Casualidades que forjaron imperios

Algunas de las compañías más famosas y rentables del mundo surgieron de una idea alejada del negocio actual


Redacción / La Voz

Algunas nacieron en un garaje. Otras, fruto de la casualidad. Unos vieron en su propia necesidad una oportunidad de negocio. Otros llegaron a la idea del millón después de muchos descalabros. Porque antes de copar titulares, ganar millones y pelearse con la flor y nata empresarial para lograr un hueco entre las compañías más valiosas del mundo, los más grandes también arrancaron desde abajo. Hoy rigen el mundo. Están presentes en gran parte de los hogares. Y ganan dinero. Mucho dinero. Pero antes de conquistar la cima hubo una idea que dinamitó todo lo demás. Algunas de ellas sorprendentes y, la mayoría, desconocidas. Así surgieron los gérmenes empresariales más lucrativos del mundo.

bayer

El tinte que eliminó los dolores de cabeza. Bayer aterrizó en el mundo empresarial con un propósito muy alejado del sector sanitario. Fundada en Alemania en 1863, la compañía nació como una fábrica de tintes. Friedrich Bayer y su socio Johann Friedrich Weskott se toparon con una millonaria casualidad. Descubrieron que alguno de los productos para teñir tenía propiedades curativas y se pusieron manos a la obra para lograr la fórmula. Ayudó en su empeño la llegada a la compañía del químico Felix Hoffman. Los tres socios logran sintetizar por primera vez el ácido acetilsalicílico en 1894. Pero no todo son luces en la historia de Bayer. Junto a la salida al mercado de su archiconocida -y rentable- aspirina, estrenan otro revolucionario producto: la heroína, que se comenzó a producir de manera industrial como sedante para la tos y sustituto para la adictiva morfina.

netflix

La pereza nunca fue tan rentable. Reed Hastings se encontró con la gallina de los huevos de oro después de pagar una multa. Sanción que, por cierto, le cayó por perezoso. Al fundador de una de las plataformas de streaming más rentables del mundo se le ocurrió seguir adelante con su idea después de tener que pagar 33 euros a un videoclub de Silicon Valley por no entregar a tiempo un VHS de Apolo 13. Dicen que la gandulería no es buena. Que se lo cuenten a Hastings y a su socio Marc Randolph. Se plantearon seriamente montar un negocio en el que la gente pudiera alquilar películas y devolverlas después a través del correo ordinario. La democratización de Internet, la paciencia y una idea que se pulió para ir acoplándola a los tiempos hicieron el resto.

coca-cola

El millonario calvario de tener mal estómago. En 1886, el farmacéutico John S. Pemberton se encerró en el patio trasero de su negocio y, caldera de bronce en mano, se puso como meta un único propósito: crear un jarabe contra los problemas de digestión que además le aportara un extra de energía. Nadie daba un duro por el invento. Durante los primeros años vendía apenas nueve vasos al día. Al boticario se le ocurrió ir un paso más allá. Agregando agua carbonatada podía crear una bebida refrescante y ampliar el negocio. Y tanto que se amplió. 

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Empezó por los libros... y lo acaparó todo. Jeff Bezos llevaba ya tiempo dándole a la cabeza. Él, visionario, ya se olía que eso de Internet abriría una oportunidad de negocio como nunca antes se había visto. Pero no acababa de descubrir qué ofrecer a sus clientes. Todo cambió durante la convención anual de los libreros en Los Ángeles. Se le encendió la bombilla. Allí aprendió cómo funcionaba el negocio de venta de libros; y lo hizo para, meses después, darle una vuelta de tuerca y revolucionarlo. Los 300.000 euros con los que arrancó el negocio fueron un préstamo de su padre adoptivo y su madre, que creyeron en su vástago con los ojos cerrados y le cedieron todos los ahorros de la jubilación. Bezos se puso manos a la obra. En 1995 abría la librería virtual Cadabra (un nombre que cambiaría después de que un abogado lo confundiera con cadáver), un infinito catálogo de títulos on-line de distintas editoriales ordenados alfabéticamente y de manera sencilla para que el cliente los encontrara sin problemas.

corn flakes

Cereales inventados para evitar caer en pecado. Estricto. Esa era la palabra que mejor definía al doctor John Harvey Kellogg. Férreo creyente, este médico estaba convencido de que gran parte de las enfermedades tenían su origen en el estómago. Nada de alcohol, cafeína ni tabaco y sobre el plato solo aceptaba vegetales. Y había más. Porque el señor Kellogg era opositor de cualquier tipo de actividad sexual. Sostenía que la masturbación podía causar hasta 39 enfermedades entre las que citaba el cáncer o trastornos mentales. Aquí es donde entra en juego el maíz. Este médico creía que los impulsos sexuales se podían disminuir consumiendo cereales y frutos secos. Y mientras su hermano Will y él experimentaban con el tema dieron con el proceso para producir copos de maíz. El otro Kellogg, Will, vio el filón comercial. Les añadió azúcar para hacerlos más apetecibles al público. Y conquistó los desayunos.

barbie

Un juguete para adultos. La exuberante Lilli Bild hacía las delicias de los hombres alemanes que cada día leían el tabloide Bild en busca de las aventuras de esta caricatura. Mientras las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial todavía se dejaban notar en el mundo, esta mujer fatal se convirtió en todo un éxito. Había que aprovechar el filón. En 1955 se lanzaba una muñeca Lilli que se convertía en el juguete favorito del público masculino. La firma se fue expandiendo y llegó a manos de Ruth Handler. Casada con uno de los jefes de Mattel y madre observadora, esta mujer se dio cuenta de que su hija Bárbara prefería jugar con muñecas de rasgos más adultos que con los típicos bebés que existían en la época. En 1959 suavizó los rasgos de la muñeca teutona y bautizó a su invento con el nombre de su hija. Nacía la muñeca más rentable de la historia.

levi’s

La fiebre del oro y la de los vaqueros. Hasta los oídos del alemán Levi Strauss llegaron rumores de lo que el metal dorado estaba moviendo en la costa oeste de Estados Unidos. Cogió las maletas, a la familia y se plantó en San Francisco para montar su propio negocio. Vendía a los obreros telas y botas para trabajar en las minas. Pero se dio cuenta que las prendas que utilizaban los que se dedicaban a la búsqueda del oro no soportaban el rigor de las largas y duras jornadas. En el camino de Strauss aparece el sastre judío Jacob Davis. La cabeza de ambos se pone a funcionar y patentan una ropa de trabajo reforzada con remaches de cobre, fabricada con lienzo marrón de algodón y tela vaquera azul. Strauss nunca imaginó que su tosca prenda para la mina coparía pasarelas. 

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Del pescado a los móviles. Byung-Chull creó en 1938 una empresa dedicada a la exportación comercial (con el pescado coreano seco como principal producto). Las ganancias las invertía en nuevas tecnologías. Compró sus propios molinos, para después adquirir máquinas de confección. Esta apuesta por la tecnología fue poco a poco comiéndose el negocio de la alimentación. Ya no compraban cacharros solo para mejorar sus procesos, sino para ofrecérselos a la gente. El lanzamiento en los 70 de los primeros televisores en blanco y negro fue el pistoletazo de todo lo que vendría después. Ordenadores, móviles, relojes inteligentes. Y todo de un simple pescado.

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