Podemos pierde la batalla de la izquierda

La pugna entre el PP y Ciudadanos en la derecha sigue abierta, pero la decadencia de Iglesias limita su papel a comparsa del PSOE


Madrid

Apenas dos días de campaña en Andalucía han bastado para sacar tres conclusiones. La primera es que Pedro Sánchez está dispuesto a utilizar todos los resortes que otorga la presidencia del Gobierno, sin temor alguno a ser criticado por ello. Y no nos referimos al uso abusivo de los medios que cualquier residente en la Moncloa tiene a su disposición y que lleva, por ejemplo, a que el líder del PSOE vaya a utilizar un helicóptero, un avión Falcon y un Airbus para desplazarse mañana martes desde Madrid a Valladolid para asistir a la Cumbre Hispano-Portuguesa. Un trayecto que en AVE lleva una hora y por carretera, apenas dos. Se trata de que, solo unas horas después de comenzada la campaña, el Consejo de Ministros aprobó una inversión sin precedentes en el Campo de Gibraltar, un territorio que llevaba años reclamando ayudas. Alguien aconseja a Sánchez que, aunque tenga solo tenga 84 diputados, de lo que se trata es de mostrar poderío y dejar claro quién manda aquí. Y en la Moncloa están convencidos, puede que con razón, de que el jefe del Ejecutivo gana más haciéndose fotos en el Falcon presidencial o regando de millones a su antojo Andalucía en plena campaña de lo que pierde por las críticas a su fatuidad y su oportunismo político. Visto que Susana Díaz no quiere que Sánchez aparezca por Andalucía más que lo imprescindible, el líder del PSOE está dispuesto a hacer campaña desde la Moncloa, BOE en mano, para apuntarse el probable triunfo socialista el 2 de diciembre.

La segunda cuestión que ha quedado clara desde el minuto uno es que tanto el PP como Ciudadanos dan por perdidos estos comicios y lo que mantienen es una lucha encarnizada entre ellos para convertirse en el primer partido de la oposición en Andalucía y llegar a mayo con el cartel de primera fuerza del centroderecha en España. De ahí que Albert Rivera, sabiendo que los números no dan, quiera forzar a Casado a garantizar que le apoyará como presidente de la Junta si logran mayoría. Bastaría que Casado dijera que sí para que se alimente así la posibilidad de que Ciudadanos puede superar PP.

Esa es la batalla que libra la derecha, que mira ya más a las autonómicas y municipales de mayo que a las andaluzas. Pero si complejo es el panorama para Rivera y Casado, aún más lo es para Podemos, condenado sin remedio, por más advertencias que haga, a servir de apoyo y sostén, a través de la marca Adelante Andalucía, al Gobierno de Susana Díaz. La figura de Pablo Iglesias está en caída libre. Y su decadencia arrastra a su partido y a sus confluencias, cada vez más cerca de acabar desempeñando el papel de meros comparsas del PSOE cuando este partido lo necesite para gobernar, que es lo que siempre hizo Izquierda Unida. En Andalucía y fuera de ella. A medida que crece, y crece cada día, el convencimiento de que no hay sorpasso posible y de que Podemos y sus confluencias no tienen más futuro y utilizad política que ser el socio minoritario de los socialistas en Madrid, en Andalucía, en Galicia o en cualquier otro lugar, sus expectativas van decreciendo a medida que aumentan la del PSOE. La batalla en la derecha está abierta, pero en la izquierda esa batalla está ya decidida. Y Podemos la ha perdido.

Sánchez retira su apuesta presupuestaria en dos días

Seguir el hilo de las intenciones políticas de Pedro Sánchez es una tarea realmente compleja. «No se preocupe. Antes de final de año, este Gobierno cumplirá y trabaja en plazos para presentar a la Cámara los Presupuestos que necesita este país». Esto es, literalmente, lo que le dijo Sánchez a Pablo Casado el miércoles en el Congreso. Es decir, que presentaría las cuentas públicas en diciembre, tenga o no apoyos para sacarlas adelante. Pues bien, dos días después cambió completamente de criterio. «No vamos a marear a los españoles», respondió el viernes cuando le preguntaron si iba presentar los Presupuestos. Es decir, si no hay mayoría asegurada, no los presentará. Y todo eso, en dos días.

En el PP creen que Casado se la está jugando en Andalucía

Aunque pese a su juventud lleva años instalado en el corazón de Génova, el estilo político de Pablo Casado está sorprendiendo a más de uno en las filas populares. Muchos en el PP se llevan las manos a la cabeza porque no entienden por qué Casado parece decidido a jugárselo todo a la primera en las elecciones en Andalucía. El nuevo líder popular no deja espacio a su propio candidato, Juan Manuel Moreno, y es el protagonista absoluto de la campaña. Una estrategia que sería inteligente en caso de que las expectativas fueran buenas para su partido. Pero, tal y como está actuando, un posible batacazo de los populares será achacado directamente a Casado. Y las consecuencias son imprevisibles.

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