VIGO / LA VOZ

Al árbol genealógico del narcotráfico en Galicia le brotan ramas con cada nuevo acusado o alijo apresado. El oscuro linaje cumple 35 años aportando capataces y peones al negocio. Son los hijos y nietos de la operación Nécora. Los mismos que, junto a fundadores del negocio, siguen alimentando el estigma de las Rías Baixas. «El nivel de uno mismo lo elige cada uno: bajo, para mover gramos; medio, con paquetes de kilo; y alto, ya sea organizando descargas o alijos. Depende siempre de lo que te guste el dinero», detalla un mando policial. Galicia, desde el 2017, encadena 24 toneladas requisadas. Un indicativo del bum actual en los cinco continentes. «No puede hablarse de generaciones estancas, están mezcladas, se conocen del negocio, de la cárcel... trabajan juntos, se mezclan con extranjeros». El Ministerio del Interior ubica 25 organizaciones activas a orillas del Atlántico e Interpol cifra en más de 400 los gallegos implicados. No todos se llaman Miñanco, pero sí aspiran a la posición y el dinero que el gran jefe manejó antaño. Los más jóvenes, los que anhelan fortuna y ocupar el trono, tienen nombres y apellidos. Mientras, los más importantes se mueven en la sombra. Todos, en definitiva, son cachorros de la fariña.

VÍCTOR MANUEL Lemiña

«El barón de la droga en Marruecos». Uno de los últimos aventajados peces gordos en caer. Ocurrió en septiembre, concretamente en Perú. Interpol, atendiendo a una orden del Tribunal de Primera Instancia de Tánger, lo arrestó acusado de organizar en el 2016 un alijo de 2,5 toneladas de coca usando la costa marroquí. Trabajaría con magrebíes, españoles y proveedores en Colombia y Venezuela. El perfecto ejemplo de narco (ya apuntaba maneras al caer en el 2005 en la operación Gaviota) con pretensiones que salió de su Vilaxoán natal, en Arousa, para trepar a lo más alto. Y todo con 36 años de edad. Su detención, en Lima, fue sonada. La prensa nacional lo bautizó como el «barón de la droga en Marruecos», e Interpol lo retrató como un bróker internacional de este gran negocio globalizado. Le otorgan el poderoso rol de mover toneladas en España, Holanda, Italia o EE.UU. Incluso lo ubicaban asentándose en Lima para ampliar mercado ayudándose de colegas, en México, con los que ya habría trabajado. Ahora espera la sentencia que le impondrá Marruecos por las 2,5 toneladas de coca, y que tendrá que cumplir en alguna cárcel del país. Lo último que se supo de Lemiña es que seguía esperando la extradición al norte de África en una prisión peruana.

Juan Carlos Santórum

Dos años por cumplir. Fue precoz y con pretensiones. Nació en 1980, en Vilanova, y su bautismo judicial llegó, en el 2004, en la Audiencia Nacional por un alijo de 5,5 toneladas de hachís junto a Manuel Charlín Pomares, entre otros. La anulación, como prueba, de las escuchas telefónicas devolvió a Santórum, y a otros 13 acusados, a la calle. Ya en el 2014 protagonizó una huida por el Atlántico que acabó en Madeira con una planeadora de grandes dimensiones. Todo, según parece, por un alijo de 3,6 toneladas de coca que cruzaba el Atlántico. Entonces, según investigaciones, bajo el ala de Patoco, otra ballena blanca del negocio que fallecido en accidente de moto. Pero la gran aportación de Santórum a la historia del narcotráfico, sin haber sido condenado nunca por ello, aún estaba por llegar y retrató el verdadero alcance de la mafia gallega. Santórum sobornó a dos agentes de la Guardia Civil especializados en crimen organizado para comprar información confidencial. Según sentencia, fue contratado por otros peces gordos, verdaderos destinatarios de los chivatazos y responsables de frustrar, al menos, cuatro operaciones antidroga. La Audiencia Provincial condenó a Santórum, en marzo del 2018, a dos años de cárcel que, según parece, aún no empezó a cumplir.

BRAULIO VÁZQUEZ

Último detenido. Casi, casi de la quinta de Naranjito. Nació en 1981, también Vilanova, y supone otro caso de precocidad pasmosa. Este talentoso lanchero mantuvo relación profesional con Santórum, incluso compartió con él aquella huida a Madeira del 2014. Su caída, a mediados de enero, fue sonada más por el calado del arrestado que por el grupo desmantelado (acusado de transportar kilos de coca en coches con zulos a Cataluña). Un mirlo blanco que, todo indica, acabará condenado. Desde entonces está en prisión provisional acusado de tráfico de drogas y de pertenencia a grupo criminal. También se le atribuye capacidad para trabajos de mayor calado.

Hermanos García santos

Fugados. Juan Miguel y José Luis García Santos pertenecen al llamado clan de Los Paragüeros, son de Vilanova y están huidos. Nombres propios que suman años sentándose en el banquillo de los acusados. José Miguel se bautizó en 1998, con 25 años de edad, al ser interceptado cerca de Valença do Miño con un kilo de coca en compañía de otra persona, armada con una pistola, que logró huir. Desde entonces, su nombre figura en al menos otras tres investigaciones con sendas remesas de coca. La última, en enero, implicó la incautación de 430 kilos en Ourense. La droga llegó por Oporto en fruta. Los principales acusados son el dueño de la empresa frutera, un colombiano que representaría a los proveedores y el encargado de la descarga y el transporte. La investigación otorga ese rol a Juan Miguel, a su vez cuñado de Lorenzo Toledano, un narco de segunda generación condenado en el 2018 por la Audiencia Nacional (ya cumple condena), junto a Javier Fernández Pomares (Peque), a 10 y 14 años, respectivamente. Ambos, aunque veteranos en el negocio, también empezaron pasada la veintena. Otro nombre propio, igual de precoz y en prisión, es David Pérez Lago, hijo de la esposa fallecida de Laureano Oubiña, Esther Lego. Nació en 1977 y se estrenó con 22 años. El porte eran 12,5 toneladas de hachís, poco después pasó a dirigir su propia organización hasta caer una en el 2006 con casi dos toneladas de coca. Ya en el 2015 fue condenado, tras alcanzar un acuerdo con la Fiscalía, a tres años de cárcel por blanqueo de capitales. La pena implicó el embargo de dos viviendas suntuosas. Hace un año volvió a prisión al caer en la operación Mito. Fue detenido junto a Sito Miñanco cómo persona de su círculo más cercano. Lo apodaban Niño.

Francisco Javier Pérez

Conexión Barbanza. Al otro lado de O Salnés, en Arousa norte, este vecino de Ribeira (1978) también empezó de mozalbete. En el 2016 acumulaba ocho arrestos por tráfico de droga. Incluso fue condenado en firme. Ya cumpliendo la condicional fue el principal acusado de idear el envío de más de una tonelada de coca (operación Globos). En el 2018 ya cayó junto a Sito Miñanco en la Mito. Sería el encargado de recoger los fardos en alta mar a la altura de la costa de Barbanza. Esquivó la detención y logró fugarse a Colombia, allí fue detenido meses después. Ahora, ya en España, espera entre rejas dos sentencias. Mario Otero, también de Barbanza y en prisión provisional desde agosto por un alijo de 2,7 toneladas de coca, es otro mirlo blanco del que se habló años en la comarca. Pero no fue hasta el 2018 cuando se pasó de las palabras a los hechos. Afincado en Boiro, pero natural de Vilagarcía (1960), su bautismo fue a lo grande. Junto a los Charlín y José Andrés Bóveda Ozores, alias Charly. Otero es el único de todos que sigue entre rejas a la espera de juicio.

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Los últimos cachorros del narcotráfico