El PP engrasa su máquina electoral y ve posible reeditar los pactos con Vox y C´s

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo BAreño MADRID / LA VOZ

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El secretario general del PP, García Egea; el presidente, Pablo Casado; la vicesecretaria de comunicación, Marta González; y el vicesecretario de organización, Javier Maroto, en el comité ejecutivo nacional.
El secretario general del PP, García Egea; el presidente, Pablo Casado; la vicesecretaria de comunicación, Marta González; y el vicesecretario de organización, Javier Maroto, en el comité ejecutivo nacional. Ballesteros | EFE

Casado prepara una larga campaña para presentar un «contrato liberal e ideológico»

05 feb 2019 . Actualizado a las 08:20 h.

«Electoralizar desde ya al partido en todos sus ámbitos». Ese es el objetivo marcado por el comité ejecutivo del PP que ayer se reunió en Madrid para diseñar una estrategia que haga que el histórico acceso a la presidencia de Andalucía sea el punto de partida para la recuperación de todo el poder autonómico y municipal perdido en los últimos años. Aunque la campaña de los populares de cara a los comicios de mayo se centrará en apelar al voto útil al partido mayoritario en el espacio del centroderecha que se disputan ahora con Ciudadanos y Vox, la mayoría de los dirigentes regionales consideran posible reeditar en otras comunidades el pacto a tres logrado en Andalucía para desalojar al PSOE. Así lo aseguraron directamente ante los medios los líderes del PP en Extremadura, José Antonio Monago, y de Castilla-La Mancha, Francisco Núñez.

Tras la cita, celebrada con la notable ausencia del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, justificada por motivos de agenda, el vicesecretario de organización, Javier Maroto, anunció que él dirigirá la campaña en las autonómicas, municipales y europeas, a las que el PP concurrirá con un «contrato liberal e ideológico», en línea con el discurso del «rearme» de su reciente convención nacional. Pero, aunque lo ven improbable, los populares quieren tener engrasada la maquinaria electoral ante un posible adelanto de las generales. Su líder, Pablo Casado, tiene previstos 52 actos de campaña hasta mediados de abril en diferentes territorios. La dirección nacional trabajará «de forma inmediata» con todos los dirigentes regionales para incorporar sus propuestas específicas y ofrecer un programa atractivo para el conjunto de los ciudadanos. 

En busca de un discurso único

Aunque trata de evitar ese debate en público, a nadie en el partido se le oculta que la principal amenaza a sus aspiraciones de recuperación es el auge de la extrema derecha de Vox que, según los sondeos, se produce a costa de la fuga de antiguos votantes populares. «El PP va a hablar del PP», señaló Maroto, quien, no obstante, dejó claro que están dispuestos a confrontar directamente con el partido de Santiago Abascal. El sentir mayoritario es que será necesario pactar de nuevo a tres, aunque el entusiasmo ante esa idea de presentarse de antemano como potenciales aliados de Vox o asumir parte de su discurso recentralizador no sea compartido por destacados dirigentes, entre ellos Feijoo, el más poderoso de todos ellos.

Para tratar de reforzar la unidad interna, Casado almorzó con los barones que acudieron al cónclave para unificar criterios. El propio Maroto admitió antes que el cambio en Andalucía no habría sido posible si los populares hubieran mantenido la «misma posición irresponsable» de otros partidos que no estaban dispuestos a dialogar entre sí, en referencia a Ciudadanos y Vox. El objetivo es repetir la fórmula para ser «primera fuerza política» en diferentes territorios y buscar luego «alternativas para alcanzar mayorías sólidas de centroderecha».

Los populares no dan ningún crédito a la encuesta del CIS que les sitúa como cuarta fuerza, por detrás de Ciudadanos y Unidos Podemos. Y, aunque en Génova creen que se trata solo de un farol de los independentistas para seguir presionando en su favor al Gobierno socialista, creen, sin embargo, que la enmienda a la totalidad de ERC y PDECat a los Presupuestos presentados por el Gobierno demuestra la debilidad del PSOE de Pedro Sánchez, que está «atado de pies y manos a aquellos que odian España».