Maduro inicia su segundo mandato en medio del boicot internacional

Reivindica su legitimidad y carga contra los países «satélites del imperialismo gringo»


CARACAS / CORRESPONSAL

Aunque dedicó buena parte de su discurso de toma de posesión a negar su falta de legitimidad, Nicolás Maduro inicia un nuevo mandato en medio de una ola de rechazo internacional y de aislamiento sin precedentes en América Latina, que comprometen su intención de gobernar otros seis años a una Venezuela devastada por su primer sexenio de presidencia. Tanto la Organización de Estados Americanos (OEA), que votó una resolución histórica desconociendo la presidencia de Maduro con 19 votos a favor, como la Unión Europea, que reiteró en un comunicado que «las elecciones presidenciales celebradas el pasado mayo en Venezuela no fueron ni libres ni justas (…) y carecen de credibilidad», restan peso político del mandatario venezolano, que tampoco contará con el reconocimiento de más de 60 gobiernos. La UE se debate entre profundizar las sanciones al jefe de Estado venezolano y a su entorno, lo cual hará en los próximos días Estados Unidos, según portavoces extraoficiales en Washington.

El panorama doméstico no es mucho mejor: con el 85 % de rechazo, y varias protestas durante su toma de posesión por la falta de alimentos y la falta de servicios públicos, el mandatario habría enfrentado en diciembre, según The Washington Post, la exigencia de su renuncia por parte de su ministro de Defensa, Vladimir Padrino, quien, en público, es uno de sus más leales apoyos y que se encontraba en el acto de este jueves.

En una resolución histórica, la OEA no reconoce al presidente y pide nuevos comicios Maduro prometió, sin embargo, «corregir lo que tenga que corregir» y declarar «la guerra a la indolencia, el burocratismo y la corrupción» de su régimen socialista. En su discurso de toma de posesión en el Tribunal Supremo de Justicia, aseguró que en el acto participaban «representantes de 94 países», aunque como jefes de Estado, solo estaban sus aliados bolivarianos (Evo Morales, Miguel Díaz Canel, Salvador Sánchez Cerén), y los presidentes de Abjasia y Osetia del Sur, países escindidos de Georgia que no son reconocidos por la comunidad internacional.

Según Maduro, él es «un presidente profundamente democrático» que ha sido objeto de «una campaña mediática descomunal». Pidió a los mandatarios del Grupo de Lima (a los que se refirió como «satélites del imperialismo gringo») un «debate con agenda abierta» para frenar «la intolerancia ideológica de la derecha», como definió la controversia que la mayoría de sus vecinos mantienen con él.

A lo largo de una hora y media de discurso, no hizo mención a los 300 presos políticos ni tampoco a los más de 4 millones de venezolanos que han tenido que dejar el país . Todo pese cuando sucedió a Hugo Chávez prometió «cumplir con su sueño de construir el socialismo del siglo XXI».

Treinta protestas diarias en un país que pasa hambre

P.G.O.

Aunque en su discurso Nicolás Maduro dijo, en un tono que pretendió ser jocoso, que iba a abrir en Venezuela una «sección de los chalecos amarillos (…) porque nosotros somos rebeldes», la verdad es que, mientras hablaba en la cadena nacional, tenían lugar cinco protestas en las principales ciudades de Venezuela, y al menos un dirigente sindical era arrestado por las fuerzas militares.

La situación económica del país es tan desesperada que, según el Brookings Institute, un think-tank con sede en Washington, un año más de régimen de Maduro hará que salgan del país 5 millones de venezolanos, que se sumarán a los 4 millones que ya se han ido. Esta institución publicó el miércoles su informe anual sobre las grandes crisis internacionales a evaluar en el 2019, colocando la del país sudamericano en sexto lugar.

Justo en el momento en que Maduro iniciaba su alocución, maestros de Barquisimeto se manifestaban por sus bajos salarios y en el oeste de Caracas tenía lugar una movilización por la escasez de gas. Cada día hay más de 30 protestas. En previsión de que las mismas tomaran este jueves un cariz político, Maduro militarizó el país y ordenó ejercicios conjuntos de la Policía Nacional y el Ejército.

La situación económica es insostenible. El país sufrió una inflación de 1.700.000 % durante el año pasado, y de 141 % solo en diciembre, según cálculos de la Asamblea Nacional. El Producto Interior Bruto, que colapsó a la mitad en el sexenio de Gobierno de Maduro (una cifra sin parangón incluso en países en guerra) sufrirá otra contracción del 6 % este año, según los economistas.

Menos de tres comidas al día

El 92 % de la población es pobre, y casi la mitad hace menos de tres comidas al día, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) de las tres universidades más prestigiosas del país. Aparte, la improductividad de la economía, los sobornos y los robos, hacen que los alimentos sean más caros, en dólares, que en muchos países industrializados. Un kilo de cebollas, por ejemplo, cuesta casi 4 euros en Caracas.

El país arrancó el año con una moneda (el bolívar soberano) que en tres meses ha perdido el 95 % de su valor. «El Gobierno de Maduro es inviable, no le garantiza nada a nadie, y la única solución a la crisis económica es política», afirmó Juan Guaidó.

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