Dos tarifas para el crimen de Llanes: 11.000 euros vivo, 25.000 euros muerto

J. C. Gea LA VOZ / OVIEDO

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Los sicarios tenían dos precios según el resultado de su ataque a Ardines

23 feb 2019 . Actualizado a las 21:10 h.

No fue asfixia, sino varios golpes en la cabeza propinados con un bate y el mango de madera, una herramienta. Y hubo una doble tarifa acordada: 11.000 euros para sus verdugos si Javier Ardines quedaba con vida y 25.000 si, como por desgracia sucedió, resultaba muerto en el ataque. Escalofrían los datos que, a partir del sumario, van trascendiendo acerca de lo que sucedió antes, durante y después de la muerte del concejal llanisco: un siniestro retablillo criminal casi de cantar de ciego en el que sorprende tanto esa forma de tasar en euros la suerte final de la víctima como la mezcla de premeditación, chapuza y bajeza de quienes presuntamente urdieron el crimen.

De una parte, y como origen de toda la trama, Pedro Nieva, el celoso amigo que se sintió traicionado y que decidió tomar venganza contratando a dos mercenarios que se ocupasen de llevarla a término por él mientras seguía compartiendo los días de verano con su víctima como si tal cosa. De otra, Jesús M. B., un conocido que puso el encargo en manos de quienes serían sus ejecutores. Y finalmente, Djeleli B. y otro ciudadano argelino, dos pequeños traficantes afincados en Vizcaya con antecedentes en absoluto menores que aceptaron el trabajo. El acuerdo incluía 10.000 euros para el mediador y dos tarifas para los sicarios. La prima por acabar con la vida de Ardines era jugosa: más del doble, a repartir. Nieva no era un ciudadano ejemplar entrando y saliendo de la sombra de los ambientes delictivos. Una detención reciente por realizar instalaciones clandestinas para una plantación de marihuana a gran escala aporta indicios sobre la buena marcha de su economía a pesar de la mala marcha de su empresa. Y otra denuncia del pasado año por presunta agresión a un excuñado pone aún más sombras en el retrato. 

Una valla no bastó

Los ejecutores recibieron la información de campo de primera mano ofrecida por Pedro sobre las rutinas de Ardines. Fueron y vinieron varias veces por la autovía del Cantábrico para planificar la emboscada y finalmente decidieron tenderla una madrugada de principios de agosto, cuando el concejal y pescador salía hacia Llanes para faenar. No resultó como esperaban. Una valla no fue suficiente para interrumpir la marcha del coche en el primer intento. La segunda vez se aseguraron de acarrear tres. Ardines se detuvo, le asaltaron, le rociaron de gas pimienta, le golpearon una primera vez y, después de interrumpir a golpes su huida, remataron el encargo.