Muñoz Machado, Cebrián y Pascual se disputarán la dirección de la RAE

El próximo jueves se decidirá quién releva a Darío Villanueva tras una primera votación que dejó fuera a Inés Fernández-Ordóñez

La secretaria de la RAE, Aurora Egido, informó sobre el resultado de la primera votación
La secretaria de la RAE, Aurora Egido, informó sobre el resultado de la primera votación

Madrid | Colpisa

Sin novedad en la RAE. Ni el jurista Santiago Muñoz Machado, ni el periodista Juan Luis Cebrián, ni la filóloga Inés Fernández-Ordóñez, ni ningún otro académico, logró ayer los apoyos suficientes para dirigir la Real Academia Española durante los próximo cuatro años -necesitaban mayoría absoluta de los 44 miembros con derecho a voto-. Las espadas siguen en alto. El segundo asalto de este reñido duelo se librará el próximo jueves. Entonces se dirimirá entre los tres candidatos más votados ayer (Muñoz Machado, Cebrián y José Antonio Pascual) y bastará con una mayoría simple para saber quién es el director número 31 de la docta casa, dando relevo al lugués Darío Villanueva (Vilalba, 1950). Se desvanece así la posibilidad de que haya un directora, la primera que sería en tres siglos de historia.

Cada académico dispuso de una papeleta con los 44 nombres de los elegibles, de los que solo podía señalar uno. Según el artículo 25.º de los estatutos de la RAE, «en las votaciones saldrá elegido el académico que obtenga la mayoría absoluta de los votos emitidos por los presentes y por quienes, estando ausentes y contando con derecho a voto, lo hayan ejercido por escrito». Para ser elegido en esta primera vuelta se necesitaba mayoría absoluta, 23 apoyos. Como no fue así, tendrá que celebrarse otra votación en el próximo pleno, «con la participación de los presentes y ausentes con derecho a voto» y en la que «solo figurarán como candidatos los tres académicos más votados en la jornada electoral anterior». Bastará entonces la mayoría simple.

Estaban convocados al pleno los 44 académicos de número con derecho a sufragio. Hay dos miembros más, el helenista Carlos García Gual y el dramaturgo Juan Mayorga, pero son electos y aún no han leído su discurso de ingreso, lo que les priva del voto. Los 44 académicos (36 hombres y ocho mujeres) eran elegibles, según los estatutos, y no pueden negarse a ejercer la dirección. Aunque se admite la renuncia por razón de edad a los mayores de 78 años si son designados.

Villanueva, elegido el 11 de diciembre del 2014, no ha cumplido los 78 años pero rogó a sus colegas no ser votado para un nuevo mandato. Los estatutos permiten al director optar a dos reelecciones, pero él quiere pasar el testigo tras nueve años en la casa y con dos cargos sucesivos, secretario y director. Renunció el 4 de octubre y abrió la caja de los truenos, aunque insiste en que había tomado la decisión tiempo atrás.

La financiación será el caballo de batalla del nuevo director. Con 46 académicos vitalicios y no remunerados y 80 empleados (lingüistas, informáticos y administrativos), los Presupuestos Generales del 2018 consignan la misma aportación que en 2017, 1,6 millones de euros, cerca de un 20 % del presupuesto total de la institución, que roza los siete millones.

Economía y lenguaje inclusivo

Los recursos limitados y menguantes de la RAE proceden de tres fuentes: el Estado que ha cercenado su aportación de 4,2 millones a 1,6 en diez años; la Fundación pro-RAE, que ha pasado de tres millones a uno; y la venta de sus publicaciones, con el Diccionario a la cabeza, que ha sufrido un brutal descenso de ventas solo proporcional al crecimiento exponencial de las consultas gratuitas en su versión web. Los mandatos de los tres últimos directores, Víctor García de la Concha, José Manuel Blecua y Villanueva, han estado lastrados por la crisis, en especial el del último.

El dinero fresco debería llegar de una nueva herramienta, Enclave RAE, que ofrece por suscripción varios servicios lingüísticos avalados por la Academia. Villanueva firmó hace poco un convenio con el Gobierno chino, que ha incorporado el español a las docena de lenguas extranjeras de la educación secundaria y podría generar ingresos.

El segundo caballo de batalla será el informe sobre el lenguaje inclusivo y la revisión lingüística de la Constitución en relación con su presunto machismo que el Gobierno encargó a la RAE. Cuando la vicepresidenta, Carmen Calvo, formuló el encargo, Arturo Pérez-Reverte prometió dejar la RAE si se tocaba una coma. El informe está concluido y algunas fuentes aseguran que se ha hecho un buen trabajo, con una comparativa frente a otras cartas magnas de países vecinos. Hasta enero, ya con el nuevo director en su despacho, el informe no se analizará en el pleno y se refrendará si acaso se decide.

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