Dormir menos de 6 horas aumenta en un 27 % el riesgo cardiovascular

Un estudio del CNIC demuestra que cuidar el sueño previene de patologías cardíacas


redacción / la voz

Dormir dos horas o incluso una hora menos de las recomendadas puede marcar la diferencia entre gozar de una buena salud cardiovascular o de presentar un mayor riesgo de sufrir una patología cardíaca. Pero no solo cuenta la cantidad, sino también la calidad, ya que despertarse varias veces por la noche o fragmentar las horas dedicadas al descanso es tanto o más perjudicial. Así se recoge en el mayor trabajo que jamás se haya realizado sobre el tema, que pone en evidencia que a la hora de prevenir un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular no solo es importante lo que se come, sino también lo que se duerme. Se trata del estudio PESA-CNIC, liderado por el director del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), Valentín Fuster, y en el que se evaluó a cerca de 4.000 personas sanas.

Las conclusiones revelan que las personas que duermen menos de seis horas al día tienen una probabilidad un 27 % mayor de tener ateroesclerosis, la obstrucción de las arterias por placas de colesterol, lo que a su vez incrementa el riesgo cardiovascular. El porcentaje se eleva a un 34 % en el caso de las personas que presentan una mala calidad del sueño. «La medicina está entrando en una fase fascinante. Hasta ahora hemos tratado de entender las enfermedades cardiovasculares, pero, gracias a estudios como PESA CNIC-Santander, estamos comenzando a entender la salud», explica Valentín Fuster, director general del organismo público de investigación.

La investigación refrenda los resultados de otras previas con un menor número de voluntarios, pero aún son necesarios más trabajos para establecer los mecanismos de acción que vinculan el sueño con el corazón. Así lo asegura el autor principal del estudio, José M. Ordovas, investigador del CNIC y director de Nutrición y Genómica en el Centro de Investigación de Nutrición sobre el Envejecimiento Jean Mayer, en la Universidad de Tufts (EE.UU.). «Hay -dice- dos cosas que hacemos todos los días: comer y dormir. Desde hace años conocemos la relación entre la buena nutrición y la salud cardiovascular, pero todavía no tenemos tanta información acerca de la relación entre el sueño y la salud cardiovascular».

Lo que en todo caso parece evidente es que a partir de ahora no solo habrá que cuidar la dieta para evitar el riesgo de un infarto de miocardio o cualquier otra patología vascular, sino también el sueño. «Debemos incluir al sueño como una herramienta para combatirlas», sostiene Ordovás, quien también destaca que «este es el primer estudio que muestra que el sueño medido objetivamente está asociado de manera independiente con la aterosclerosis en todo el organismo, no solo en el corazón».

El trabajo incluyó a 3.974 empleados bancarios del estudio PESA CNIC-Santander que, dirigido por Valentín Fuster, utiliza técnicas de imagen para detectar la prevalencia y la tasa de progresión de las lesiones vasculares subclínicas en una población con una edad media de 46 años. Todos los participantes están libres de enfermedad cardíaca conocida y dos tercios eran varones. Los voluntarios utilizaron durante siete días un actígrafo, un pequeño dispositivo que mide de forma continua la actividad o el movimiento y que se empleó para medir las características del sueño. También se sometieron a ecografías cardíacas en 3D y tomografías computarizadas para detectar la presencia de enfermedades cardíacas.

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