaron en el 2016 unos 1.600 ataques violentos, en los Países Bajos la cifra anual alcanza una docena. «Mientras estos actos son raros, su apoyo y glorificación no solo son», admite el AIVD. El lenguaje de sus seguidores se ha vuelto «más agresivo e incendiario» y se ha extendido en estos círculos la fascinación por las armas de fuego. «Han creado un clima en el cuál el riesgo de que individuos o pequeños grupos radicalizados recurran a la violencia es mayor que en el pasado», aseguran las autoridades, que ven una clara estrategia para quebrar el orden legal para avanzar hacia una sociedad «en la que el racismo es normal» y solo a los blancos se les garantizan derechos. Si el discurso de la extrema derecha se acaba infiltrando en las instituciones y la sociedad holandesa se sigue polarizando, «esto podría constituir una amenaza para nuestro orden democrático».

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