El Chapo apunta alto y denuncia que su cartel sobornó a Peña Nieto y Calderón

El narco dice que el verdadero capo era Zambada y el fiscal pide que anule el alegato

Emma Coronel, mujer del Chapo Guzmán
Emma Coronel, mujer del Chapo Guzmán

REDACCIÓN / LA VOZ

La sala de Brooklyn donde se celebra el juicio contra Joaquín Guzmán Loera, el zar de la cocaína más conocido por su sobrenombre del Chapo, promete ser una caldera de revelaciones turbulentas. La estrategia de los defensores del narco mexicano más legendario está clara. Embarrar el campo hasta intentar implicar a cualquiera que pase por allí con tal de eludir la cadena perpetua a la que, como mínimo, se enfrenta su cliente.

El abogado principal del Chapo, Jeffrey Lichtman, no está dispuesto a desperdiciar ni una sola oportunidad en esa operación calamar de salpicar a todo el mundo. En su primera intervención, que empezó con cinco horas de retraso por la renuncia de dos jurados -una mujer que alegó problemas de ansiedad y un varón que demostró su incapacidad de sobrevivir sin sueldo los cuatro meses que se supone durará el juicio-, salió a demostrar esa estrategia. Primero, aseguró que el verdadero jefe del cartel de Sinaloa no es el Chapo, sino su coacusado Ismael Mayo Zambada, de 70 años, que nunca pasó un día en prisión y sigue prófugo y al que los expertos señalan como uno de los posibles testigos, junto con su hijo, contra el zar de la cocaína.

Pero Lichtman fue mucho más allá y aseguró que Zambada sobornó «al actual y al anterior presidente de México», Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón, «cientos de millones de dólares en sobornos» en nombre del cartel del Sinaloa, sin más pruebas que su propia palabra.

El primer golpe desencadenó una tormenta política en México, a pesar de que todos los implicados desmintieron con rotundidad la acusación. Un portavoz de Peña Nieto y también el propio Calderón rechazaron inmediatamente las palabras del narcotraficante a través de Twitter.

«La verdad es que el Chapo no controlaba nada, Mayo Zambada lo hacía», dijo Lichtman ante el tribunal. «Mayo puede lograr que la gente sea arrestada y que el ejército y la policía de México mate a quien él quiera», insistió. 

Beso al aire

Al entrar a la corte, el Chapo, vestido de traje oscuro, camisa blanca y corbata, tiró un beso a su joven esposa Emma Coronel, de 29 años, sentada entre el público. El juez Brian Cogan no le permitió saludarla ayer con un abrazo, como el Chapo había pedido. Coronel se hizo varios selfis con fans al salir del tribunal.

La fiscalía prepara el testimonio de decenas de testigos para intentar probar los crímenes cometidos por El Chapo, muchos de ellos antiguos rivales o socios del capo y a quienes la defensa intentó desacreditar también. «Estos testigos han matado a fiscales, han intentado matar a presidentes. Cuando escuchen a estas personas se les pondrá la piel de gallina», dijo Lichtman al jurado.

«¿Por qué el Gobierno está yendo tan lejos, dándoles visados para que permanezcan en este país?», preguntó. «Porque el Chapo es el mayor premio con el cual la fiscalía ha soñado y está soñando con esto desde hace años», se respondió el abogado.

Pero pese a su arresto y extradición, la guerra contra las drogas «obviamente no ha logrado nada», estimó Lichtman. «El flujo no ha parado. El negocio continúa como siempre» y Estados Unidos sigue consumiendo «más drogas que cualquier otro país del planeta».

Los fiscales aseguran que la exposición inicial de la defensa de Guzmán, que se enfrenta a la cadena perpetua, se basa en rumores y viola órdenes judiciales. El alegato inicial «estuvo tan repleto de irregularidades que la corte debe tacharlo completamente», indican.

Pretenden que sea eliminada de las actas y que el juez Brian Cogan, encargado del caso, ordene al jurado no tenerla en cuenta. El paso dado por la fiscalía es inusual. Antes de que el magistrado tome una decisión, la defensa de Guzmán debe contestar por escrito a la moción de los fiscales.

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