Armas y pensiones, las bazas de Bolsonaro

Miguel Piñeiro Rodríguez
Miguel Piñeiro BRASILIA / CORRESPONSAL

ACTUALIDAD

Fabio Teixeira | Dpa

El ultra asume el martes la presidencia de Brasil aprobando por decreto ley el porte de armas de fuego y tiene en el horizonte dos reformas económicas de gran calado para las clases medias

30 dic 2018 . Actualizado a las 08:36 h.

El 1 de enero, Jair Bolsonaro recibirá de su predecesor, Michel Temer, la franja presidencial que lo acredita como nuevo mandatario de Brasil. Escoltado por los Dragões da Independência (la histórica guardia presidencial del ejército brasileño), hará su discurso en el modernista y lujoso Palácio do Planalto antes de pasear, a capota descubierta, en un Rolls Royce. Dará comienzo así el 38.º mandato del país, con fecha marcada para el 14 de enero para la celebración de la primera reunión ministerial oficial. Ahí, los 22 ministros ya elegidos por el ultraderechista para acompañarle en el mandato están citados para proponer una o dos medidas urgentes para la agenda de los 100 primeros días. Pero ya hay cartas marcadas de antemano en la agenda de Bolsonaro. 

REFORMA DE LAS PENSIONES

Cotizaciones individuales y alargar la vida laboral. Las jubilaciones es el gran tema pendiente en las reformas económicas que afrontó el Gobierno Temer tras el impeachment de Dilma Rousseff. Al presidente saliente le faltaron fuerzas, tiempo y dinero para afrontar el cambio de modelo de las pensiones en Brasil. Bolsonaro, de la mano del ultraliberal Paulo Guedes, planteará una reforma que lleve a cotizaciones individuales que, en teoría, perjudicarán a los trabajadores de renta baja (la inmensa mayoría en el país) y obligándoles a extender su vida laboral. 

MERCADO LABORAL

Combatir la deuda. Temer aprobó una muy criticada reforma laboral, que a Bolsonaro le parece claramente insuficiente. Durante la campaña electoral repitió varias veces lo «difícil que es ser empresario en Brasil», refiriéndose a los excesivos derechos del trabajador (incluIdos los permisos de maternidad). «La ley laboral tiene que aproximarse más a la informalidad», dijo el presidente electo recientemente, una clara muestra de por dónde van los tiros después de suprimir el Ministerio de Trabajo en un país donde las desigualdades son gigantescas. Todo mientras Brasil ha perdido más de 4 millones de puestos de trabajo en apenas dos años y medio.