El Congreso dedica un extenso y sentido aplauso al rey emérito

Rajoy, que disfruta de su nueva vida, fue el más solicitado de los cuatro expresidentes durante el cóctel


madrid / la voz

 Hacía tiempo que el Congreso no brindaba unos aplausos tan largos y emotivos como los que le brindó ayer a la Corona. La inmensa mayoría de los diputados y senadores que abarrotaban el hemiciclo para el acto del 40.º aniversario de la Constitución, apoyados desde las alturas por los cotizados palcos de invitados, repletos de las más altas autoridades del Estado, rompieron con una atronadora ovación hasta en tres ocasiones: a la conclusión del discurso del rey, tan prolongado que incluso llegó a violentar al jefe del Estado; a la aparición de este en el hemiciclo junto a la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía; y también a la llegada de los reyes eméritos, Juan Carlos I y Sofía, que fueron objeto de un aplauso igual de intenso y sostenido en el tiempo, y si cabe, todavía más emotivo, reconociendo así el papel del monarca durante la Transición.

Este aplauso fue especialmente largo, además, porque Juan Carlos I, aquejado de sus problemas de cadera, camina gracias al apoyo de un bastón, y desde que traspasó la puerta de la sala hasta que ocupó su asiento, a tan solo unos metros de distancia, pasó un trecho en el que nadie dejó de aplaudir, aunque muchos de los allí presentes se temieron lo peor cuando se lanzó a superar el único escalón que había en el camino, algo que logró no sin dificultades.

Al lado de los monarcas ocuparon un sitio de honor los padres de la Constitución que todavía aguantan con vida: José Pedro Pérez Llorca, Miquel Roca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón. Este último se abrió un hueco durante el cóctel para saludar al presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, quien destacó el valor y la vigencia de algunas de sus palabras que incluyó Felipe VI en su discurso de ayer. «Le he dicho al rey: “Gracias, ni yo sabía que había dicho cosas tan sensatas”», bromeó el histórico de UCD.

Iglesias ni probó los canapés

Junto a los reyes eméritos y los padres de la Constitución, el Congreso tenía reservado otro de los sitios de honor para los cuatro expresidentes del Gobierno que continúan vivos: González, Aznar, Zapatero y Rajoy, quien regresaba a la carrera de San Jerónimo por primera vez desde la moción de censura que puso fin a su mandato. El de Pontevedra fue uno de los más cotizados por la prensa, que se arremolinó a su alrededor para interesarse por su nueva vida. «Se le echa de menos, presidente», le comentó algún nostálgico. Rajoy respondió con su habitual retranca: «¿Qué pasa, que ahora no tenéis con quién meteros?».

Liberado de sus responsabilidades políticas, trasladó a la prensa lo mismo que viene contando a sus allegados: disfruta de su nueva vida. Aprovecha para estar en familia, visita Galicia siempre que puede y sale a hacer deporte todos los días. «Y cuando digo todos es todos; hoy mismo he salido antes de venir aquí», presumió el registrador de la propiedad.

Mucho menos relajados, en otros corrillos estaban Sánchez, dando claves sobre los Presupuestos; Casado, con Andalucía; y Rivera, que abandonó pronto el cóctel. Iglesias no probó ni el primero de los canapés.

Abucheos a Sánchez, desaire de Iglesias

f. b.

Ayer no solo hubo aplausos en el Congreso. También hubo pitos, aunque se limitaron al exterior, en donde multitud de ciudadanos aguardaban frente a la Puerta de los Leones a la espera de la llegada de las autoridades. Uno de los abucheos más sonados se lo llevó el presidente, Pedro Sánchez. Sus decibelios solo rivalizaron con los proferidos contra su predecesor del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero.

Pablo Iglesias tampoco era uno de los preferidos por la muchedumbre que se agolpó en la carrera de San Jerónimo. Como ya es habitual, el dirigente de Podemos acudió al acto de la Constitución en señal de protesta para reivindicar el fin de la monarquía y la implantación de una república. Se saltó el saludo protocolario a la familia real y se negó a aplaudor tras el discurso del rey.

Los pocos diputados de Podemos que acudieron al hemiciclo lucieron una insignia de color morado con el perfil de una mujer para reclamar la instauración de la república como modelo de Estado, un diseño pensado para un salón de belleza y a la venta en Internet por diez euros.

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