Sánchez, en soledad ante la crisis catalana

El presidente solo cosecha críticas, tanto de los secesionistas, a los que amenaza con el 155 en un intento de marcar distancias, como de PP y C?s, a los que acusa de echar gasolina al fuego


madrid / la voz

Poco o nada queda ya de la alianza en el Congreso que logró tejer Sánchez el pasado 1 de junio para que prosperase su moción de censura contra Rajoy. El presidente del Gobierno se encuentra más aislado que nunca y en medio de un fuego cruzado que evidencia cada vez más su consabida debilidad parlamentaria, que ayer quedó al descubierto por completo durante el pleno monográfico extraordinario sobre la situación en Cataluña.

Por un lado, el secesionismo incrementa su desafío, tanto desde las calles, a través de los CDR, como desde las instituciones, con el presidente de la Generalitat, Quim Torra, llamando a abrazar la vía eslovena para alcanzar la independencia. Por el otro costado, la oposición endurece su mensaje para exigirle la aplicación del 155 y la convocatoria de elecciones. Hasta ahora, Sánchez iba sobreviviendo en su peregrinar sobre el filo de la navaja, pero su problema es que la sensación de soledad comienza a aflorar también en su propio partido.

Los catastróficos resultados del PSOE en Andalucía han motivado el último amago de motín por parte de los barones territoriales, que empiezan a oler que el batacazo en las elecciones de mayo pueda ser todavía más doloroso. Por ello, el jefe del Ejecutivo inició ayer su intervención elevando el tono contra el secesionismo advirtiendo que no le temblará el pulso si se ve obligado a recurrir al 155. En ningún momento llegó a mencionarlo de forma explícita, probablemente en un intento de no desairar a los socios que lo auparon al poder, pero no quedó ni una sola duda de a lo que se refería: «La vía para resolver estos problemas es la Constitución española. Todo lo que se sitúe fuera, contará con la respuesta firme, serena, proporcional y contundente del Estado de derecho. No hace falta decir más. No hay ni que gesticular, ni que hablar más alto para que se me entienda», afirmó. Sobre Torra y su llamada a la balcanización de Cataluña, el presidente del Gobierno lamentó una «manipulación lamentable» por parte de alguien «desesperado» y con un «desconocimiento de la Historia» al que no le queda más remedio que recurrir a la «mentira». 

Salario mínimo de 900 euros

Sánchez también dejó caer que no volvería a tolerar cortes en las carreteras o boicots a los peajes, y que si la Generalitat no era capaz de controlar estas situaciones, el Gobierno central, a través del Ministerio del Interior, se haría cargo enviando a «suficientes» policías.

La próxima fecha caliente en Cataluña está fijada en el calendario para el próximo viernes 21, coincidiendo con la celebración del Consejo de Ministros en Barcelona en el que ayer avanzó que aprobará la subida del salario mínimo a los 900 euros. Para entonces ya hay convocadas movilizaciones, cortes de carreteras y hasta la toma de aeropuertos por parte de los CDR.

El tono de Sánchez no cayó nada bien en la bancada independentista. El portavoz del PDECat en el Congreso, Carles Campuzano, insinuó que el 155 sería «la constatación de su fracaso», y hasta se atrevió a darle «un consejo» que sonó más bien a amenaza: «Retorne al espíritu de la moción, tan solo así podrá gobernar», dijo, consciente de que sus escaños son clave para mantenerlo en Moncloa. Pero si el mensaje de Sánchez sonó duro en el sector secesionista, en la oposición a todo lo contrario, y tanto Pablo Casado como Albert Rivera lo acusaron de hablar mucho, decir poco y no hacer nada.

Espacio intermedio

En ese espacio intermedio entre el secesionismo y la oposición en el que Sánchez, hasta el momento con poco éxito, trata de hacerse fuerte, el jefe del Ejecutivo afeó a PP y a C’s no solo su falta de «sentido de Estado», sino de tratar de sacar tajada a costa de «echar gasolina al fuego».

El presidente del Gobierno también cargó ayer con fuerza desde la tribuna de oradores contra Casado y Rivera por su más que probable pacto para gobernar en coalición en Andalucía, un acuerdo en el que Vox tiene mucho que decir. Sánchez les invitó a que apuntaran la «gran lección» que acaba de impartir la derecha sueca, pero que también se estila en el resto de democracias europeas, al poner «un cortafuegos» con la ultraderecha, con la que no se negocia nada. «No se echen en sus brazos», les recriminó. Ya metido en las negociaciones andaluzas, hasta se atrevió a pedir el voto del PP y de C’s para que «la primera fuerza política, el PSOE», vuelva a presidir la Junta, algo que generó una pequeña sonrisa en los rostros de Casado y Rivera, que lo descartan por completo.

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