May sufre otra derrota y deja en manos de los Comunes el «brexit» sin acuerdo

Crece la tensión y los contrarios a la ruptura con la UE denuncian agresiones


REDACCIÓN / LA VOZ

La confusión se multiplica en torno al brexit. Hoy arranca el debate en el Parlamento sobre el acuerdo de salida de la Unión Europea que el Gobierno británico pactó con Bruselas y que será votado el próximo martes. Pero horas antes de la pugna parlamentaria, el entorno de Theresa May sigue buscando subterfugios para intentar frenar una derrota que parece segura ante la falta de apoyos para sacar adelante un documento que no satisface a casi nadie.

Quizá por ello, ayer se filtró por la mañana que un nutrido grupo de colaboradores de la premier -ministros, secretarios de Estado y asesores- propugnaba la idea de pedir un aplazamiento de la entrada en vigor del artículo 50 del Tratado de Lisboa, previsto para finales de marzo y que supondría una ruptura en términos muy duros si no hay acuerdo de divorcio. La maniobra es la habitual del entorno de May. Primero se filtra la idea -que las autoridades británicas habrían consultado a las comunitarias sobre la posibilidad de posponer la salida-, luego sale alguien a desmentirla -ayer le tocó al ministro del brexit, Stephen Barclay- y, finalmente, la hipótesis va tomando cuerpo con el paso de las horas.

A expensas de ver cómo se traduce esa nueva intentona de May de ganar tiempo ante sus socios de la UE, la primera ministra británica sufrió anoche una nueva derrota en el Parlamento que impedirá que se produzca un brexit sin acuerdo sin que la sede legislativa haya dado antes su visto bueno. Por 303 votos a favor y 296 en contra, los Comunes respaldaron una enmienda presupuestaria que limita el gasto destinado a los preparativos que haga el Gobierno para un brexit sin acuerdo.

La ley de finanzas impide al Gobierno de May subir ciertos impuestos y tomar otro tipo de medidas financieras sin autorización previo del Parlamento en caso de un brexit sin acuerdo. Con esta estrategia, que tiene el efecto de complicar el proceso, los diputados pretenden demostrar al Ejecutivo tory el grado de oposición que existe en los Comunes a una salida no negociada de la UE.

Las divisiones internas entre favorables y contrarios a la ruptura con la Unión Europea es ya de gran profundidad. Laboristas que abogan por la celebración de un segundo referendo, agrupados en la campaña Another Europe is possible (otra Europa es posible), presionan a su líder, Jeremy Corbyn, para que defienda esta opción.

La plataforma, liderada por la activista Ana Oppenheim, señaló que sectores de la formación de 201 circunscripciones del Reino Unido debatirán una moción para endurecer su línea antibrexit a finales de este mes. Además de pedir el respaldo a un nuevo plebiscito, la moción llama a oponerse al acuerdo de salida entre el Gobierno británico y el bloque comunitario y la defensa del libre movimiento de personas.

En la calle, la tensión no para de crecer y parlamentarios partidarios de anular el brexit denunciaron amenazas en los accesos de Westminster de activistas favorables a la ruptura e incluso agresiones a manifestantes partidarios de seguir en la UE.

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La City perderá hasta 12.000 empleos y 800.000 millones

El brexit costará hasta 12.000 empleos al sector financiero británico, aseguró ayer una alta responsable de la City de Londres, que urge al Gobierno a evitar el peor escenario posible: una salida de la UE sin acuerdo.

Catherine McGuinness, una de las principales dirigentes del lobby financiero londinense, admitió en una entrevista con la AFP que los empresarios no ocultan su inquietud por la votación crucial del martes en el Parlamento británico sobre el acuerdo negociado con Bruselas, que choca con un fuerte rechazo, lo que alimenta el temor de un divorcio brutal. «Nos preocupan los riesgos ligados a una ausencia de acuerdo. Serían negativos para los consumidores y las empresas en el Reino Unido y en la UE», afirma McGuinness.

Al corazón financiero de Europa le preocupa también la armonización de la legislación británica con las exigencias comunitarias. «Salimos de la Unión Europea pero no salimos de Europa», dice la empresaria.

Sin embargo, las consecuencias del brexit ya empiezan a hacerse sentir, porque la mayoría de grandes bancos presentes en Londres anunciaron el traslado de empleados hacia el continente.

Limitar las perturbaciones

Estos mastodontes internacionales de las finanzas buscan limitar las perturbaciones tras el brexit, que les privará de un pasaporte financiero europeo que ahora les permite comerciar en el continente desde Londres. «Estimamos que entre 3.000 y 12.000 puestos de trabajo» habrán abandonado Reino Unido a finales de marzo afirma McGuinness.

Un estudio de EY desvelado ayer se asegura que desde el referendo del 2016 se han transferido unos 800.000 millones de libras en activos desde el Reino Unido hacia el resto de la UE.

En el largo plazo, la City no sabe qué le depara el futuro y sigue reinando gran incertidumbre sobre la futura relación comercial con la UE. Los europeos parecen poco proclives a incluir al sector financiero en un vasto acuerdo de libre comercio, como pide el ministro de Finanzas británico Philipp Hammond. En su lugar, pusieron sobre la mesa la propuesta de un régimen de equivalencias, que Londres critica porque sería revocable en cualquier momento.

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