La UE espera a que May reúna los apoyos para sellar el «brexit»

El Gobierno británico se descose y hace peligrar la firma de un acuerdo en el tiempo de descuento pese a que está avanzado


bruselas / corresponsal

El acuerdo para sellar el brexit pende de un hilo. «A pesar de que los fuertes esfuerzos negociadores continúan, aun no lo hemos alcanzado», admitió ayer la presidencia de turno de la UE tras la reunión que mantuvieron los 27 ministros de Asuntos Europeos con el negociador principal, Michel Barnier. Otra oportunidad perdida, otra cita frustrada por la incapacidad de la primera ministra británica, Theresa May, de lograr apoyos suficientes dentro de su gobierno a los términos del acuerdo. La UE y el Reino Unido consumen los últimos minutos de descuento con el corazón en un puño. Bruselas espera que hoy se obre el milagro y la premier consiga convencer a los tories de que solo hay una salida: firmar.

¿Por qué todavía no hay acuerdo

En primer lugar, por las divisiones internas del Gobierno británico. Theresa May no gana para disgustos con su Ejecutivo. El ala dura, los brexiters, exige una salida sin anestesias ni analgésicos. Están dispuestos a afrontar el caos y el derrumbe de la economía que acarrearía un divorcio sin acuerdo a cambio de no seguir vinculados a las leyes y obligaciones comunitarias. Los partidarios de la permanencia, por otro lado, están tensando la cuerda para que May convoque un segundo referendo con el que revertir el resultado de la consulta del 2016. El goteo de dimisiones en su gobierno, el aliento cercano de la oposición y las presiones de la UE por cerrar ya el capítulo de salida, dejan a May en una situación muy difícil y sin mucho margen de maniobra para poder cuadrar todo el rompecabezas. Hoy intentará, y puede que sea su última oportunidad, granjear apoyos suficientes para firmar el acuerdo de salida. Como bien explicó ayer la ministra francesa de Asuntos Europeos, Nathalie Noiseau, la salida del callejón «es una cuestión de decisión política de los británicos».

¿Cuáles son los términos del acuerdo?

Los derechos ciudadanos y la factura de salida ya están definidos. Solo queda por liquidar el capítulo de la frontera irlandesa. Ese ha sido hasta ahora el obstáculo para avanzar. La UE acepta, a la espera de diseñar su relación comercial futura, mantener a todo el Reino Unido dentro de la unión aduanera para evitar barreras físicas que revivan episodios violentos entre Irlanda e Irlanda del Norte. Eso sí, los Veintisiete se niegan a otorgar a Londres la capacidad de retirarse unilateralmente cuando considere que ya ha encontrado una solución alternativa. Además exigen una segunda garantía: Que Londres se comprometa a mantener al Úlster alineado con las normas del mercado interior de la UE como solución de último recurso. Esto deja virtualmente al Reino Unido vinculado a la unión aduanera por tiempo indefinido, una idea que no gusta nada a los brexiters del Gobierno de May. La letra pequeña también enfada a sus socios unionistas del DUP, quienes rechazan un estatus especial para Irlanda del Norte. Sus votos son esenciales para sacar adelante el acuerdo..

¿Por qué la pesca es protagonista de última hora?

Fuentes del Consejo apuntan que varios países europeos (España, Francia, Portugal, Holanda, Irlanda, Dinamarca y Bélgica) han exigido al Reino Unido que mantenga sus aguas abiertas a la flota comunitaria si quiere mantener el acceso a la unión aduanera.

¿Queda tiempo para evitar el desastre?

May está maniobrando sobre la bocina. Necesita cerrar en las próximas horas un acuerdo urgente si quiere dar aire a los trámites de aprobación parlamentarios. Si lo consigue, Barnier deberá trasladar de inmediato el texto a las cancillerías europeas para estudiar la letra pequeña y dar su visto bueno antes de que el presidente del Consejo, Donald Tusk, convoque una cumbre para ratificarlo. Esa reunión no llegaría antes del 25 de noviembre. A partir de entonces y solo si los Veintisiete se muestran conformes, comenzará la cascada de trámites para que los parlamentos nacionales, incluido el británico, firmen el acuerdo. Si se produce un accidente y alguien los rechaza, el Reino Unido estará perdido. «Sigo siendo optimista, pero el margen de maniobra es mucho más limitado», admitió ayer el ministro alemán de Asuntos Europeos, Michael Roth. «Cuanto antes se pueda cerrar, mejor para todos», abundó el irlandés, Simon Coveney.

La UE exige al Reino Unido que abra sus aguas a su flota para firmar el «brexit»

cristina porteiro

España y Francia ponen esa condición para dar acceso a los británicos a la unión aduanera

«La pesca es un asunto prioritario. Pero no solo para nosotros, también para Dinamarca, Holanda, Bélgica, Irlanda y España. Es un asunto extremadamente importante», aseguró ayer la ministra francesa de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau. Lo hizo con una firmeza inusual, teniendo en cuenta que la UE y el Reino Unido han entrado ya en el tiempo de descuento. Apenas queda tiempo para sellar el brexit y evitar el escenario del precipicio. La primera ministra británica, Theresa May, no solo tiene que lidiar con un Gobierno y un partido insubordinado y desunido; ahora deberá atender a las demandas, largamente ignoradas, de los pescadores europeos. Más de media docena de cancillerías, entre ellas Madrid, se han unido para exigir a Londres que mantenga abierto el acceso de la flota comunitaria a sus aguas en los actuales términos. Se trata de una precondición para poder dejar a los británicos seguir vinculados a la unión aduanera (una solución que evitaría la reintroducción de barreras físicas entre las dos Irlanda y reduciría al mínimo las tarifas a la exportación e importación) mientras negocian un acuerdo de libre comercio en una fase ulterior. Son los términos de coexistencia en la unión aduanera lo que separa a Londres y Bruselas del acuerdo. Independientemente de lo que se acuerde en la relación futura, la UE quiere garantías, y las quiere ya, para sus pescadores. Sigue habiendo incertidumbre sobre su futuro, del que depende el 15 % de la flota comunitaria, 6.100 puestos de trabajo y más de un tercio de las capturas europeas (unos 1.600 millones anuales), según cifras de la Alianza Europea de la Pesca.

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