Sánchez arranca desde la Moncloa la campaña para las elecciones del 28 de abril

Convirtió el anuncio de la convocatoria adelantada de los comicios en un acto de campaña en el que arremetió con especial dureza contra los partidos de la derecha

Sánchez arranca desde la Moncloa la campaña para las elecciones del 28 de abril Convirtió el anuncio de la convocatoria adelantada de los comicios en un acto de campaña en el que arremetió con especial dureza contra los partidos de la derecha

Madrid / La Voz

La incógnita ha quedado despejada y finalmente España votará el domingo 28 de abril. Así lo ha comunicado el presidente del Gobierno este viernes en una comparecencia en la Moncloa presentada como una declaración institucional pero que se acabó asemejando más al primer acto de campaña. Tanto que incluso no dudó en pedir el voto desde el mismo edificio del Gobierno. «De manera humilde, pedir la confianza de los españoles», dijo tras desvelar la fecha de las próximas elecciones generales.

Pedro Sánchez manifestó que ya había comunicado al rey Felipe VI su decisión de disolver las Cortes el 5 de marzo. La campaña no comenzará de forma oficial hasta el próximo 12 de abril, por lo que la primera mitad de la misma coincidirá en plena Semana Santa, pero la realidad es que la carrera electoral arrancó hace ya unos días, cuando el Gobierno dio por perdida la votación de los Presupuestos y decidió dedicar el debate a fijar su postura política, intentando alejarse de los secesionistas y para azotar a la oposición. Exactamente lo mismo que hizo el candidato Pedro Sánchez durante su comparecencia de este viernes.

«La Justicia hace su trabajo y la política va por el suyo», comentó respecto al desafío secesionista, tratando de hacer ver que jamás se había plegado ante las presiones procedentes desde Cataluña. «Dentro de la Constitución, todo; fuera, nada», proclamó el jefe del Ejecutivo. Pero al margen de esta crítica en la que deslizó que las pretensiones secesionistas fueron inasumibles para el Gobierno, Sánchez apenas cargó contra los independentistas, cuyo voto en contra de los Presupuestos desencadenó el nuevo escenario en el que entra la política española. En cambio, sí fue especialmente duro con el PP, Ciudadanos y Vox.

«Crispación» y «deslealtad»

«La derecha, con sus tres partidos, defienden un tipo de España en la que solo caben ellos. Nosotros defendemos una España inclusiva, un país en el que caben todos. Es la diferencia entre la foto de Colón y este Gobierno», criticó a la oposición, a la que acusó de agitar «la crispación» en la calle, así como de mantener una actitud «desleal» con el Estado y de haber utilizado las instituciones movida exclusivamente por «intereses partidarios», dijo el presidente del Gobierno en la misma comparecencia en la que pidió el voto para el PSOE desde la Moncloa.

 

Los dardos de Sánchez apuntaron contra Pablo Casado, pero también volaron contra Albert Rivera, líder de una formación a la que pretende arañarle una importante cantidad de papeletas desde el centroizquierda. Una de las armas que empleará para atraer al electorado naranja será insistir en presentar a su máximo dirigente como un aliado de la ultraderecha. Sánchez no desaprovechó su oportunidad y subrayó las diferencias entre su Gobierno y «la foto de Colón», buscando las cosquillas de un Rivera que no oculta la incomodidad que le genera coincidir con Abascal sobre el mismo escenario.

Junto a estos ataques, otro de los motivos que invitaron a pensar que Sánchez había confundido la sala de prensa de la Moncloa con la de Ferraz fue que dedicó gran parte de su discurso a repasar todas las conquistas que había logrado a lo largo de estos «casi nueve meses», en los que destacó los progresos en materia social al tiempo que agitaba con fuerza la bandera feminista. Todo esto lo hiló con un mensaje a los españoles. «Ellas y ellos deberán decidir si damos pasos hacia atrás o no», proclamó.

Sánchez convocó a su gabinete en un consejo extraordinario en el que desveló a sus ministros la fecha de las elecciones. A la conclusión se celebró la habitual reunión de todos los viernes, en la que se impulsaron una batería de medidas con claros tintes electoralistas que reforzaron el discurso mitinero de Sánchez, como el acuerdo para exhumar los restos de Franco, o la ley Celáa, con la que se pretende derogar la Lomce, pero que ni siquiera podrá ser tramitada en el Congreso por falta de tiempo debido a la convocatoria electoral.

Un adelanto electoral forzado por un error estratégico de Pedro Sánchez

Gonzalo Bareño
Imagen de los ministros tomada por Meritxell Batet mientras observaban la comparecencia de Pedro Sánchez
Imagen de los ministros tomada por Meritxell Batet mientras observaban la comparecencia de Pedro Sánchez

El líder socialista se equivocó al presentar las cuentas públicas, pero ahora aprovecha la foto de las tres derechas y la crisis de Podemos

El intento de Pedro Sánchez de agotar la legislatura con una estrategia basada en situar el diálogo como la solución al problema de Cataluña frente un Gobierno del PP al que acusaba de ser el culpable de la cerrazón y el desafío independentista ha fracasado. El líder del PSOE se ha visto obligado a admitir que la mayoría que forjó en contra de Rajoy no implicaba que contara una mayoría estable en el Parlamento.

¿Qué ha llevado a Sánchez a tener que convocar elecciones?

En un Gobierno en el que prácticamente todas las decisiones se han basado en un cálculo estratégico, la disolución de las Cortes y la consiguiente convocatoria de elecciones ha estado motivada precisamente por un error de estrategia. La voluntad clara de Sánchez era agotar la legislatura. Consciente de que una derrota parlamentaria en los Presupuestos le impediría conseguir ese objetivo, en octubre del 2018, cuando veía imposible lograr una mayoría para aprobar las cuentas públicas, afirmó, literalmente, que no iba a «a marear a los españoles» presentado unos Presupuestos para que no fueran aprobados y se mostró dispuesto a continuar con los de Rajoy gobernando a golpe de decreto. Pero, tras el vuelco en Andalucía, abrió las negociaciones con los independentistas y se convenció de que podría aprobarlos por el miedo de estos a un Gobierno de la derecha. Eso le llevó a presentar unos Presupuestos que han acabado siendo su tumba política tras la derrota en el Parlamento. De no haberlos presentado, seguiría gobernando.

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