Rivera ya abre la puerta a negociar con Vox pese a algunas reticencias internas

Ciudadanos y los populares mantendrán su primera reunión la próxima semana


madrid / la voz

Tratando de no hacer mucho ruido, pero poco a poco Ciudadanos comienza a abrir la puerta a pactar con Vox para la formación de un Gobierno de cambio en Andalucía. «Con cinco partidos en el arco parlamentario y un cambio a ejecutar, sería una irresponsabilidad ponernos a descartar todos los escenarios que hay encima de la mesa», expuso ayer Albert Rivera tras ser cuestionado sobre si se atrevía a descartar el apoyo de la formación de ultraderecha. «Hay que huir del guerracivilismo, la confrontación, el frentismo y el sectarismo», reclamó. Rivera dice que no quiere descartar ningún escenario. Sin embargo, sí rechazó por completo cualquiera en el que el PSOE esté en el Gobierno, instando a los socialistas a «asumir la derrota» y preparar su paso «a la oposición». Esta fue una de las líneas rojas que pintó ayer el presidente de C's a la conclusión de la reunión que mantuvo en Madrid con su ejecutiva para analizar los resultados del domingo.

Con este veto naranja al PSOE, Rivera elimina de un plumazo buena parte de posibles pactos y reduce los escenarios a dos opciones: un bloqueo que lleve a una repetición electoral dentro de unos meses, algo muy poco probable, ya que su formación podría salir como una de las grandes castigadas por no haber facilitado el cambio, o un Gobierno de derechas formado por el PP y Ciudadanos, la solución favorita de Rivera, pero para la que se requiere el apoyo de Vox; al menos, durante la votación de la sesión de investidura.

Este Gobierno «de cambio», como lo definió el propio presidente de Ciudadanos, es la primera opción de Rivera. Y con ese fin arrancarán las negociaciones con los populares en los próximos días. Antes de iniciarlas, existe un gran punto de desencuentro: ¿quién debe ser el encargado de liderar la Junta? El PP, como fuerza con más escaños, no contempla otra opción que no sea su candidato, Moreno Bonilla. De momento Rivera se niega a entregar la cuchara y defiende la legitimidad de su hombre, Juan Marín. Se basa en varias premisas: pertenece a un partido «limpio, sin casos de corrupción pendientes en los juzgados»; acredita una importante «capacidad de diálogo», y fue el único que ha mejorado respecto a los anteriores comicios. Además, defiende que apenas existe distancia entre el 20,75 % de votos cosechados por el PP y el 18,27 % obtenido por los naranjas, una situación que Rivera califica de «empate técnico».

Inicio de las negociaciones

La próxima semana darán comienzo los encuentros entre los equipos negociadores de PP y Ciudadanos. El responsable de capitanear al bando naranja será el número dos del partido, José Manuel Villegas, a quien Rivera le ha encomendado que «haya cambio», es decir, que el PSOE no vuelva a formar parte de la Junta; y que el presidente sea Juan Marín y que emprenda las negociaciones «de inmediato». Ayer a última hora mantuvo una conversación con el interlocutor del PP, Teodoro García Egea.

La posibilidad de dejarse apoyar por Vox no ha sido bien encajada en todos los sectores de Ciudadanos, un partido caracterizado por la disciplina de sus cuadros medios. Alguno defiende la tesis del candidato a la alcaldía de Barcelona, el ex primer ministro francés Manuel Valls, quien llama a establecer un cordón sanitario con la ultraderecha. «Pido sentido de Estado y sentido común. No podemos jugar ni con Vox, ni con el nacionalismo, ni con el populismo», defendió en una entrevista en la que llamó a la unión de los constitucionalistas.

Algunas de las exigencias de Vox que el PP acepta debatir obligan a cambiar el Estatuto 

f. b.

Ayer también fue día de analizar los resultados en Vox, la formación de ultraderecha que dio la campanada con doce escaños que la convierten en llave para el cambio en la Junta. Su presidente, Santiago Abascal, rechazó la invitación de Pablo Casado a entrar en un Gobierno de coalición: «Nuestra pelea no va a ser por ver quién se sienta en los sillones, sino por las ideas», dijo. Vox planteará varias condiciones a cambio de su apoyo en la investidura. Algunas de las más polémicas son el cierre de Canal Sur y la devolución de competencias en sanidad y educación. De momento el PP no ha ofrecido una respuesta, pero su secretario general, Teodoro García Egea, dejó caer ayer en Antena 3 que las estudiarían: «Prefiero no tener Canal Sur y tener endoscopios», señaló.

Reforma del Estatuto

Tanto para el cierre de la televisión como para la devolución de competencias en sanidad y educación habría que reformar el Estatuto de Autonomía, para lo que la derecha no cuenta con los escaños suficientes (necesitaría dos tercios), y además exigiría la convocatoria de un referendo, la disolución del Parlamento y que la nueva Cámara aprobase esos cambios. Entre las exigencias de Vox también están abrir una auditoría del PER, la defensa de la caza y la tauromaquia, derogar las leyes de violencia machista y de memoria histórica y acabar con el impuesto de sucesiones.

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