«Brexit» duro, «brexit» blando o «no brexit»


Aestas alturas de la película, protagonizada por ese matrimonio tradicionalmente mal avenido que aún forman Londres y Bruselas, soy incapaz de atisbar el desenlace. Hasta ayer confiaba en que la pareja iba a divorciarse pacíficamente, de común acuerdo, estableciendo un reparto equitativo de los costes que toda separación conlleva. Pero, vistas las últimas secuencias del filme -el pronunciamiento del tribunal de justicia de la UE y el aplazamiento de la votación decisiva en la Cámara de los Comunes-, ganan peso en las casas de apuestas los otros dos finales posibles: la ruptura traumática o la reconciliación de los cónyuges. La pelota, en todo caso, está en el tejado británico. Bruselas, una vez rubricado el mejor acuerdo «y único posible», se ha retrepado en la butaca de espectador, a la espera de que el guionista, con el corazón partío, se decida entre las tres posibilidades: ¿Brexit duro, brexit blando o «no brexit»?

El tiempo se agota. El reloj, puesto en marcha por Londres al notificar a Bruselas su voluntad de abandonar el club europeo, se parará definitivamente en la medianoche del próximo 29 de marzo. Al día siguiente, el Reino Unido estará fuera de la Unión Europea. Con acuerdo o sin acuerdo, como estipula el Tratado de Lisboa. La posibilidad de una salida pactada y ordenada, incluido un período transitorio para minimizar los daños en ambas partes, se aleja cada vez más. La primera ministra británica retiró ayer del Parlamento el acuerdo suscrito con el Consejo Europeo para evitar una derrota humillante. Theresa May, desesperada, corre a Bruselas con una misión que parece imposible: arrancar nuevas concesiones de la UE, especialmente referidas a la frontera de Irlanda del Norte, y renegociar lo que anteayer definía como «el mejor acuerdo posible».

Está por ver si Bruselas acepta reabrir el delicado melón. Y aunque lo haga, la modificación del acuerdo tendría que ser asumida por los 27 y contentar a la mayoría del pueblo británico. Empresa harto difícil. El tiempo aprieta y juega a favor de quienes sostienen que la falta de acuerdo es mejor que un mal acuerdo: los que abogan por desengancharse de Europa por las bravas. Y los que hacen oídos sordos a todas las advertencias, como la del Banco de Inglaterra, que pronostica que la salida de la UE sin acuerdo provocaría una caída del 8 % del PIB británico. Pero existe todavía la posibilidad de escribir un final feliz y reconducir el cisma al punto inicial. La vía acaba de despejarla el tribunal de justicia de la UE, al establecer que Londres puede revocar el brexit unilateralmente. Es decir, puede parar las agujas del reloj antes del 29 de marzo, simplemente con notificar su voluntad de permanecer en el club y refrendarla en un nuevo referendo. ¿Cuál de los tres finales llegará a la pantalla? Vaya usted a saber. El irresponsable referendo de Cameron dividió al público británico no en dos, sino en tres partes: europeístas, euroescépticos y aislacionistas. Y así no hay manera de escribir un final de la película que satisfaga a la mayoría de los espectadores.

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