Luchar contra el cambio climático, una cuestión de «vida muerte o muerte»

España propone objetivos más ambiciosos para limitar el aumento de las temperaturas


redacción / la voz

Una vez más, los mensajes grandilocuentes se topan con la cruda realidad. Es el guion habitual en las cumbres del clima, un esquema que se repitió ayer en la inauguración de la conferencia de Naciones Unidas en Katowice (Cop 24), que reunirá hasta el 14 de diciembre en la ciudad polaca a 30.000 delegados y jefes de Gobierno de 197 países con un claro y complicado objetivo: definir el marco mundial, la letra pequeña, para cumplir el histórico acuerdo de París de hace dos años que prevé limitar el calentamiento del planeta en 1,5 grados, o al menos muy por debajo de los 2 grados, de aquí a fin de siglo con respecto a los valores preindustriales. Si se supera esa barrera, el cambio climático será irreversible, acelerado y con consecuencias devastadores. De la gravedad del problema fue consciente en el discurso inaugural el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que lanzó una advertencia casi desesperada. «Es una cuestión de vida o muerte para muchas personas, regiones e incluso países», al tiempo que alertó no se está haciendo «lo suficiente» ni lo suficientemente rápido, por lo que instó a una mayor «acción y ambición».

«Aunque somos testigos de impactos climáticos devastadores, seguimos sin hacer lo necesario» Antonio Guterres - Secretario General para la ONU

En realidad su mensaje no difiere del que sus predecesores vienen lanzando desde hace años. Pero, mientras tanto, la realidad climática es tozuda: los 20 años más cálidos desde que se toman registro se registraron en los últimos 22 y, entre estos, los cuatro más calientes ocurrieron en los últimos cuatro años y la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera medida en el 2017 es la más alta desde hace tres millones de años. Y sigue creciendo, también en España. Un demoledor informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente acaba de corroborar la amenaza en su último informe: para mantener el recalentamiento del planeta por debajo de los dos grados es necesario multiplicar por tres la reducción de emisiones de efecto invernadero de aquí al 2030. Si se quiere limitar a 1,5 grados, habría que multiplicar el esfuerzo por cinco, algo casi imposible.

Son las sombras que sobrevolaron en el discurso de Antonio Guterres, que instó a reducir las emisiones en un 45 % en el 2030 respecto a los niveles del 2010, y alcanzar las cero emisiones en el 2050. «Si fracasamos -dijo- el Ártico y la Antártida seguirán derritiéndose, subirá el nivel del mar, más personas morirán por la contaminación y la escasez de agua y los costes se desbordarán».

España parece dispuesta a asumir estos objetivos ambiciosos. O al menos así lo anunció ayer el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pese a que en el último año las emisiones de efecto invernadero crecieron un 2,6 % respecto al anterior. Sánchez anunció que la futura ley de cambio climático, de la que por ahora solo hay un borrador, prevé reducir las emisiones en un 37 % de aquí al 2030, pero con respecto a los niveles de 1990, con lo que el esfuerzo será igual o superior al pedido por la ONU, y en un 90 % para el 2050. En esta apuesta por la descarbonización el Gobierno propone que el sistema eléctrico se base exclusivamente en fuentes renovables en ese año. Las medidas también incluyen las ya anunciadas de prohibir en el 2040 la venta y matriculación de todos los vehículos ligeros que emitan de forma directa dióxido de carbono (diésel, gasolina, gas o híbridos) y su circulación en el 2050.

«Mi Gobierno apuesta con determinación por la eficiencia, las energías renovables y la movilidad eléctrica» Pedro Sánchez - Presidente de España

Lo que no ha concretado, tal y como le ha pedido Greenpeace, es el cierre de las centrales de carbón, que afectaría a 5.400 trabajadores en España, un desafío al que se enfrentan muchos otros países. La propuesta puede pasar por la llamada Declaración de Silesia, que «reconoce» la importancia de «asegurar un futuro decente a los trabajadores» del sector de las energías fósiles afectados por esta transición.

A ello ayudarán los 176.000 millones de euros que se comprometió a liberar el Banco Mundial entre el 2021 y el 2025 para combatir el cambio climático y ayudar a su adaptación.

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