Santiago Muñoz Machado: «La democracia española funciona igual o mejor que en otros países europeos»

El catedrático de Derecho Administrativo y premio nacional de Historia dice que la Constitución, pese a algunos achaques, es válida y no necesita reformas profundas


Premio nacional de Historia por su libro Hablamos la misma lengua, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, catedrático de Derecho Administrativo, Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) es el editor de Comentario mínimo a la Constitución española (Crítica), una obra en la que un especialista analiza cada artículo de la Constitución en un lenguaje a la vez riguroso y accesible al gran público.

-La Constitución cumple 40 años. ¿Goza de buena saludo o ya tiene achaques?

-Tiene achaques, sin duda, y necesita reparaciones, como todos los cuerpos vivos, para mejorarlos y mantenerlos. Pero han sido cuarenta años muy lucidos e importantes y hay que valorar lo mucho que nos ha servido y nos está sirviendo.

-¿Qué ha supuesto en nuestra historia?

-Es la mejor Constitución de nuestra historia con diferencia, no hay ninguna que haya hecho realidad los valores esenciales sin los cuales una constitución no existe, como decía a este respecto el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, a saber la separación de poderes y la garantía de los derechos. Nunca en la historia de España la separación de poderes, a pesar de las críticas que se formulan a la politización del poder judicial o a las interferencias del Gobierno, había estado tan firmemente asegurada ni los derechos tan bien garantizados.

-¿Ha llegado el momento de reformarla?

-No me cabe ninguna duda de que una constitución de 40 años haya que retocarla. Pero, afirmada la necesidad de reformarla, hay que añadir matices. En términos generales, la Constitución es buena y válida, nos ha servido mucho y no es necesario hacer reformas muy profundas. Si se examina capítulo a capítulo, título a título, se ve que muy pocas cosas requieren adaptaciones y mejoras. Por ejemplo, no se puede añadir nada en el título I, relativo a los valores fundamentales, que dice que nuestra convivencia se basa en la igualdad, la libertad, la solidaridad y el pluralismo político. En materia de derechos fundamentales, hay quienes sostienen que se incorporen algunos que son del bloque de los derechos económicos y sociales. También se pueden hacer cambios en el orden sucesorio a la Corona y retoques en la organización de los poderes públicos en lo concerniente al Senado. Pero el núcleo más defectuoso está en el título VIII, relativo a la organización territorial del Estado.

-¿Qué habría que cambiar aquí?

-Mejorarlo, porque su redacción original es defectuosa e incompleta, faltan cosas que son propias de los sistemas federales que convendría añadir. Habría que modificar y mejorar el orden de las competencias, que está muy confusamente descrito, y añadir algunas instituciones que permitan mejorar la relación entre el Estado y las comunidades autónomas.

-¿El conflicto catalán se puede resolver reformándola?

-La Constitución hay que retocarla para mejorarla, pero nada de lo que he dicho tiene que ver con el problema catalán. Quizá una reforma pueda permitir un mejor acomodo de Cataluña en el Estado, pero igual que de Andalucía o de otras comunidades. El problema de Cataluña ahora no es de reforma constitucional, puede que esta abriera más posibilidades a la integración, pero el independentismo catalán menosprecia la Constitución y quiere construir una nación distinta. Mientras no caigan en la cuenta de que solo se puede convivir dentro de la misma, mientras no rectifiquen, es difícil que una reforma constitucional pueda satisfacerles. No hablan de Constitución, sino de independencia.

-Defiende una propuesta para solucionar el problema catalán, hacer un nuevo estatuto, reformar la Constitución y luego hacer un referendo en toda España.

-Esa fórmula la propuse en mi libro Cataluña y las demás Españas, del 2014. Entre las ideas que se han puesto sobre la mesa es la más aceptada tanto en el ámbito doctrinal como en el político.

-¿En qué sentido habría que reformar el estatuto?

-Yo no haría una reforma general del estatuto del 2006, que está en los límites en materia de autogobierno. Privar al Estado de más competencias puede llevar a que quede totalmente laminado y a que no sea reconocible como tal. Dentro de ese marco, es posible replantear algunas de las cuestiones que anuló o tuvo que reinterpretar el Tribunal Constitucional. Pero siempre que se modifique simultáneamente la Constitución. Y tratar de hacer un esfuerzo para que la participación de Cataluña en la gobernación del Estado sea más activa y visible.

-¿Tienen sentido las críticas que se hacen a España desde el independentismo y el populismo negando su carácter plenamente democrático?

-No tienen el menor fundamento. España es una democracia tan firme, tan importante, tan garantista y respetuosa con los derechos y que funciona tan bien o como otras democracias europeas o mejor. Y subrayo lo de mejor. Eso no quita para que de vez en cuando se produzcan deficiencias de funcionamiento, crisis de algunas instituciones, pero, por ejemplo, de lo ocurrido recientemente con la sala tercera del Tribunal Supremo no puede derivarse que no funciona, ya que es un tribunal eficaz y tan ajustado a sus funciones como el de cualquier otro país.

-¿Los españoles conocen la Constitución?

-Para la mayoría de los jóvenes es un texto antiguo del que tienen un conocimiento lejano, y para muchos ciudadanos más mayores es una referencia de la que se suele hablar con respeto y valorando su importancia, pero sin un conocimiento preciso de sus preceptos.

«El derecho de autodeterminación no cabe en la Constitución ni reformándola»

Para Muñoz Machado, el conflicto catalán es «sin duda el problema más difícil de resolver que hay en España».

-¿El derecho a la autodeterminación tendría cabida en la Constitución si se reformara?

-No cabe en la Constitución ni reformándola. La capacidad de decidir sobre la desaparición del Estado entra dentro de una reforma constitucional. Supondría la voladura de la Constitución, que proclama la unidad e indivisibilidad del Estado. Podría decidirlo el poder constituyente, que es absolutamente soberano, pero supondría la desaparición del concepto de España. Una España mutilada no es España, una España sin Cataluña es un Estado distinto.

-¿El artículo 155 se aplicó bien?

-Debería haber sido una fórmula más habitual y normal cuando se producen vulneraciones del interés general y no haberlo convertido en una medida tan excepcional y de apariencia terrible. Se utilizó con mucha moderación y cierta ineficacia, porque no ha servido para corregir las desviaciones del independentismo, sino quizá para hacerlas más duras y exigentes.

-¿Debería haber ido más allá?

-Se deberían haber hecho otras cosas. El período de aplicación fue muy corto y se apostó por elecciones inmediatas, y no salió bien.

-¿Cree que se dan las acondiciones para aplicarlo de nuevo?

-No, porque no se están tomando decisiones tan graves como hace un año. Ahora actúan con mucha palabrería y fanfarroneo.

-¿Cuáles son para usted el mejor y el peor artículo de la Constitución?

-Por los valores que contienen, cualquiera de los tres primeros. Quizá el más redondo, el que tiene más fuerza, es el artículo 2, que establece la unidad indisoluble de la nación española sin perjuicio de la autonomía de las regiones y nacionalidades que la integran, porque equivale a la cláusula de perpetuidad que contienen algunas constituciones como la Ley Fundamental de Bonn, que dice que no se puede reformar la estructura de la Constitución en cuanto a la división de Alemania en länder. Hay cláusulas de irreformabilidad también en Francia o Italia. Nosotros no la tenemos, pero el artículo 2 nos dice que no es reformable la indivisibilidad de la nación española, porque si no todo el sistema constitucional se viene abajo. El peor es el 149, que establece el reparto de competencias entre Estado y comunidades autónomas.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

Santiago Muñoz Machado: «La democracia española funciona igual o mejor que en otros países europeos»