redacción / la voz

Cataluña lidera el ránking de comunidades que más han recortado en sanidad desde el 2010, cuando en ese capítulo perdió 1.500 millones de euros, que fue parcheado en el 2017 con tan solo 70. Era cuestión de tiempo que los profesionales de la sanidad estallaran no solo por no haber recuperado el poder adquisitivo, sino también por la excesiva carga de trabajo que afrontan debido a la merma de la plantilla.

En educación, Cataluña está a la cola de la Unión Europea en inversiones. En la enseñanza obligatoria hay más alumnos en barracones que en el 2010 y el presupuesto para investigación se ha reducido casi a cero. La enseñanza universitaria sigue manteniéndose a día de hoy con 700 millones de euros, el mismo presupuesto que hace ocho años. Esto arrastra la falta de reposición de profesorado.

En la universidad pública catalana los docentes contratados como asociados representan ya el 60 % de la plantilla, según afirmaron ayer algunos sindicatos. Este colectivo se queja de que cobran 500 euros, por lo que han de compaginar la docencia con otro trabajo. Eso repercute negativamente en el alumnado. Y lo más llamativo quizás es que la Generalitat dedique cero euros a las guarderías desde el 2015, cuando ERC no se cansa de presentar propuestas parlamentarias en defensa de la igualdad y la conciliación.

La otra pata del banco que se le está apolillando a Torra es la que afecta a las ayudas a la dependencia y a los mayores. El número de plazas en residencias es deficiente. Solo en Barcelona la lista de espera excede de las 4.000 personas (en Galicia son unas 1.500), pero además la mayoría de esas plazas son en residencias privadas, porque la Generalitat no ha tenido una política social en ese sentido.

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