La cadena deportiva fue criticada en Francia por «someterse al islamismo» y «negar los valores de la civilización occidental» y ha cedido a la presión
27 feb 2019 . Actualizado a las 12:36 h.No habrá hiyab de Decathlon en Europa. La cadena de material deportivo anunció el martes por la mañana la comercialización de esta prenda, especialmente diseñada para deportistas musulmanas, y esa misma noche renunció a la iniciativa a raíz de la controversia desatada. En la mañana del martes, el director de comunicación de la empresa, Xavier Rivoire, había anunciado que el hiyab diseñado para atletas sería comercializado ya en las próximas semanas. Se trataría, dijo, de un «accesorio inicialmente desarrollado y comercializado en Marruecos, a pedido de adeptas locales de la marcha a pie», estará «disponible en Francia y en todo el mundo en las tiendas» Decathlon que lo pidan. «Asumimos completamente la decisión de hacer que el deporte sea accesible para todas las mujeres del mundo», señaló Rivoire, sobre esta prenda que cubre el cabello y el cuello, pero deja el rostro descubierto, indica Afp.
Sin embargo, la noticia desató de inmediato una espectacular controversia en Francia, y Decathlon decidió dar un paso atrás y renunciar a la comercialización de la prenda. «En la tarde de este martes hemos tomado la decisión, con toda responsabilidad, de no comercializar ahora este producto en Francia», anunció el mismo Rivoire en declaraciones a la radio RTL.
Para Aurore Bergé, portavoz del partido conservador Los Republicanos, «el deporte emancipa, no somete». «Mi decisión como mujer y ciudadana será no confiar más en una marca que rompe con nuestros valores. Los que toleran a las mujeres en el espacio público únicamente cuando se esconden no son quienes aman la libertad», señaló.
La cadena francesa ofrece ese hiyab en Marruecos desde hace semanas y ni siquiera es la primera en incurrir en este terreno: en el 2017, Nike lanzó el Pro Hiyab, diseñado en colaboración con la patinadora Zahra Lari y la levantadora de peso Amna Al Haddad. «Es un producto destinado a la práctica deportiva, con tejido transpirable y reflectante. Decathlon ha decidido que esté disponible para que las mujeres, sea cual sea su origen, lo puedan usar si así lo desean», afirmó a Efe el responsable de Comunicación Externa de la firma, Xavier Rivoire antes de la retirada del proyecto. La empresa, que aseguraba mantenerse fiel a su filosofía de «hacer el deporte accesible», se manifestaba tranquila frente a la polémica suscitada, «muy segura» de su decisión.
El hiyab para runners, que iba a salir con la marca Kalenji, no pareció buena idea ni a asociaciones ni a políticos que, entre otras cosas, consideran que con su venta la marca se «somete al islamismo» y «niega los valores de nuestra civilización». L a ministra gala de Sanidad, Agnès Buzyn, recordó en la emisora RTL que aunque el velo islámico está permitido por la ley, representa «una visión de la mujer» que dijo no compartir, y apuntó que, personalmente, no defiende «que se favorezca la diferenciación entre hombres y mujeres». Más críticos se mostraron otros como la portavoz del partido conservador Los Republicanos Lydia Guirous, para quien bajo una supuesta «apertura a la diversidad», este lanzamiento «constituye una nueva señal de la sumisión al modo de vida islamista, que cree que solo se tolera a las mujeres con la cabeza cubierta».
La ultraderechista Agrupación Nacional de Marine Le Pen ha cargado contra el «desarrollo exponencial de las reivindicaciones y la dimensión identitaria de una religión» que, a su juicio, pretende imponer al conjunto de la sociedad sus propias normas y reglas. «Tengo dos hijas y no me apetece que vivan en un país donde el lugar de las mujeres en la sociedad retrocede como en Arabia Saudí. Llamo al boicot de la marca», añadió el soberanista Nicolas Dupont-Aignan.
La polémica sobre este tipo de prendas en Francia no es nueva. El veto al burkini (bañador que cubre el cuerpo entero) se extendió en playas del país en el verano del 2016 y la Justicia intervino para determinar que su prohibición solo podía justificarse si había una amenaza confirmada contra el orden público.
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