El general que tampoco pudo poner orden en la Casa Blanca

La Voz REDACCIÓN / LA VOZ

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Jonathan Ernst | REUTERS

Trump anuncia el despido en diferido de John Kelly, el militar que cayó en desgracia al chocar con Ivanka

10 dic 2018 . Actualizado a las 07:51 h.

John Kelly será despedido. En diferido, a final de mes. Como si fuera parte del show televisivo que lanzó al estrellato a Donald Trump mientras regalaba trabajos de becario en sus empresas. «You are fired», gritaba con el dedo índice señalando al expulsado del horario de máxima audiencia.

Como si estuviera aún en aquellos días, mientras el fantasma del Rusiagate se le acerca cada día un pasito más a pesar de todos sus esfuerzos por desprestigiar la investigación del fiscal especial Robert Mueller, Trump calentó su decisión a lo largo de los últimos días. «Habrá una gran noticia el fin de semana», repetía en su Twitter sin desvelar más.

Pero el misterio, pese a los esfuerzos del magnate, estaba más claro que en una novela de Agatha Christie. El culpable no era el mayordomo, sino el general de cuatro estrellas John Kelly, que llevaba desde el pasado mes de mayo en la cuerda floja y cuya salida se daba por segura tras la derrota de los republicanos en las elecciones de mitad de mandato que también le costaron el puesto al fiscal general, Jeff Sessions.

El futuro de Kelly empezó a teñirse de negro cuando, en atribución de sus funciones, se enfrentó de forma abierta a Ivanka Trump, la niña de los ojos del presidente, y a su marido Jared Kushner, distinguido con el privilegio de asesor presidencial mientras se dedica a fortalecer su propia agenda personal con vistas a futuros negocios.

La primera medida de Kelly fue prohibir el acceso directo de ambos al despacho presidencial para intentar contener así los posibles arrebatos incontrolados del magnate. Su autoridad duró unos pocos meses, pero desde el verano se empezó a comprobar su pérdida de autoridad ante el único que decide: Donald Trump.

John Kelly llegó a la Casa Blanca convencido de que su disciplina castrense lograría contener los escándalos diarios en el ala oeste, y dejará su cargo a finales de este año tras llegar a la conclusión de que, en el entorno de Donald Trump, no hay espacio para dos líderes. «Es un gran tipo», afirmó Trump sobre él.

El condecorado militar entró en el gabinete de Trump como secretario de Seguridad Nacional y se convirtió en el rostro de su polémica política migratoria, pero seis meses más tarde abandonó esa tarea para trabajar en la Casa Blanca, en julio de 2017.

Guardián de los secretos

Todo jefe de gabinete es un guardián del ala oeste, y Kelly quiso imprimir orden entre unos asesores de Trump que entraban y salían a su antojo del Despacho Oval, calentando la oreja al presidente sin jerarquías claras.

El general trató de crear un proceso riguroso para los contactos con el presidente, y en sus primeras semanas en el poder logró forzar la salida de dos polémicos asesores que, a su juicio, fomentaban el caos: el estratega Steve Bannon y el director de comunicación, Anthony Scaramucci.

También inició una guerra contra las filtraciones de información a los medios de comunicación, y dio un paso arriesgado al degradar temporalmente de «alto secreto» a «secreto» el permiso que el yerno y asesor de Trump, Jared Kushner, usaba para acceder a información confidencial, algo que deterioró su relación con esa figura clave.

Pero esos cambios estructurales y burocráticos no lograron contener el caótico poder de los tuits diarios de Trump, ni su tendencia a asumir posiciones polémicas de las que muchas veces intentó distanciarse sin éxito. Su sucesor será un joven de 36 años, Nick Ayers, el secretario del vicepresidente Mike Pence. A pesar de su juventud, se dice que tiene la habilidad política -crucial para Trump quien está trazando un camino hacia las elecciones del 2020- de la que Kelly carecía.

James Mattis, el siguiente en la lista negra presidencial

El adiós de Kelly es uno más de la constante rueda de relevos instaurada por Donald Trump, que pocas horas después de confirmar su despido informó de la próxima salida del jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército de EE.UU., el general Joseph Dunford, considerado la mano derecha del secretario de Defensa, James Mattis, marca un claro punto de inflexión en la relación entre el Pentágono y la Casa Blanca.

Dunford se ha convertido finalmente en un daño colateral de la cada vez más deteriorada relación entre Mattis y el presidente Donald Trump, quien con su decisión parece mandar un claro mensaje al secretario: dimite. El perfil bajo que ha mantenido el militar desde que asumió el cargo en octubre del 2015, no hace sino reforzar la impresión de que su marcha se debe a cuestiones políticas, no militares.

La jefatura del Estado Mayor Conjunto supuso el broche de oro para una carrera meteórica, que hizo que Dunford pasara de llevar en la solapa de su uniforme de general una estrella a cuatro en apenas tres años. Dunford, de 62 años, es natural de Boston y durante 18 meses, entre el 2013 y el 2014, fue el responsable de clausurar la guerra más larga de la historia de Estados Unidos desde su puesto de comandante de las fuerzas aliadas de la misión multinacional de Afganistán (ISAF), el punto culminante de su trayectoria militar.