La CDU elige a la protegida de Merkel

Kramp-Karrenbauer, la más moderada de los tres aspirantes, gana por un estrecho margen


bERLÍN / CORRESPONSAL

Finalmente venció la continuidad. La Unión Cristianodemócrata (CDU) inició ayer una nueva era sin Angela Merkel, después de 18 años. Y lo hizo decantándose por su favorita, la secretaria general de la formación, Annegret Kramp-Karrenbauer, como su sucesora y potencial candidata a la Cancillería de Alemania por la bancada conservadora cuando concluya la legislatura en el 2021. La conocida como AKK, que representa la línea más moderada, se impuso por un estrecho margen de 517 votos, el 51,8 % del apoyo, frente al ala más derechista, encarnada por el exlíder del grupo parlamentario del partido Friedrich Merz, que obtuvo 482 (48,2 %).

«Acepto la designación y agradezco la confianza», declaró Kramp-Karrenbauer ante los 1.001 delegados cristianodemócratas que votaron durante el congreso federal de la CDU en Hamburgo. El desenlace no llegó hasta la segunda vuelta, pues en la primera ninguno de los tres aspirantes logró la mayoría de 500 sufragios requerida. AKK se hizo con 450, mientras que el preferido de las bases, el millonario Merz, obtuvo 392 y el joven y ambicioso ministro de Sanidad, Jens Spahn, se quedó fuera de la carrera al recibir apenas 157 apoyos. «Agradezco a mis rivales por una campaña justa como la que hemos hecho», dijo la nueva líder de la CDU sobre unas primarias que han puesto en evidencia la polarización que vive el partido.

AKK no lo tendrá nada fácil. Por un lado se enfrenta al reto de unificar a una formación que, desde la crisis migratoria del 2015, se debate entre girar a la derecha o seguir en el centro. «Para mí solo hay una CDU», trató de conciliar Kramp-Karrenbauer, consciente de que, al ganar ella, pierden aquellos que critican a Merkel por abrir la frontera, entre los que se encuentran Merz y Spahn. Para lograr la unidad, antes deberá redefinir el rumbo del partido, que en poco más de dos años ha pasado del apoyo del 40 % en los sondeos al 25 %.

«La fortaleza de la CDU es de gran relevancia para Alemania y Europa», defendió AKK, refiriéndose a la crisis del bipartidismo que recorre el continente. Los conservadores han perdido muchos votos de manos de la formación ultra AfD, que se coronó tercera en las elecciones del 2017 y se ha colado en todos los Parlamentos regionales. Por ello, medios y analistas no dudan que virarán sí o sí a la derecha. Incluso capitaneados por Kramp-Karrenbauer, que en materia de asilo se ha mostrado mucho más restrictiva que la canciller.

«Gracias jefa»

Fue una jornada emotiva. Merkel se despidió abogando por la cohesión y el centro en sus filas. «Es hora de abrir un nuevo capítulo», aseguró entre aplausos que se prolongaron casi diez minutos y pancartas que rezaban «Gracias, jefa». La considerada como la mujer más poderosa del mundo insiste en seguir como canciller hasta agotar la legislatura.

Una legislatura que desde que arrancó no ha dejado de provocarle quebraderos de cabeza, por las fuertes diferencias entre los tres socios de la gran coalición de conservadores y socialdemócratas. Al menos le resultará más sencillo mantenerla intacta, y evitarle así al país el riesgo que supondría una ruptura del Gobierno y la celebración de elecciones anticipadas, ahora que tiene a su aliada AKK al frente de la CDU en lugar de a un enemigo acérrimo, como habría sido el caso con Merz o Spahn.

Una gestora fría y pragmática

P. b.

Annegret Kramp-Karrenbauer, AKK por sus iniciales, nació en Völkingen, ciudad situada en el oeste de Alemania, hace 56 años. Miembro de una gran familia católica, se describe como una niña muy estudiosa, que adoraba leer y nunca se atrevió a escapar de clases. Mientras realizaba la carrera de Políticas y Derecho (entre 1984 y 1988) fue jefa de las juventudes cristianodemócratas en su Sarre natal. La mayor parte de su carrera se ha desarrollado en ese diminuto estado federado fronterizo con Francia, donde primero fue asesora del grupo parlamentario de la CDU, luego titular de Interior, poco después de Educación, y finalmente primera ministra de Gobierno desde el 2011 y hasta febrero de este año. Fue entonces cuando dejó el cargo para acudir al llamado de Merkel y convertirse en secretaria general de la formación con el 99 % del apoyo de sus correligionarios.

Se caracteriza por su gestión eficiente y pragmática, además de por su estilo sobrio. AKK es católica practicante y está casada con el ingeniero de minas Helmut Karrenbauer, que dejó su empleo para ocuparse de los tres hijos que tienen en común. Una de sus prioridades será mantener las que considera las tres raíces de la CDU, la conservadora, la socialcristiana y la liberal, sin abandonar el centro.

Deshacerse de su apodo

«La gente me tacha de copia, pero puedo decir que estoy aquí por mí misma». Con estas palabras, AKK intentaba ayer desmarcarse de la canciller, a sabiendas de que muchos la denominan «mini Merkel». Un apodo con el que dice no sentirse identificada, pese a que su victoria se debe en buena medida a que fue la elegida por la mandataria para seguir perpetrando su legado. Sin embargo, esa baza a su favor también supone su punto débil entre aquellos que apuestan por una ruptura total.

Por ello, la nueva líder de la CDU quiere prohibir la doble nacionalidad e intensificar las deportaciones de inmigrantes. En el ámbito social rechaza el matrimonio homosexual, en el económico defiende el salario mínimo así como las cuotas de mujeres, y en el europeo la creación de un Ejército comunitario.

El calculado adiós de la canciller

Miguel-Anxo Murado

Escuchando el mensaje de despedida de ayer de Angela Merkel a la asamblea de su partido, uno podría pensar, por el tono, que se trataba de un adiós definitivo e inmediato a la política. Nada más lejos de la realidad. Ese discurso emotivo (la canciller incluso tuvo que contener las lágrimas) puede que fuese sincero, pero también era una pieza oratoria que formaba parte de un plan brillante para que la CDU alemana continúe en la senda centrista que Merkel ha marcado, incluso cuando ella misma haya desaparecido de la escena. El plan debió concebirlo hace tiempo, después de que su controvertida decisión de admitir en el país a un millón de inmigrantes de golpe dañase irreparablemente su popularidad y diese alas a la extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD). Primero, Merkel elevó a la secretaría general del partido a Annegret Kramp-Karrenbauer, un clon ideológico suyo, y luego, cuando esta estrecha colaboradora se encontraba ya firmemente instalada en este puesto clave, la canciller anunció que dejaba la dirección del partido, si bien no del Gobierno.

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