Merkel y Macron refuerzan su eje para blindar Europa ante los nacionalismos

El Tratado de Aquisgrán apuesta por una política exterior y de seguridad común

Marcon y Merkel firman el nuevo tratado en el ayuntamiento de la localidad alemana de Aquisgrán
Marcon y Merkel firman el nuevo tratado en el ayuntamiento de la localidad alemana de Aquisgrán Reuters

Berlín / Corresponsal

Nunca una amistad fue tan simbólica e imprescindible a la vez. Pese a que Emmanuel Macron atraviesa una crisis sin precedentes y que Angela Merkel se prepara para dejar el cargo en el 2021, los líderes de las dos grandes potencias europeas insisten en blindar al continente ante las amenazas que suponen los nacionalismos y el brexit. Tras numerosos intentos que no han resultado como esperaban y conscientes de que las elecciones europeas de mayo están a la vuelta de la esquina, ambos mandatarios han decidido sacar músculo y relanzar el eje franco-alemán. Para ello, la canciller germana y el presidente galo firmaron este martes el llamado Tratado de Aquisgrán, con el que aspiran a reimpulsar el bloque y que complementará al suscrito el 22 de enero de 1963 por Charles de Gaulle y Konrad Adenauer en el Elíseo.

«74 años después de la Segunda Guerra Mundial se cuestionan cosas que hasta ahora eran consideradas obvias», aseguró Merkel desde el Ayuntamiento de Aquisgrán, antigua capital del Imperio de Carlomagno y donde se llevó a cabo la rúbrica del acuerdo, que calificó de necesario. «Por primera vez un Estado miembro va a dejar la UE», recordó la canciller, quien subrayó que la buena relación entre Alemania y Francia, otrora archienemigos, no puede darse por sentada. «Con este tratado renovamos el fundamento de la cooperación entre nuestros países», declaró la jefa de la gran coalición.

Por su parte, Macron habló de «un nuevo capítulo» bilateral a partir de una reconciliación que cumple 56 años y sentó las bases del continente tal y como lo conocemos. «Alemania y Francia deben asumir su responsabilidad y mostrar el camino», argumentó el presidente galo, para quien los ciudadanos «reclaman una respuesta cada vez más fuerte» ante un brexit que tachó de «doloroso» así como los grandes desafíos internacionales, entre los que citó el terrorismo, la migración y el cambio climático. «La amenaza hoy no viene de los vecinos, sino del exterior de Europa y del interior de nuestra sociedad», señaló.

El Tratado de Aquisgrán, que aún requiere el visto bueno de los Parlamentos de ambos países para ser aprobado, apuesta por lograr una «política exterior y de seguridad común, eficaz y fuerte» en la UE. El documento propone eliminar los obstáculos, fomentar el intercambio de información y recursos en las regiones fronterizas, y el compromiso de asistirse mutuamente en caso de sufrir un ataque. París y Berlín coinciden en la necesidad de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, para que Alemania pase a ser miembro permanente. Asimismo, las dos potencias desean intensificar la cooperación en los ámbitos militar, tecnológico, cultural, medioambiental, educativo e investigativo.

Trapos sucios

Sin embargo, no todo fue sintonía. Los trapos sucios de Merkel y Macron salieron a relucir durante el diálogo que mantuvieron con ciudadanos tras la ceremonia de la firma en torno a la convergencia económica de la UE. «A Francia se le ha reprochado un exceso de gasto y poco esfuerzo por estabilizar los presupuestos. A Alemania un exceso de celo en la estabilización de los presupuestos y no invertir lo suficiente. Tenemos que buscar un camino satisfactorio para los dos», dijo Macron. Merkel, criticada en casa por los socialdemócratas e incluso algunos correligionarios, que la acusan de no haber respondido a las demandas de París como es debido, reconoció que su pueblo está marcado por el estigma de que las palabras «deuda» y «culpa» en alemán se dicen de la misma manera: schuld.

Avalancha de críticas y «fake news» contra el acuerdo de alianza

A su llegada a Aquisgrán, Macron y Merkel fueron recibidos con abucheos y protestas en las que participaron decenas de personas que exigían más justicia social en Europa. Algunas de ellas iban ataviadas con chalecos amarillos, cuyas protestas contra la subida del precio de los combustibles y la desigualdad han provocado una grave crisis en Francia. Desde horas antes de la ceremonia de la rúbrica se escuchaban críticas contra el acuerdo de 16 páginas, en el que para muchos, incluidos los medios, existe poco contenido realmente nuevo. «Decepcionante. Las propuestas en los aspectos económico, social y climático son vagas y no están a la altura de los retos», escribió en Twitter la diputada de Los Verdes Franziska Brantner.

También los nacionalistas de ambos países expresaron su rechazo, después de haber lanzado en las redes eurófobas y ultraderechistas una auténtica campaña de bulos y propaganda que sugería la idea de una pérdida de la soberanía nacional. Por ejemplo, los últimos días circuló el rumor de que Francia iba a devolver a Alemania los territorios de Alsacia y Lorena, anexionados por París tras la Primera Guerra Mundial. Otra de las noticias falsas difundida por la líder de la de extrema derecha gala es que su país tenía intención de compartir con Alemania su asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Marine Le Pen anunció que recurrirá el tratado de Aquisgrán ante el Tribunal Constitucional galo. Mientras que el jefe de la ultraderecha germana AfD, Alexander Gauland, acusó a Merkel y Macron de querer crear una «súper UE» dentro del bloque.

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