La ultraderecha europea amplía la familia y da la bienvenida a Vox

Bruselas insta a luchar contra la desigualdad para no alimentar a partidos que amenazan las democracias


bruselas / corresponsal

Los paladines de la ultraderecha europea celebraron ayer la llegada de un nuevo miembro a la multitudinaria familia que tienen desplegada en la Unión Europea. Aunque Vox no tiene representación en el Congreso ni en la Eurocámara, su estruendosa irrupción en las elecciones andaluzas no ha pasado desapercibida más allá de los Pirineos, donde la extrema derecha no ha tardado en sumarse a la fiesta de la formación ultra, anotarse el tanto y dar la bienvenida a la formación de Abascal. «Mis vivas y calurosas felicitaciones a nuestros amigos de Vox, que han logrado un resultado significativo para un movimiento joven y dinámico», aplaudió la líder de Reagrupamiento Nacional (Frente Nacional), Marine Le Pen. La ultraderechista estuvo a punto de ganar las últimas elecciones presidenciales francesas (2017) al pasar a la segunda vuelta. El cordón sanitario desplegado por el resto de fuerzas políticas logró dar la victoria al liberal Emmanuel Macron.

También se mostró exultante el ultra xenófobo holandés del Partido de la Libertad (PVV), Geert Wilders. «¡Felicidades Vox!», les dedicó en Twitter el enemigo declarado de la comunidad islámica en los Países Bajos. Wilders también sabe lo que es pasar de ser un personaje denostado por sus discursos islamófobos, incendiarios y populistas a ser la segunda fuerza más votada en el país. Sus rivales se tuvieron que conjurar para evitar que llegase a entrar en un eventual Ejecutivo. Tras largos meses de negociaciones, los liberales del VVD, los democristianos de la CDA, los protestantes de la UC y los socioliberales del D66 acordaron formar gobierno y excluir a la formación ultraderechista. A pesar de los esfuerzos de los partidos políticos holandeses por mantener a raya a los extremistas, los servicios de inteligencia reconocen que sus discursos, sus programas y sus bases son una amenaza creciente para las instituciones democráticas.

Grupo heterogéneo

Lo saben bien en Austria. El partido conservador del canciller Sebastian Kurz sacrificó sus principios para pactar con el FPÖ, de raíces nazis y hostil a las políticas migratorias impulsadas desde Bruselas. Esa misma situación llevó a la UE en el 2000 a suspender temporalmente sus relaciones con Viena. También en Italia. El país afronta una posible sanción económica de Bruselas por la negativa de su Gobierno ultra y antisistema a cumplir las normas presupuestarias de la UE.

Vox se incorpora a una familia heterogénea, donde conviven diferentes acentos, pero una biblia común: la defensa a ultranza de las fronteras, los derechos de los nacionales y las tradiciones. Aderezados con eurofobia, odio al inmigrante y el rechazo a los valores progresistas, a la globalización, a las minorías, a los derechos LGTB y el feminismo. Con matices, los partidos de extrema derecha europeos comparten casi todos estos rasgos. El AfD alemán, el Jobbik húngaro, la Liga Norte italiana, los Auténticos Finlandeses, los Demócratas Suecos o el Partido Popular danés son algunas de sus formaciones hermanas. Algunos gobiernan (Dinamarca, Italia), otros ya lo hicieron (Finlandia) y la mayoría son incapaces de asaltar el poder gracias a los cordones sanitarios y coaliciones de sus rivales (Suecia y Alemania).

La situación mantiene encendidas las alarmas en Bruselas. A medio año de las elecciones europeas, los ultras siguen ganando terreno. La pregunta ya no es si Vox entrará en el Europarlamento, sino con cuántos escaños lo hará. Pese a las señales del electorado, la Comisión Europea se muestra incapaz de hacer autocrítica y analizar por qué la UE desfallece: «Estamos contentos con el modo en el que la democracia europea es capaz de afrontar todos estos asuntos», insistió ayer el portavoz del Ejecutivo comunitario, Margaritis Schinas.

Advertencia de la UE

El comisario de Economía, Pierre Moscovici, sí instó a los Gobiernos a luchar contra las desigualdades para no seguir alimentando a los partidos ultraderechistas que «han surgido por la frustración, la sensación de pérdida de identidad, el miedo a los migrantes, la xenofobia». A su llamada se sumó el líder de los liberales en la Eurocámara, Guy Verhofstadt, quien le recordó a la formación de Albert Rivera que, de cara a eventuales coaliciones de gobierno, en la familia liberal no quieren pactos con la ultraderecha: «Felicitaciones a Ciudadanos por su grandes logros en las elecciones andaluzas. El éxito de la extrema derecha, sin embargo, nos debería preocupar a todos. Nos enfrentamos a una batalla por el alma de Europa en las próximas elecciones europeas de mayo».

Manifestaciones de protesta en las principales ciudades andaluzas

Miles de personas participaron ayer en manifestaciones celebradas de manera espontánea en Sevilla, Granada y Málaga contra las políticas fascistas, un día después de los resultados de las elecciones autonómicas en Andalucía, que, entre otros puntos, ha supuesto la entrada de Vox, con doce escaños, en el Parlamento.

En Sevilla, una manifestación con más de un millar de personas, según fuentes municipales, y varios millares, según testigos, transcurrió, entre otros enclaves, por varias calles próximas a la Cámara autonómica. La movilización afectó a varias líneas de autobús urbano, que tuvieron que modificar su recorrido, así como al tranvía Metrocentro, cuyo servicio fue suspendido a consecuencia de la afluencia registrada en algunas zonas.

En Granada capital, por su parte, fueron unas 4.000 personas las que participaron en una manifestación por el centro de la ciudad. La asistencia fue creciendo desde las seis de la tarde, hora para la que colectivos antifascistas habían convocado una concentración en la plaza del Carmen, frente al Ayuntamiento. La Policía Local señaló que la manifestación no le había sido «comunicada previamente» y que provocó cortes y desvíos de tráfico. Por último, en Málaga, cerca de un millar de personas, la mayoría jóvenes, protestaron contra la entrada de Vox al Parlamento andaluz y para denunciar lo que consideran la «llegada de la extrema derecha». En la concentración había pancartas del Sindicato de Estudiantes, de la Izquierda Revolucionaria y del Café Feminista y se corearon cánticos contra Vox y a favor del feminismo.

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