Un iceberg del tamaño de Nueva York, a punto de desprenderse

Al ritmo actual de calentamiento, la Antártida podría desestabilizarse y aumentar el nivel del mar a registros de hace tres millones de años

Un iceberg flota en un fiordo cerca de la ciudad de Tasiilaq, Groenlandia
Un iceberg flota en un fiordo cerca de la ciudad de Tasiilaq, Groenlandia

Un iceberg dos veces más grande que Nueva York está a punto de separarse de la Antártida. «Son partes del casquete del hielo que ya están en contacto con el mar y al estar produciéndose un calentamiento del océano se van desprendiendo. En realidad, ha ocurrido desde siempre pero con el incremento actual de la temperatura aumenta la frecuencia de este tipo de eventos», asegura Carlota Escutia, investigadora científica del CSIC que acaba de publicar un artículo sobre los efectos del cambio climático en la Antártida. «La novedad de la investigación es que demuestra que el calentamiento oceánico tiene más importancia que el de la atmósfera para la estabilidad de las plataformas de hielo antárticas», añade.

Cuando ese gigante de hielo se separe definitivamente y se derrita, no elevará el nivel del mar ya que el volumen que ocupará el hielo será el mismo en estado líquido y sólido. Según el principio de Arquímedes solo el hielo que se encuentra sobre la superficie terrestre afecta al nivel del mar. Eso sí, el enorme iceberg tomará una trayectoria impredecible y será un contratiempo para la navegación marítima. Aunque el verdadero problema tampoco es este. «Cuando estos bloques de hielo están enganchados al casquete, actúan como muro de contención del mismo. Pero cuando se desprenden, ese freno desaparece. Digamos que sirven para soportar toda la estructura», asegura Carlota.

Por ello, cada vez que un gran iceberg se desprende, la plataforma se desestabiliza un poco más y el hielo continental puede acabar en el océano. Y es aquí cuando el nivel del mar aumenta. «Nosotros estudiamos sedimentos marinos, que son como una especie de máquina del tiempo que nos permiten viajar hacia atrás y estudiar los efectos de cuando había unas condiciones parecidas a las de hoy», comenta. Para poder localizar un momento en el que la atmósfera tuviese la misma concentración de dióxido de carbono, los investigadores tuvieron que remontarse tres millones de años. «La temperatura del océano era cuatro grados superior a la actual con las mismas cantidad de co2 y el nivel del mar varios por encima del nivel actual», confiesa.

Del pasado los científicos han aprendido que hay puntos de inflexión y que vamos camino de cruzarlo uno de ellos. «Si se superan los dos grados establecidos en el Acuerdo de París, los casquetes que de momento están aguantando el tipo se van a fundir y esto podría elevar el nivel del mar más de un metro, que es una cifra muy alta ya que la mayoría de la población mundial vive cerca de la costa y las infraestructuras que tenemos no están diseñadas para una situación así», advierte.

 

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xavier fonseca

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La comunidad científica ha descubierto en las aguas del Atlántico la piedra Rosetta del clima, un sedimento marino que permite remontar en el tiempo y estudiar las condiciones de antaño. Desde hace miles de años la vegetación, a través de los vientos, ha estado depositando grandes cantidades de polen sobre el Tajo. El río suministraba después ese polen al océano, que ha ido acumulándose en el fondo a lo largo de eones. «A partir de estos sedimentos tan valiosos ha sido posible saber, por ejemplo, que en momentos puntuales del pasado las aguas llegaban desde la Antártida hasta la Península», asegura Belén Martrat, investigadora Ramón y Cajal del CSIC.

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