Enrique Moradiellos: «Tenemos problemas gravísimos como para discutir sobre los restos de Franco»

Cuando se cumplen 43 años de la muerte del dictador, el catedrático publica una síntesis rigurosa sobre su figura y el régimen que creó


Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura, Premio Nacional de Historia del 2017 por Historia mínima de la Guerra Civil española, autor de más de 20 libros y monografías, Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961) publica Franco. Anatomía de un dictador (Turner), una síntesis rigurosa y analítica muy útil para aproximarse a su figura histórica y conocer el régimen que creó, cuando se cumplen 43 años de su muerte.

-¿Cómo definiría a Franco y a su régimen?

-Es un militar competente labrado en más de diez años de guerras cruentas coloniales en Marruecos y un político inteligente que llegó a encarnar las expectativas, los temores y las frustraciones de aquella media España que temió a la democracia y se horrorizó ante la expectativa de la revolución social. Ni era el mediocre incapaz que dicen algunos ni el estadista genial que sostienen otros. El franquismo es militarismo pretoriano que Franco mama en África, tradición católico integrista y falangismo, que es mucho menos importante que los otros dos elementos. El franquismo, en esencia, es la institucionalización de la victoria en la Guerra Civil.

-Destaca que tuvo un gran apoyo de la población, más allá de la represión.

-Es evidente. A los que le apoyaron en la Guerra Civil, que era media España, se añadieron muchos otros porque el régimen les dio la paz después de la guerra, que era lo que ante todo querían los españoles. Y a partir de finales de 1950, España se rehabilita internacionalmente y Franco se reintegra en Occidente con todos los honores. Además, se empieza a generar prosperidad, que se difunde a la clase obrera, que puede aspirar a pagar el pisito y a comprar el coche. Los españoles preferían el Seat a la democracia, la paz y la seguridad a la libertad y la igualdad, según las encuestas. En los setenta aspiraban a la democracia, pero sin perder esos valores. Hay dos elementos que acabaron minando el régimen, la idea de la reconciliación nacional y el europeísmo.

-¿Hay que exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos?

-Hay tres motivos por los que no deberían permanecer allí. El primero, porque no es un caído en la Guerra Civil, que es uno de los requisitos. La segunda razón es que está enterrado en el trascoro de la basílica, que es un lugar emblemático, lo que la convierte en el mausoleo de Franco y eso le da un carácter sectario. En tercer lugar, no es sensato que la tumba de Franco esté a cargo de Patrimonio Nacional, como no lo está de las de otros jefes de Estado como Azaña o Alcalá Zamora..

-¿Qué hacer entonces?

-Hay que sacar sus restos de ese lugar. Pero sin enaltecer a unos ni humillar a otros, y mediante un acuerdo. Los familiares tienen derecho a hacer lo que quieran con los restos, porque no heredan la culpa del abuelo. Esa es la grandeza de la democracia.

-¿Pero llevarlos a la catedral de la Almudena no sería peor?

-Lo ideal habría sido llevarlos al panteón familiar de Mingorrubio, en El Pardo, donde está enterrada su esposa. Pero llevarlos a la Almudena me parece mejor que dejarlos donde están. Si la democracia española tiene miedo a los restos de un hombre que murió hace 43 años es que la cosa está mucho peor de lo que yo pensaba. No creo que la democracia española tenga miedo a que reviva Franco. Los problemas de la democracia española no son Franco y su herencia, sino otros gravísimos como el demográfico, en Galicia o Asturias especialmente, qué va a pasar con las pensiones o con la UE, que nos afecta muchísimo. La situación es demasiado complicada como para estar discutiendo sobre el destino de los huesos de un hombre que murió hace 43 años. Es esperpéntico.

-¿Qué se debería hacer con el Valle de los Caídos?

-Ni hablar de dinamitarlo. Los monumentos históricos son sacrosantos para un historiador porque son la representación del pasado en el presente, el único elemento que nos permite aproximarnos a lo que fue el pasado. El Valle de los Caídos no es un monumento fascista, como los de Hitler o Mussolini, sino nacional-católico, con una basílica y una cruz enorme, a sus pies cuatro evangelistas y debajo una Piedad. Hay que preservarlo y crear un centro de interpretación en el que se explique en qué condiciones se construyó y qué representa, un testimonio de la victoria franquista en la guerra.

-¿Qué opina del propósito del Gobierno de poner en marcha una comisión de la verdad sobre la Guerra Civil y el franquismo?

-No creo que ahora, 43 años después de la muerte de Franco y 82 de lo que sucedió, se puedan hacer comisiones de la verdad como en otros procesos transitorios. Estas comisiones se tienen que hacer inmediatamente después, como en Chile, Argentina o Sudáfrica. En el plazo que se establece no se puede hacer un estudio de la Guerra Civil y la dictadura. Además, no puede haber una verdad legal u oficial.

-¿Cuál es el legado de Franco?

-Hay elementos de la cultura cívica española que pueden tener que ver con el franquismo o que, siendo anteriores, este los potenció, como el culto carismático al líder, la idea de que el mando se encarna en una persona, la venalidad ante la corrupción o el desinterés por lo que pasa en Europa.

«Condenar el franquismo no debería ser un problema»

«El antifranquismo historiográfico es estéril en términos intelectuales y cuestionable moralmente, hay que explicar y tratar de comprender el franquismo», señala.

-Encabeza el libro con una cita de Eduardo Mendoza en la que dice que Franco y su dictadura, en algunos sectores, especialmente en Cataluña, «se sacan en procesión para justificar actuaciones o invalidar las del contrario».

-En Cataluña y, lo más importante, fuera de España, sale a relucir el legado de Franco, la supuesta pervivencia de sistemas represivos o intolerantes asociados a la dictadura. Se ha reavivado la idea de que en España sigue operando el espectro de Franco y que es una democracia de baja calidad. Lo cierto es que pertenece a ese tercio de países del mundo que viven en sistemas que, según los estándares de diversas organizaciones internacionales, son verdaderas democracias.

-¿Cree que el Gobierno de Sánchez está haciendo un uso político de la figura de Franco?

-Creo que el espectro de Franco está funcionando porque hay elementos de pervivencia de su figura, por ejemplo en el callejero o el enterramiento en el Valle de los Caídos, que no habían sido tratados. Que en estos momentos el Gobierno decida hacerlo se puede interpretar como un uso político, pero también lo era no haber cumplido antes las recomendaciones que hizo la comisión de expertos sobre qué hacer con el Valle de los Caídos.

-¿Por qué le cuesta tanto al PP condenar el franquismo?

-No lo entiendo porque la derecha española actual no es franquista, eso está claro. Condenar el franquismo no debería ser ningún problema para los demócratas. Pero condenar el franquismo quiere decir viva la democracia, no tiene que significar por ejemplo decir viva la República, ¿qué República, la secesión de Cataluña, la de Durruti?

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