El lastre de unos dirigentes de Podemos que no cumplen con sus propios códigos éticos

Una rebelión originada por el fracaso en la gestión de las confluencias

El pasado 19 de septiembre, Errejón y Espinar, con el aval de Iglesias, presentaron el acuerdo sobre la candidatura a la Comunidad de Madrid. Cuatro meses después, nada queda de ese pacto.
El pasado 19 de septiembre, Errejón y Espinar, con el aval de Iglesias, presentaron el acuerdo sobre la candidatura a la Comunidad de Madrid. Cuatro meses después, nada queda de ese pacto.

Madrid / La Voz

¿En qué momento empezó a derrumbarse Podemos? Para algunos, el origen de este desmoronamiento obedece a la incapacidad de Pablo Iglesias para mantener un discurso nacional y a sus errores en la gestión de todas las confluencias. Desde Cataluña, donde el partido es una marca marginal sometida a la dirección de Ada Colau, con posiciones cercanas al independentismo que no comparten otros dirigentes regionales, pasando por Galicia, donde las sectores más nacionalistas rechazan el entusiasmo de Iglesias con unos Presupuestos lesivos para la comunidad, hasta llegar a Andalucía, donde los anticapitalistas comandados por Teresa Rodríguez, junto a IU, ningunearon la marca de Podemos en las pasadas elecciones. Las cesiones de Iglesias en esos territorios han llevado a que otros dirigentes regionales rechacen el sometimiento a las directrices del secretario general y reclamen un grado de autonomía propio. En el caso de Espinar, al que Iglesias situó como un títere en Madrid para hacer frente a Errejón, acabó por rebelarse, consciente de que estaba siendo utilizado. Pero todos los protagonistas de la crisis han tenido su grado de responsabilidad en la degradación de la marca Podemos. El propio Errejón lleva tiempo conspirando contra el liderazgo de Iglesias, refrendado por las bases, y tiene a sus espaldas el lastre de haber sido en su día inhabilitado por incumplir las condiciones de su beca en la Universidad de Málaga por la que cobraba 1.825 euros al mes. Carolina Bescansa, otra excofundadora de Podemos, quedó muy tocada tras difundir por error una carta que demostraba que conspiraba para derrocar a Iglesias de la secretaría general. 

Echenique, que se apresuró a decir que Errejónno debaja su escaño por razones económicas, acaba de ser sancionado por pagar a su asistente en dinero negro. Juan Carlos Monedero, que ayer culpó a Errejón de la crisis de Podemos, dimitió de sus cargos tras las irregularidades fiscales que le obligaron a regularizar su situación cuando Hacienda estaba a punto de abrirle una causa penal. Ramón Espinar rechazó asumir responsabilidades tras descubrirse que había dado un pelotazo con un piso de protección oficial que vendió sin llegar ocuparlo nunca y con el que ganó 30.000 euros. Y la propia imagen de Iglesias y de su pareja y portavoz de Podemos, Irene Montero, quedó muy debilitada internamente tras comprar un chalé de lujo con piscina y casa de invitados en Galapagar (Madrid), con una hipoteca muy ventajosas respecto a las condiciones de mercado. Todo ese cúmulo de despropósitos está también en el origen del desencanto del electorado de Podemos.

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