El vórtice polar y «El día de mañana»

Las imágenes de la ciudad estadounidense congelada recuerdan a una película que retrata un problema que podría ocurrir. La revista Science ha publicado un nuevo artículo sobre los cambios en la corriente del Golfo.

La rotura del vórtice polar está dejando imágenes y registros estremecedores en Estados Unidos. El frío rivaliza con las zonas más extremas del planeta; Siberia, la Antártida o la cima del Everest. Las fotografías aéreas de la ciudad de Chicago congelada parecen sacadas de la película El Día de Mañana, que retrata como un cambio brusco del clima genera un era glaciar en la Tierra. Los efectos están retratados de forma exagerada pero el filme describe muy bien el problema que causa ese desastre; la paralización de la corriente del Atlántico norte, que pertenece a la circulación termohalina.

Se trata de un transporte de aguas cálidas y frías que recorre el mundo para equilibrar la diferencia de temperatura entre el Ecuador y los polos. La parte de esa cinta transportadora que circula por el Atlántico norte se llama corriente del Golfo, un sistema de calefacción natural del que siempre ha disfrutado Europa. Cuando las aguas cálidas que salen desde el Golfo de México recorren las superficie oceánica hacia el norte, durante el ascenso se enfrían y ganan salinidad, aumentando su densidad. Cerca de Islandia, el agua está tan gélida y salada que cae hacia el fondo. Esa zona del Atlántico norte se conoce como formación de aguas profundas. Este mecanismo lleva siglos funcionando gracias a un delicado equilibrio entre temperatura y salinidad, que ahora está siendo alterado. El deshielo de los glaciares del Ártico arroja agua dulce al océano y ese aporte adicional altera la dinámica de la corriente. Su densidad se reduce y el agua ya no desciende hacia el fondo con tanta facilidad. Según un artículo publicado hace unos meses en Nature, el transporte de agua ha disminuido entre un 15 y un 20 % en los últimos 150 años. Su caudal ha perdido unos tres millones de metros cúbicos por segundo, el equivalente a quince Amazonas. Una de las tesis asegura que no ha estado tan débil en mil años.

El pasado jueves, una nueva publicación en la revista Science asegura que la comunidad científica ha descubierto nuevos mecanismos que alteran este transporte de aguas, que no se habían tenido en cuenta y que obligarían a revisar algunos trabajos previos. La investigación revela que el agua fría del deshielo de Groenlandia que llega al océano es mayor de lo estimado y que afectaría también a ese proceso de formación de aguas profundas. Si la corriente del Golfo se detuviese, el planeta no entraría en una nueva edad de hielo, como propone la película, pero los efectos sobre el clima global serían notables. En Estados Unidos podría subir el nivel del mar en la costa este drásticamente.

En solo un año, entre el 2009 y el 2010, se registró una elevación de diez centímetros asociada a una ligera desaceleración de la corriente. Y si Europa se queda sin el efecto que producen las aguas cálidas, las temperaturas descenderían y ciudades de Europa podrían lucir como estos días Chicago.

La inquietante anomalía del Atlántico

XAVIER FONSECA

Mientras la temperatura de la mayor parte de la Tierra asciende, en la región subpolar del océano, baja

Año tras año, los mapas de la temperatura de la Tierra muestran un rojo cada vez más intenso. Ese color indica temperaturas por encima de la media. Sin embargo, hay una zona en el extremo norte del Atlántico que evoluciona justo al contrario. Cada vez está más azul, con valores por debajo de la media. «La mancha azul del mapa que se repite cada año se conoce como Cold Blob y sus porqués y repercusiones ocupan hoy los esfuerzos de muchos oceanógrafos», reconoce Marcos Fontela, investigador del CSIC en el Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo.

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